SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner VEINTIDOS
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VEINTIDOS

Cheryl observó divertida cómo Shirley asestaba puñetazos al saco de boxeo, su cara roja y gotas de sudor corriendo por su frente, la lengua atrapada entre sus dientes mostrando la concentración y el esfuerzo que hacía para mantener la postura, tal cual Joe le indicaba con paciencia.

Más lejos, Hawk y Jeff estaban enzarzados en una lucha sin cuartel, que Cheryl sabía de antemano favorecería al primero. Como predijo, no pasaron más de dos minutos hasta que el grandote tenía al hacker en una llave contra el piso, y Jeff golpeaba el suelo en señal de rendición.

Ella se incorporó del banco donde había estado haciendo trabajo de bíceps y se estiró, sus manos al techo y luego bajando hasta tocar el piso, procurando que su columna se estirara lo máximo posible.

El golpe seco en uno de sus glúteos la sacó de equilibrio, y dio un grito de frustración porque sintió que se caía, pero manos poderosas envolvieron su cintura y la estabilizaron.

Se dio la vuelta con gesto de indignación, pero la boca de Matt no le dio respiro y ahogó cualquier intento de discurso enojado. Se rindió al momento, llevando sus manos a sus hombros para traerlo más hacia sí.

—Te salvas que estamos con gente, que si no te trepo sin cuerda ni escalera—le susurró melosa al oído, consciente de que sus palabras lo excitaban irremediablemente.

—Tontita, ¿crees que me importa? No me molesta nada que todos vean que eres mía y no puedes vivir sin tocarme.

Guiñó un ojo, e hizo un gesto perverso. Ella le dio un pico suave en los labios y luego se colocó a su lado, de su brazo, señalando con su barbilla al lugar donde Shirley golpeaba torpemente el saco.

—¿Crees que Joe logrará que ella se enfoque y logre dar golpes decentes que le permitan defenderse de necesitarlo en un futuro?

—Pues él dice que es la alumna menos habilidosa que ha tenido, y eso es decir, porque era quien manejaba reclutas inexpertos en Medio Oriente. Sin embargo, creo que ella ha tocado un punto débil en él. La ve tan indefensa que le provoca protegerla, eso dice.

—Mmm, sí. Esa semana que estuvo en el hospital luego del episodio en el bufete hizo que ella retrocediera. Por fortuna su diabetes está bajo control.

—Es increíble que una mujer adulta e inteligente, porque lo es y mucho, se haya descuidado tanto con su salud.

—No es sencillo cuando uno está solo, Matt. Ella es adorable, trabajadora, encantadora, pero tímida. Y no creo que se diera cuenta de que podía estar mejor.

—Por fortuna, encontró una amiga que la hará florecer—sonrió él—. La pobre no sabe en qué se metió.

—¡Tonto! Que le haya hecho registrar sus comidas y medicinas, o que la invitara a hacer ejercicio es solo para que su salud se fortalezca.

—Además de incorporarla a tu grupo de amigas y aconsejarle, sobre todo.

—Matt, no seas malo. No he conocido nadie que necesite amigos tanto como ella.

—Shirley necesita una pareja, bonita. Alguien que la quiera bien y la haga sentir segura y cuidada. Y que se asegure de que come bien, se inyecta su insulina de ser necesario, duerme adecuadamente.

—Sí, pero eso no aparece en catálogos ni está a mi alcance dárselo, Matt. De todas formas, creo que salir del bufete nos benefició a ambas. Estamos más tranquilas y nuestra pequeña empresa crece.

Cheryl había renunciado la semana siguiente al horrible evento, convencida por Matt de que le iría mejor trabajando por su cuenta. En eso estaba hoy día, construyendo su camino y le estaba yendo de maravillas.

La Agencia de seguridad era una de las empresas que asesoraba, a su sugerencia, aunque había pretendido hacerlo sin costo alguno para Matt. Esto le había ganado miradas fieras e incluso alguna que otra palmada en la intimidad.

Matt necesitaba ayuda profesional, eso era obvio por los papeles desorganizados, y a eso se abocó con pasión.

Con la de Matt llegaron otras tres empresas, y contratar a Shirley había sido necesario y natural, además de un alivio para su pobre amiga, que apenas podía subsistir en el bufete, insegura y solitaria, porque Timmy había renunciado también.

Lo vivido había sido demasiado para todos, y el lugar era tóxico para ellos.

