AUDREY #3
—¿No sería más útil si ayudo?
Sonrió. —No te preocupes, me serás útil. Pero necesito tu cerebro, no tus manos... al menos de momento.
Tranquilizada, me senté junto al mostrador y lo observé moverse por la cocina con soltura, claramente familiarizado con la distribución.
—Viví aquí cosa de un mes después de que Mari y Farmer se liaran —explicó, respondiendo a la pregunta que no había llegado a hacer.
Apoyé los codos en el mostrador y descansé la barbilla en las manos. —¿Qué estás haciendo?
—Un pastel.
—¿Para Mari?
Asintió. —Se merece una celebración.
Una sensación cálida y resplandeciente me recorrió la espalda. —Qué detalle.
—Eso es amor.
Arrugué la nariz. —No estás de acuerdo con mi postura sobre las relaciones.
—Para nada —dijo alegremente, sin asomo de hostilidad—. Pero creo que lo entiendo.
Lo observé moverse un momento más, extrañamente hipnotizada por sus movimientos seguros y deliberados. Sus bíceps se flexionaban, destacando su impresionante musculatura.
Sin pretenderlo, empecé a clasificarlo en mi lista de «bíceps atractivos de hombres que conozco».
Tiene mejor definición que Runner y más volumen que Pope. Pero no tiene tatuajes como Butcher ni cruza los brazos tan a menudo como Ghost. En comparación con Texas, lo pondría en un sólido...
—Háblame de tu red.
Parpadeé, sacada de mis pensamientos por su pregunta inesperada.
—¿Qué quieres saber?
—¿Funciona?
Resoplé.
—Por supuesto que funciona.
—¿Cómo?
—De la misma manera que funcionaban los móviles en el Antes.
Dejó de medir la harina.
—Pero el gobierno bloqueó las señales. Lo destruyeron todo. Ni siquiera los malditos walkie-talkies funcionan a más de un kilómetro. Tuvimos código Morse durante un tiempo, pero incluso eso lo anularon.
Me encogí de hombros.
—Claro, nada de eso funciona ahora. Pero no lo necesito. A-Frequency es otra historia.
Vi cómo se le curvaban los labios, sorprendida una vez más por la facilidad con que sonreía.
—¿A-Frequency?
—Mi red, mi nombre.
Se rio entre dientes mientras echaba la harina en un bol y cogía los huevos.
—Me gusta. Así que, básicamente, evitaste las frecuencias conocidas, ¿no?
—Si quieres simplificar lo que hice, entonces sí.
Me incliné hacia delante y lo observé romper los huevos con destreza, sin dejar caer ni una cáscara en la mezcla.
¿Cómo hace eso?
Bien podría decirse que las artes culinarias no eran mi fuerte. La gente decía que era como la ciencia: todo medidas y precisión. Bueno, yo nunca había tenido que comerme mis experimentos científicos.
—¿Por qué preguntas? —dije, volviendo a la realidad.
—Necesitamos ojos y oídos. Los cabrones están en movimiento, la gente se está desesperando. El peligro viral puede haber pasado, pero el verdadero problema es lo que viene después.
Cogió un batidor, lo metió en la mezcla pegajosa y empezó a batir con energía.
—No te equivoques, Audrey. Esto se va a poner muchísimo peor antes de mejorar.
Se me erizó el vello de la nuca mientras mi mente empezaba a generar millones de escenarios. Teniendo en cuenta los recursos actuales, el armamento disponible y mis mejores estimaciones sobre las fuentes de alimentos, tres escenarios destacaban.
—Crees que vamos a tener guerras.
Asintió con gravedad.
—Llevo semanas viajando. Hay bloqueos por todas partes. Pueblos tomados por tiranos. Milicias peinando zonas en busca de mujeres, luchando por comida, pisoteando a cualquiera que se interponga en su camino. Los que buscan paz no la van a encontrar.
Me estremecí.
—¿Por qué me necesitas?
—Runner dice que tu cerebro es como un ordenador.
Dejó de batir para levantar el batidor y comprobar la consistencia de la masa.
—Necesito que analices opciones.
—¿Opciones como...?
—Como mantener los tres capítulos separados o consolidarlos. Como calcular los riesgos de mover a tanta gente, animales y equipo. Como los riesgos de no diversificar nuestras opciones de producción. Como cómo coño mantengo a mi gente a salvo en un mundo que parece empeñado en destruirlos.
No pude ocultar mi decepción; el sabor agudo y amargo me inundó la boca.
Shield necesitaba mi cerebro. Como todos los demás, quería lo que podía hacer, no quién era.
¿Esperabas algo diferente?
Entrelacé los dedos y dejé caer las manos en mi regazo mientras las miraba fijamente.
—¿Cuándo necesitas el análisis?
Sonaba normal, aunque distante. El frío que me había mantenido a salvo empezó a envolverme el corazón de nuevo con su abrazo gélido.
Se te da bien esto, Audrey. Por eso te tienen cerca. Dios sabe que es lo único que se te da bien.
—Tan pronto como puedas.
—Empezaré esta noche.
Levanté la cabeza y enderecé los hombros.
—Necesitaré más información. Todo lo que puedas compartir sobre los capítulos. Sus necesidades, la gente, los espacios. Reservas de alimentos, ubicaciones, habilidades. Personalidades. Cuanto más puedas decirme, mejor será el análisis.
Shield asintió y volvió la atención al bol.
—Gracias.
Me bajé del taburete, lista para irme.
—¿Eso es todo?
—No.
Me preparé, a la espera de su siguiente petición.
—Quiero oír más sobre lo de sentarte en mi cara.