DIECINUEVE #2
—Me gusta esto, Matt, por eso lo elegí. Ya tendremos tiempo de experimentar lo otro. Hoy… necesito estar aquí, contigo. Fóllame, Matt, fóllame ya.
La tomó por la cintura y se la puso al hombro, y ella rio, dando una palmada a su trasero.
Con decisión la llevó hasta el enorme sillón de tres cuerpos en el que usualmente dormía cuando la noche lo encontraba en la agencia.
La depositó con cuidado, de espaldas, y procedió a desnudarse con velocidad.
Su polla pareció respirar con libertad, y antes de que pudiera acostarse a su lado para acariciarla, como pretendía, Cheryl se incorporó y la rodeó con su mano, pasando un dedo por la corona, haciendo retroceder la piel de su glande y humedeciendo su índice con el líquido preseminal, que luego paladeó.
Si estaba excitado antes, esta acción lo hizo gemir.
—Cheryl… Eres la mujer más sexy que he conocido.
—Te quiero en mí, Matt, sin demoras, sin juegos. Te necesito, por favor.
Él la tomó otra vez por la cintura y la giró, sentándose con las piernas separadas, y la instaló en su falda, sus piernas en cada lado de la cintura, y entonces, cuando sus intimidades estuvieron en contacto, frotándose, su pene rozando su vulva, el mundo pareció detenerse.
Oleadas de placer recorrieron todo el largo de su miembro y luego por su pelvis a su abdomen, y con cada movimiento de ella las sensaciones aumentaron. Su boca envolvió un pezón con avidez, succionándolo sin piedad, deleitándose en la dureza y en los gemidos que el placer provocaba en ella.
Torturó uno y otro alternativamente, mientras sus manos acariciaban la piel de su espalda y cintura, hincando finalmente sus dedos en ambas caderas para hacer que sus frenéticos movimientos sobre su polla no cedieran.
La humedad de su entrada era brutal, y consideró poner su boca allí para beber otra vez de sus jugos.
Pero su lujuria era mucha y hoy quería correrse adentro de Cheryl. Entonces maldijo internamente.
—Cheryl—alcanzó a susurrar—. No traje condón… Están en mi auto. No pensé… Me tomaste por sorpresa.
—Mis test son negativos, y me los realicé hace muy poco. No he tenido sexo con nadie, Matt.
—Tampoco yo, y por protocolo todos los agentes nos testeamos cada seis meses aquí. No he tenido más que encuentros conmigo mismo, preciosa, y con tu memoria cada vez. Estoy limpio.
Trató de que su voz no temblara, porque lo que estaban discutiendo era…
Enorme. Él jamás había tenido sexo sin protección, ni siquiera con su ex prometida.
Toda su vida había sido responsable y cuidadoso con ese tema, como debía ser.
Sin embargo, esta vez, con ella, aquí mismo, se sentía perfecto.
Pensar en entrar en ella sin barrera lo enloqueció un poco más, pero aun guardaba algo de razón.
—¿Posibilidad de embarazo?
—Tengo un DIU colocado, Matt. No lo pienses más, ¡fóllame!
A la vez que lo decía se elevó, y tomó su polla, dirigiéndola con decisión a su centro, y él se encontró en la entrada de su vagina, su miembro pulsando urgente y necesitado.
Su cara tenía que estar trasmitiendo la intensidad que sentía, y el esfuerzo por contenerse para no empujar y meterse de un solo envión en ese canal divino.
La penetró con suavidad, frenando su descenso brusco, sintiendo que la calidez y suavidad lo envolvían, y cerró los ojos para disfrutar de la maravillosa sensación de perderse en la mujer que quería. Cuando sus testículos tocaron la base de sus glúteos, gimió, y ella repicó su sonido.
La observó, frenando todo movimiento, conteniendo a sus caderas, y la besó con intensidad, mordiendo sus labios y usando su lengua como estilete, mientras sus manos empujaban su espalda baja, atrayéndola más, buscando fundirla en su pecho de la misma forma que su miembro la había fundido a su pelvis.
—Quiero esto de aquí a la eternidad, Cheryl. Este es el único lugar en el que me siento seguro y feliz. Te voy a follar, preciosa, agárrate fuerte a mí, porque va a ser intenso.
No esperó respuesta, y comenzó a pujar sin demora, con desesperación, el deseo más feroz alentando a su miembro a clavarse hondo y luego retraerse hasta casi salir, para atacar de nuevo.
Ella saltaba sobre su pelvis con concentración y jadeos, sin contener ninguna de sus expresiones, dejándole saber que lo deseaba con igual crudeza que él.
Sus senos rebotaban deliciosos, y su boca no dejó de mimarlos, incluso con algo de rudeza, sus dientes mordiendo suavemente.
Quería darle un orgasmo cósmico, pero temía adelantarse, porque estaba sobreexcitado.
Sus dedos se filtraron entre sus cuerpos y se hicieron sitio para acariciar su clítoris, pero la dificultad en esta postura lo llevó a moverse para continuar incrustándose en ella con un ángulo distinto, uno que le diera lugar a sus dedos.
Cuando lo logró, su pulgar redondeó y pulsó sobre el pequeño botón, en un patrón que se demostró eficiente, porque los jadeos y chillidos de la hembra fueron en aumento. Fue cuestión de unos pocos segundos más para que ella se tensara y luego explotara.
—¡Joder, me voy… Voy a…¡Maaatttt!
Ella se sacudió y tembló sobre su polla, estremeciéndose una y otra vez, y su bonito rostro se tensó y dibujó el agónico placer sin máscaras.