Cheryl estaba segura de que, a pesar de que jamás justificaría crímenes, el padre de Benjamín había danzado con lobos y los había decepcionado, y se habían vuelto contra él, como de habitual hacían las jaurías o manadas: atacar al débil.

Matt le había dicho que claramente los hampones pretendían liberar al encarcelado, y para ello necesitaban un traslado a otra prisión. Como fuera, eso era pasado.

—Ahora que lo pienso…—Sus ojos se entrecerraron—. Joe podría ser el candidato perfecto—sentenció, mirando con fijeza como corregía con dulzura a Shirley, indicándole cómo poner las manos y las piernas, mientras la mujer asentía con seriedad y enfoque.

—No, no, no—Matt agitó sus manos y negó enfáticamente—.

Joe es un excelente docente de lucha, un hombre honesto y confiable, mi amigo, pero es lo más lejano a lo que Shirley necesita, Cheryl.

Joe no está en busca de una relación, y no es un tema de confusión, o baja autoestima, ni nada de eso. Es un picaflor, sin remordimientos.

—Eso podría cambiar.

Se incorporó y se encaminó a ambos, pero la mano de Matt la detuvo.

—Alto ahí, Cheryl. Tienes las manos llenas con tu empresa y conmigo. Fundamentalmente conmigo. No te involucres. No hay dos personas más diferentes. Ven, acompáñame.

Bufó por lo bajo y lo siguió, rezongando acerca de su autoritaria manera de decretar qué podía o no funcionar para otros. Miró atrás y volvió a considerar su idea, pero el que Matt la tomara por la cintura y la acunara contra su pecho mientras subían las escaleras la focalizó en ellos.

Era tan fuerte, tan masculino. La ponía tanto que la trasladara como un cesto liviano, y el hecho de que fuera capaz de sostenerla contra cualquier superficie vertical para hacerle el amor era un subidón.

Era así de básica, suponía, pero su hombre fuerte, atractivo y sólido por dentro y por fuera la excitaba y conmovía a partes iguales.

Él ingresó a la oficina y bajó todas las esterillas, y luego la sentó sobre su escritorio.

Colocó sus dos manos a ambos lados de sus caderas, y la miró.

Cheryl no aguantó la tentación de besar suavemente sus labios, y luego trazar picos en toda su mandíbula, lentamente, disfrutando de su cuerpo duro contra ella.

Envolvió sus piernas en torno a sus caderas y lo atrajo más, sintiendo la dureza de su polla empujando su centro, y de pronto el hambre se desató. Suspiró para calmarse, porque no era el momento.

La vida era activa y ruidosa afuera, donde era obvio que habían llegado más agentes, pues los gritos alentando a Shirley eran altos. Era probable que este y Hawk estuvieran protagonizando una de sus coloridas peleas.

—De pronto tengo la urgencia de estar en nuestra casa, Matt—susurró, volviendo a besarlo, y él respondió con entusiasmo.

—También yo, pero tengo algo para ti.

—¿De verdad?

Se despegó sonriendo. Le encantaban los regalos, y Matt tenía la habilidad de elegirlos bien.

No eran constantes ni hiper caros, pero si significativos y le llegaban al corazón.

Flores, perfumes con aromas increíbles, lingerie que quería ver en ella, un programa sofisticado para llevar la contabilidad, y lo más increíble: la renta pagada por diez años de una oficina preciosa con una vista espectacular, a escasos doscientos metros de la Agencia.

La había hecho llorar, porque era algo que la había preocupado, pero no había querido dejar ver. Pocas empresas confiarían sus números a alguien que los llevaba en una computadora en su casa; él había visto su necesidad y la había cubierto.

—Es algo muy especial, y me tiene nervioso. No sé qué pensarás, tal vez es demasiado…

—¡Matt, sabes que eso solo hace potenciar mi ansiedad y curiosidad! Lo que me des me encantará, amor mío—Tomó su cara entre sus manos y acercó su boca para decirle—. Tenerte en mi vida es mi mayor regalo, Matt.

Los ojos claros refulgieron con intensidad, la pasión velándolos. Cada vez lo leía mejor, o eso creía, y no había nada de frialdad o gris en su interior, que había aprendido a abrir para ella. Él era pasión, dulzura, intensidad y calma a la vez.

Él asintió y la tomó por la cintura, poniéndola de pie frente a él, y entonces rebuscó en su bolsillo, de dónde sacó una pequeña caja negra, y descendió sobre una rodilla.

