34. Un año después
Querida Georgia:
Empecé esta carta más veces de las que puedo contar. Todas las versiones me sonaban mal, porque nada de lo que escriba puede deshacer lo que te hice.
No sé si alguna vez la vas a leer. No te pido que me contestes, y sé que no tengo derecho a pedirte nada. Solo necesito decir lo que debería haber tenido el valor de admitir hace mucho tiempo.
Perdón.
Sé que esa palabra es casi insignificante al lado del dolor que te causé. No puede borrar el miedo que vi en tus ojos ni devolverte las partes de ti que perdiste tratando de mantenerme entero.
Me acuerdo de cómo me mirabas antes de que todo se volviera feo. Confiabas en mí. Creías que te iba a proteger, y me convertí en la persona de la que necesitabas protección.
Eso es algo que voy a cargar por el resto de mi vida.
Hay noches en que no puedo dormir y me acuerdo de cada excusa que puse. Le eché la culpa a las drogas, al alcohol, a la pelea por la custodia, a mi enfermedad y a cada cosa terrible que me había pasado. El tratamiento me ha obligado a entender que nada de eso justifica lo que hice.
Tomé decisiones que te lastimaron. Te asusté, te controlé y te hice dudar de ti misma hasta que creíste que mi enojo era culpa tuya. Vi cómo te achicabas para mantenerme tranquilo, y en lugar de parar, me aproveché de cuánto me amabas.
Odio saber que te hice eso.
Odio saber que ahora, cuando pienses en mí, a lo mejor te acuerdes del hombre de esa camioneta y no del que te abrazaba en California, convencido de que había encontrado a la persona que quería amar por el resto de su vida.
Lastimosamente, ese hombre y el de California siempre fueron la misma persona. No puedo quedarme con uno sin hacerme cargo del otro.
Me diste tu corazón, Georgia. Me diste tu confianza, tu bondad y todas las oportunidades que nunca merecí. Y yo te lo pagué haciéndote responsable de mis estados de ánimo, de mi alcoholismo y de todas las partes rotas de mí que me negaba a enfrentar.
Te extraño. Extraño tu risa, cómo llenabas cualquier silencio y cómo me amaste con tu alma entera. Hay momentos en que extrañarte se vuelve insoportable, pero ese dolor es mío. Nunca te voy a pedir que lo cargues tú.
También pienso en el amor que le diste a Wyatt. Lo viste, lo escuchaste y lo hiciste sentir importante. Te recuerda con cariño. Ojalá nunca creas que dejarme significó abandonarlo a él. Hiciste lo que tenías que hacer para sobrevivir, y ni Wyatt ni yo tenemos derecho a pedirte nada más.
Te amé. Todavía te amo, pero por fin entiendo que el amor no borra el daño. No me da derecho a seguir en tu vida después de lo que te hice.
Sigo en tratamiento. Estoy sobrio, tomo mi medicación y todos los días trato de convertirme en alguien de quien Wyatt pueda estar orgulloso de llamar papá.
Algunos días veo avances. Otros, vivir con lo que hice se vuelve insoportable.
Esos días, me recuerdo que el arrepentimiento no sirve de nada si no sigo haciéndome cargo y trabajando en mí mismo.
Aquellos días, me acuerdo de que mejorar ya no se trata de recuperarme. Se trata de hacerme responsable de lo que hice y de asegurarme de no volver a lastimar a nadie como te lastimé a ti.
Tom aceptó darte esta carta solo si decides que la quieres leer. Si no, lo entiendo. No te voy a mandar otra.
No te voy a buscar. No le voy a preguntar a nadie dónde estás, ni voy a usar a Wyatt, a Tom ni a nadie más para volver a tu vida. Te mereces vivir sin preguntarte si voy a aparecer para quitarte la paz otra vez.
Espero que encuentres todo lo que te hice creer que no merecías. Espero que te rías a carcajadas y que construyas una vida que sea completamente tuya.
Pero, sobre todo, espero que algún día acordarte de mí ya no te duela.
Lo que decidas guardar de lo que vivimos es solo tuyo, pero por favor recuerda, nunca fuiste difícil de amar Georgia.
Yo estaba roto, y eso nunca me dio derecho a romperte a ti también.
Tú cargaste con todo lo que yo no tuve el valor de mirar de frente, y eso, es algo que no me voy a perdonar nunca.
Lo siento, Georgia.
Por todo lo que fui, y por todo lo que no supe ser.
Con amor,Warren