Si Algo Me Llega A Pasar (La Historia de Georgia nº 1) 18. Warren
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18. Warren

Georgia está sentada a mi lado sin decir una palabra.

Ya le conté todo. Le admití por qué desaparecí, cuántas veces pensé en ella y que volver a verla fue una de las razones por las que acepté regresar a Houston.

Ahora lo único que me queda es esperar.

Ella mantiene la expresión a la defensiva mientras procesa todo lo que le dije. No se fue, pero tampoco se acercó a mí.

El silencio se estira entre los dos, cargado de cuatro años de mensajes sin respuesta, momentos perdidos y cada arrepentimiento que cargué desde el día en que la vi desaparecer detrás del control de seguridad del aeropuerto.

Le busco la respuesta en los ojos.

Veo duda en ellos, y también un dolor que sé que le causé yo. Pero debajo de la duda veo algo más suave, algo que me hace creer que a lo mejor todavía siente lo mismo que yo.

Debería dejarla hablar y darle todo el tiempo que necesite para decidir si quiere algo de mí, pero la mirada se me va a sus labios, y lo único en lo que puedo pensar es en besarla.

Me levanto, rodeo la mesa y me siento en el lugar libre a su lado. Me sigue con la mirada, pero no se aparta.

Estar tan cerca de ella hace que la distancia entre los dos sea imposible de soportar. Me inclino despacio y me detengo cuando solo nos separa un suspiro, dejándole el espacio para decidir qué pasa después.

Baja la mirada a mi boca, y después es ella la que acorta el último centímetro.

El primer roce de sus labios es suave, casi como una pregunta. Me quedo quieto, con miedo de que si me muevo demasiado rápido se rompa lo que sea que está pasando entre nosotros. Entonces se aferra a mi camiseta, me atrae hacia ella y vuelve a besarme.

Esta vez, ninguno de los dos se contiene.

Deslizo una mano entre su pelo y le sostengo la nuca, profundizando el beso mientras cuatro años de anhelo contenido por fin se liberan. Cuando se inclina hacia mí, el alivio afloja la presión que tengo en el pecho desde el día en que se fue.

Su beso no borra el pasado, pero me permito creer que es una respuesta. No un perdón, todavía no, pero sí la oportunidad de empezar de nuevo.

Por primera vez en cuatro años, puedo respirar. La abrazo más fuerte aún, aferrándome a ella y a la segunda oportunidad que nunca creí que iba a tener.

La dejé ir una vez. No pienso volver a hacerlo.