Lo miró sin capacidad de reacción, alelada, sin acreditar que su Matt, su novio, su amor, estaba mirándola con la sonrisa más tonta del mundo, y en sus manos tenía la caja abierta mostrando el anillo más hermoso que hubiera visto.

Era el suyo, por lo que no podía haber otro igual. Joder, así hubiera sido una de las tuercas que usaban para ajustar los aparatos del gimnasio, lo sería, porque implicaba que…

—Cheryl, ¿quieres ser mi esposa?

Sacudió la cabeza, y lo miró, entrecerrando sus ojos.

—¿Qué crees que haces Matt?

Vio el desconcierto y hasta lo que le pareció pánico en su mirada, y sonrió para calmarlo. Su pobre hombre no necesitaba espantarse ante la peregrina idea de que le podía estar dando calabazas.

—Yo… Te estoy proponiendo…

—Entendí el concepto, amor. Pero, ¿no crees que tu pedido apestó un poco? Joder, sé que no eres un romántico, pero…

Él hamacó su cabeza y distendió su boca en un gesto divertido.

—Casi me matas de un susto, preciosa. Bien… Tienes razón, eso sonó frio. Quiero que conste que lo ensayé distinto.

—Abre tu corazón para mí, Matt. Dime con tus labios lo que me dices todos los días con tu cuerpo, con tu gentileza, con tus cuidados—tomó su mano libre mientras hablaba.

—Cheryl… Eres el amor de mi vida, y lo digo con total sinceridad y humildad.

Durante mucho tiempo estuve… vacío, dolido, cerrado a sentir.

La vida tiene momentos duros, y creí que estos me habían marcado tanto que no encontraría…

Que no encontraría a alguien que me completara, me llenara de alegría, gozo, algo de inquietud y asombro.

Tú eres todo eso para mí. Tu trajiste eso, y lo hiciste real para mí.

A pesar de que me resistí, a pesar de que te alejé…

Tiemblo al pensar que pude haber tenido éxito y tú podrías estar con otro…

Ella lo miró, conmovida, pero lo dejó seguir. Quería escucharlo, quería beber en estas palabras que sanaban y reafirmaban que había hecho bien en confiar en él.

—Pero estás conmigo, y pretendo hacer todo bien. No me voy a equivocar, te voy a amar y cuidar, y quiero hacerlo contigo como mi esposa legal. Juntos en todos los planos posibles, mi vida.

Lágrimas pugnaron por salir y no las detuvo. ¿Para qué? No podía haber un momento más adecuado en la vida de una mujer para ello, excepto quizás cuando se daba a luz. Este pensamiento la hizo parpadear.

—¿Quieres hijos, Matt?

—Todos los posibles, mi vida.

Respuesta correcta.

—Sí, Matt. Sí a estar en tu vida, sí a ser tu esposa, sí a ser la madre de tus hijos—susurró, y él echó la cabeza atrás y rio.

—¡Qué alivio! Conociéndote, podrías haber querido cumplir cada ítem de una de esas listas tuyas antes de caminar al altar.

—Colócame el anillo, Matt.

Él asintió, y con suavidad lo deslizó por su dedo.

—Tu dijiste que este sitio era especial, y lo pienso así. Desde aquí te observé muchas veces, por un resquicio de la cortina, mientras recorrías el sitio hablando con los chicos.

—O te buscaba—dijo ella—. Sabía que te escondías.

—Ya no más.

—Ya no más—asintió ella, y se enredó en su cuello para recibir el beso más tierno y sentido de todos.

Luego él se despegó, caminó hacia la puerta, que abrió de par en par y gritó:

—¡Dijo que sí, bastardos! Sin ninguna condición ni lista. El pozo es mío.

Gritos y silbidos emanaron y Cheryl se asomó para ver a todos los miembros de la Agencia de seguridad, más Shirley, aplaudiendo a rabiar. Miró a Matt y meneó la cabeza:

—No puedo creer que apostaras acerca de tu propuesta matrimonial.

—Confiaba en ti—la besó—. Pero dejemos esto, tenemos una boda que preparar.

—No me interesa una boda grande ni sofisticada, Matt. Quiero algo íntimo… Nuestros amigos, tu familia, la mía. Haré una lista.

—Lo sabía—sonrió—. Será como deseas, preciosa. Te amo.

—Igual yo.