Si Algo Me Llega A Pasar (La Historia de Georgia nº 1) 32. Georgia
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32. Georgia

Las lágrimas me nublan la vista. No sé si es tristeza, alivio o todo junto.

Trago contra el dolor de garganta y me obligo a repetir la pregunta.

—¿Dónde está?

Valentina y Krystin intercambian una mirada. Dura apenas un instante, pero veo la duda en la mirada de las dos.

—Está con Tom —responde Valentina por fin.

Me la quedo mirando, tratando de entender qué es lo que eso significa.

—¿Por qué está con Tom?

Krystin baja la mirada y empieza a alisar el borde de la manta con los dedos.

—Encontramos las hojas de tu diario —dice en voz baja—. Las leímos.

Claro que las encontraron. Conozco a mi hermana y a mi mejor amiga lo suficiente como para saber que iban a revisar todo lo que tengo hasta descubrir la verdad, y por eso les dejé el mensaje.

Aun así, saber que leyeron cada pensamiento que me daba demasiada vergüenza compartir me hace sentir dolorosamente expuesta.

—Perdóname —susurra Krystin—. Perdóname por no haber estado ahí, por dejar que pasaras por todo eso sola.

El monitor sigue pitando a mi lado mientras las lágrimas me corren hacia las orejas. No me las puedo secar sin soltar la mano de Krystin, y ahora mismo necesito aferrarme a ella más de lo que necesito esconder que estoy llorando.

—Quiero que él esté bien.

Las palabras se me escapan antes de que pueda frenarlas, y llevan una verdad que preferiría no tener que admitir. Después de todo lo que Warren me hizo, todavía lo amo y me aterra lo que le pueda llegar a pasar.

Valentina me toma la otra mano con suavidad.

—Tom lo llevó a la comisaría —me dice—. Warren le contó lo que pasó, y Tom lo convenció a que se entregara.

Se me aprieta el pecho.

—¿Lo admitió?

—Le dijo a Tom lo que te hizo, y que te dejó dentro de la camioneta.

Cierro los ojos y se me escapa otra lágrima. No sé si su confesión mejora algo o si solo hace que lo que pasó sea imposible de negar.

—No sé cómo sentirme con todo esto.

—No tienes que saberlo ahora —dice Valentina con firmeza—. Y lo que le pase a Warren no es tu responsabilidad.

—Pero necesita ayuda.

—Sí, la necesita —responde—. Warren necesita ayuda profesional, pero también tiene que hacerse cargo de lo que te hizo. Tiene amigos y familia que pueden ayudarlo. No puedes ser tú la que lo salve.

Se le suaviza la voz mientras me acaricia la mano con el pulgar.

—Ahora tienes que cuidarte a ti misma.

Quiero decirle que Warren ya perdió demasiado y que dejarlo solo va a empeorar todo. Pero las palabras no logran pasar por el dolor de garganta.

—No va a estar solo —dice Krystin, como si pudiera ver la discusión que se me está armando por dentro—. Tom está con él. Pase lo que pase, va a haber gente que lo pueda ayudar.

Se inclina hacia mí, con cuidado de no tocar el cuello ortopédico.

—Pero ya no puedes ser tú, Georgia.

Se me escapa un sollozo bajito, porque sé que tiene razón. Amar a Warren se convirtió en otra forma de perderme a mí misma, y ya no me queda nada para darle.

Krystin me aprieta la mano con más fuerza.

—Va a recibir la ayuda que necesita —me dice—. Y tú también vas a estar bien. Te lo prometo.

Todavía me cuesta creerle.

Pero quiero intentarlo.