Shield (MC Almas sin nombre nº 4) SHIELD #3
16%

SHIELD #3

—Ha empeorado desde el invierno —confirmé—. Si vamos a Cunnamulla, lo mejor es ir por carreteras secundarias, lo que significa evitar Cobar y Burke.

Pope arqueó las cejas. —¿Estás sugiriendo que demos un rodeo hasta Sturt?

Asentí. —Nos añadirá días de viaje, pero...

—Será más seguro —concluyó Wrath con un asentimiento—. Si fuéramos solo nosotros y los camiones cisterna, podría sugerir que nos la jugáramos y siguiéramos adelante. Pero con las mujeres... —Dejó la frase en el aire.

—¿Qué rodeo tienes en mente? —preguntó Runner mientras se rascaba la barbilla.

—Tendremos que retroceder hasta Hillston para evitar lo peor.

Los hombres soltaron maldiciones.

—Lo sé —dije con gravedad—. Pero con combustible y mujeres, somos objetivos muy apetecibles.

—Y con esa nota tan alegre, larguémonos de aquí. —Runner me dio una palmada en el hombro—. Pope, da la vuelta a Rusty. La llenamos y la preparamos mientras Shield informa a los demás.

—¿Quién está de guardia? —pregunté.

—Texas y Butcher. Junto con Switch, uno de nuestros aspirantes —respondió Wrath con la mirada fija en el horizonte—. Killer anda por ahí. Es un puto radar para detectar bastardos.

Solté una risa. —Útil.

—También tenemos a otra chica, Lottie. Es veterinaria, aunque ahora está cuidando a Zero en vez de animales.

—¿Zero está aquí?

—Sí. Pero... —Wrath titubeó—. Está jodido. Muy jodido.

—¿Qué pasó?

—Mordedura de bastardo. Conseguimos salvarlo, pero perdió el brazo izquierdo. Es un tipo duro, pero... —Negó con la cabeza.

Me puse serio e hice una mueca. Los fluidos de los bastardos transmitían el virus de corrupción del huésped a una nueva víctima. Si sobrevivías al ataque inicial, tus días estaban contados a menos que frenases la infección principal.

Amputar un miembro era rápido, pero en estos tiempos sin atención hospitalaria, resultaba tan arriesgado como la propia mordedura.

Un buen recordatorio de tu responsabilidad. No dejes que una chica guapa te distraiga de lo que tienes que hacer.

Eché un vistazo alrededor. —¿Dónde está?

—En la cama del camión cisterna.

Asentí. —Iré a verlo antes de irnos. ¿Seguro que os sobra combustible?

Runner esbozó una sonrisa. —Creo que nos las apañaremos.

—Pues vamos a llenarla de combustible y larguémonos de una puta vez. —Señalé con la cabeza hacia el creciente número de personas en el horizonte—. Prefiero no meterme en otro tiroteo hoy.

—Solo digo —murmuró Pope mientras empujaba a Rusty hacia los camiones cisterna— que a Farmer no le va a hacer gracia ver nuestros feos caretos otra vez.

Se me hizo un nudo en el estómago.

—¿Os quedasteis con Farmer?

Pope se detuvo y se llevó una mano a la cara.

—Mierda. Soy gilipollas. —Asintió—. Sí, Prez. Salimos de allí esta mañana. Tu hermana estaba allí. Está bien. El bebé está bien. Ella está...

Se me encogió el pecho.

—¿Bebé?

Audrey soltó un suspiro sonoro que me hizo mirarla.

—Lo que el neandertal intenta decir es que tu hermana, Mari, está embarazada.

Me doblé como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.

Un bebé.

Cerré los ojos mientras intentaba procesar el torbellino de emociones.

Joder. Voy a ser tío.

Un millón de pensamientos me cruzaron la mente mientras asimilaba la noticia. Tantas cosas podían salir mal. No había atención médica. No había comadronas. Esto era el Después. Todos los riesgos se multiplicaban.

Podría perderlas.

Como a Harpa.

A lo lejos, percibí que la gente se dispersaba para darme espacio y procesar el golpe.

Una mano se posó en mi espalda, abajo.

—¿Estás bien? —preguntó Audrey con voz suave.

Me enderecé, asintiendo.

—Joder, sí.

Su mirada me recorrió el rostro, los ojos muy abiertos tras las gafas.

—No lo sabías.

—¿Lo del bebé? —Negué con la cabeza.

—No —corrigió Audrey—. Que seguía viva.

Asentí una vez.

—Tenía esperanzas, pero...

—Nada está garantizado en el Después —terminó por mí. Me apretó la espalda con la mano y me dedicó una pequeña sonrisa—. Puedes verla tú mismo esta noche.

—Sí.

Una de las mujeres la llamó por su nombre y, con una última mirada, dejó caer la mano y se alejó para unirse a sus amigas.

Llevó un poco de tiempo, pero afortunadamente el tiempo estaba de nuestro lado.

Me dirigí hacia donde Butcher y Texas patrullaban. Grandes y corpulentos, con tatuajes y caras de pocos amigos, estos tíos habían visto de todo y no les temblaba el pulso a la hora de repartir hostias si hacía falta.

—Me alegra verte, Prez. —Texas señaló los camiones cisterna—. Bienvenido al futuro.

Esbocé una media sonrisa.

—¿Quién iba a pensar que acabarías haciendo de escolta para proteger combustible?

Texas soltó una carcajada.

—Pura movida Mad Max, sin duda.

Me dio una palmada en la espalda y se giró para meterse con Jo. Me lanzó una mirada divertida cuando ella le respondió con brusquedad.

Ya veo cómo va la cosa.

Si Hazard no hubiera aceptado el trabajo, habría propuesto a Texas para el puesto. Listo como el hambre y ferozmente protector, haría lo que hiciera falta para asegurar la supervivencia del Club.

Butcher montaba guardia con expresión impenetrable, la mirada fija en la carretera.

—¿Estás bien? —pregunté mientras me acercaba a él.

—No podemos pasar por debajo. No podemos pasar por encima. Supongo que tenemos que atravesarlos.

Sonreí al reconocer las líneas de un cuento infantil.

Me miró.

—Tenemos mujeres. Tenemos combustible. Tenemos munición, comida y transporte. ¿Crees que esos cabrones nos van a dejar pasar sin pelear?

Negué con la cabeza.

—Ni de coña. Menos mal que no vamos por ese camino.

Butcher arqueó una ceja.

—¿No?

Negué con la cabeza.

—Sígueme, hermano. Te enseñaré el camino.