Este espectáculo único y primitivo que demostró que le había dado lo que anhelaba, que había satisfecho a su mujer, bastó para precipitarlo al clímax, que se presentó feroz, brutal, y le hizo correrse adentro de ella, marcándola con su semen hasta que pareció que se vaciaba.
Jadeando, casi mareado por el placer y la descarga, la abrazó contra su pecho y la apretó fuerte, temblando. Había sido devastadoramente intenso, jodidamente brutal y sublime. No había adjetivos suficientes.
—Matt… Esto fue... Tan bueno, tan hermoso. Justo como mis fantasías… No, mejor aún—susurró. Luego su cuerpo se volvió un poco tenso—. Matt, todo esto… Espero que…
—¿Qué pasa, hermosa?—respondió, separándose un poco para mirarla, y la encontró tímida, sonrojada.
—No siempre soy así, tan osada…—Ella pareció un poco nerviosa—. Es que…
—¿De verdad? Tenía esperanza de que sí, porque fue lo más jodidamente perfecto que he vivido con alguien.
Voy a querer mucho más—dijo él, acariciando su rostro, buscando disolver cualquier idea que no fuera positiva—.
Queda pendiente el castigo, y se me ocurrieron algunas ideas que podemos ensayar más adelante.
—Uh—Ella inclinó levemente su cabeza a un lado, y luego le dio un pico en su boca—. ¿He creado un monstruo?
—No tienes idea, mujer sexy. Ahora, tiéndete sobre mi pecho y déjame abrazarte. Mis fantasías no solo incluían follarte, bonita. Soy un veterano, no lo olvides, voy a necesitar un tiempo de recuperación.
—Le concedo unos minutos, señor. Luego vamos a disfrutar de nuestra cena romántica.
El cerró sus ojos y se tendió, con ella a su lado, prácticamente pegada a su costado, su cabeza en el hueco de su hombro. Se sentía bien, tan bien que sonrió sin evitarlo.
—Joder, me va a encantar esto de holgazanear en la cama, contigo a mi lado, nena.
—A mí también, Matt, a mí también—susurró ella—. Me parece increíble, ¿sabes? Había perdido toda esperanza de que algo así pudiera pasar entre nosotros.
Levantó su frente suavemente con un golpecito de su nariz, y cuando ella lo miró, se perdió unos segundos en la honestidad y calidez de su mirada.
Decenas de recuerdos se agolparon en su mente en ese instante, y el acre sabor de la pena por su estupidez fue rápidamente suplantado por la convicción de que haría todo para dejar atrás los malos momentos que le había obligado a vivir.
—Voy a compensarte tanto, vida mía, que no va a quedar lugar en tu mente para esos recuerdos grises.
—Promesas, promesas—dijo ella, sonriendo aviesamente, elevando su boca para besarlo y hostigarlo con su lengua—. Voy a atarte a ellas, Matt.
—Hablando de atar…—él hizo una mueca pícara—. Vamos a tener que explorar nuestros cuerpos para identificar aquellas prácticas que mejor nos vienen.
—Mmm, me gusta la idea. Me gusta lo tradicional, salpicado de detalles, muchos.
—Estoy tomando nota mental—rio él—. Pero primero voy a identificar cada espacio de tu cuerpo. Soy un buen rastreador, profesional, te lo advierto,
—No puedo esperar, Matt—Entonces ella se puso seria y sus pequeñas manos envolvieron su rostro—. Te quiero, Matt, y esto es lo más bonito que me pasó. No pretendo que sientas igual de fuerte, pero voy a hacer todo para que no puedas dejarme atrás. Y sabes que soy persistente.
La miró con fijeza. ¿Cómo no se percataba de que ya lo tenía de rodillas, de que él estaba en su red y no tenía intención alguna de soltarse? Palabras, idiota, verbaliza lo que sientes. Ella te acaba de mostrar su corazón, no la dejes sin respuesta.
—Oh, Cheryl… Yo te quiero, hermosa. ¿Crees que hubiera ido por ti y hubiera roto años de estúpida ceguera de no ser así?
Sacudiste mi modorra, mi inercia, me rodeaste.
Picaneaste mi vida, con tus visitas, tus mensajes, tus locuras.
Y me diste la mayor hostia cuando te fuiste, pero fue para bien, porque solo así pude moverme hacia ti.
No te equivoques, reina. Tú no tienes que hacer nada para que te siga.
Seré tu sombra de aquí en más, y probablemente te voy a fastidiar más de una vez, porque, mi preciosa, puedo ser un jodido grano en el culo.
Quiero que lo entiendas. Esta relación, que agradezco al cielo, te va a desafiar. No soy fácil.
Ella casi gorjeó, una mano en su boca, sus ojos brillando, llevando su mano al pecho masculino.
—Vamos, Matt. Si tú sabes que yo tampoco.
Sonrió. Algo de razón había allí,
—Okay, será un viaje intenso.
—Matt, esto entre nosotros, ¿significa que soy la jefa de Hawk?—preguntó ella, y Matt sonrió.
—Deja a mi mejor guardaespaldas tranquilo, Cheryl. Sabes que te teme.
—Seguro que apostó contra mí.
Matt meneó la cabeza.
—Todos apostaron a que estaría en tus manos, no tienen dudas de ello, Cheryl. Lo que estaba en juego era cuánto tiempo me llevaría recuperarte.
La inmensa sonrisa de ella fue encantadora.
—En el fondo nunca me perdiste. Aunque si no te hubieras dado cuenta a tiempo…
—Gracias al cielo lo hice, preciosa—Se estremeció—. No pensemos en cosas feas.