DIECIOCHO #2
Claramente advirtió el poder adquisitivo que tenían, porque las tarjetas doradas que manejaban les abrieron puertas y sonrisas en los distintos locales que recorrieron, pero el comentario inicial de Amelia fue más que justo.
—Shirley, querida, esto de ir de compras y no pensar en el límite es nuevo para la mayoría de nosotras, con excepción de Avery y Brianna. Yo fui mesera y pené con mi salario por años, y Tina es mi hermana.
—Yo soy enfermera, Shirley, y mi salario me rendía porque vivía con mis padres. Me las arreglaba para comprar zapatos de lujo cada tanto, porque son mi pasión.
—Igual que ellas. Pude crear mi empresa con muchísimo sacrificio. Mi esposo me ayudó a llevarla a otro nivel—dijo Sofia.
—Igual a nosotros—dijo Amelia—. Pero seguimos siendo esas mujeres, Shirley, con más poder de compra, lo que es genial—sonrió, y Shirley asintió con énfasis.
La sencillez y calor de sus amigas era fenomenal, y Cheryl se sintió tan orgullosa de tenerlas a su lado.
—Ahora, nuestro principal objetivo hoy es que Cheryl tenga toda la lencería que necesita para traer a ese hombre suyo a sus pies sin posibilidad de recuperación.
—Creemos que ese ya es su estado, pero nunca está de más asegurarse—dijo Tina, con un guiño.
Así que removieron varios locales, haciendo que las empleadas fueran y vinieran con cajas, mostrándole modelos y haciendo sugerencias, mientras ellas también se probaban todo tipo de outfit, desfilando con cambios frente a los espejos mientras reían.
Finalmente, terminó con tres conjuntos de fina lencería, un vestido negro y tacones, que era lo que podía pagar, y más que suficiente. Las chicas insistieron una y otra vez para comprarle algo más, al igual que a Shirley, que solo compró un conjunto de bragas y brasier, pero ambas se negaron.
La diversión no estaba en quien compraba más, sino en la salida y el elegir con amigas.
Creía que Shirley pensaba igual, pero le preguntó al final cómo se había sentido, porque tal vez se había equivocado y asumido que, como a ella le importaba poco lo adinerada de sus amigas y su poder de compra, a Shirley tampoco.
—La pasé genial, Cheryl. Esas mujeres son encantadoras, nada pretenciosas, como temí, y me sentí integradísima y muy a gusto.
No puedo esperar a esos encuentros de los viernes.
Sofía me dijo que me preparará el mejor pastel de manzana que he probado, y Sharon quiere mostrarme su vestidor con tacones.
Sorteado el asunto, Cheryl se concentró en su próximo encuentro con Matt. Se le había hecho largo el tiempo sin verlo; ahora que tenían un vínculo que se fortalecía, quería estar con él todo lo que pudiera, y experimentar todo lo que implicaba ser una pareja. Eso eran, o en camino a ello estaban.
El contacto era diario, ya por mensajes, llamadas cortas, o incluso en Face Time, pero no era para nada lo mismo. Ambos eran personas de presencia, de frente a frente, y eso se imponía para sentir que avanzaban.
Como ella había indicado que planificaría su próxima cita, se había abocado a pensar en posibilidades en cada momento libre que tuvo, y la lluvia de ideas que las chicas le hicieron llegar aportó bastante.
No podía ser una cita común y corriente en un bonito restaurante; esas vendrían luego, supuso. Las primeras tenían que ser significativas, indicativas de que se conocían y valoraban. Superar lo que él había hecho era un desafío, pero a Cheryl le encantaba uno.
Tenía muy claro el final: sería en una superficie plana, su cama o la de él, probablemente, ella en su lencería fina y con música de fondo. El asunto eran las etapas que conducían a esa instancia. Luego de pensar, se le ocurrió que era obvio, y sonrió al considerarlo.
Sí, era lo justo. Para poder implementarlo, llamó a Joe y se aseguró de que Matt no estaba yendo a la Agencia al menos hasta el próximo lunes. Le encantaba que se hubiera tomado ese tiempo para conquistarla, y Joe le confirmó que así era.
Cuando le contó qué pretendía, el hombrón rio sin parar, pero se sumó sin reservas a ayudarla. Joe había sido siempre encantador con ella, el que la recibía sin problemas en la agencia y le había enseñado muchísimo sobre defensa personal, perfeccionando lo que ella había aprendido.
—Tendré todo dispuesto para ti, Cheryl. Haré que se retiren temprano.
Probablemente les comente lo que planeas, nena.
Acelerará las cosas, sobre todo para mover a Hawk, que suele quedarse hasta tarde aquí.
Estamos todos en una apuesta de cuánto tiempo le llevará a Matt caer, y esto que me dices indica que ya gané.
—Ustedes y sus apuestas—bufó ella—. Va todo bien, pero no quiero vender la piel del oso antes de cazarlo.
—Buena metáfora, jaja. Descuida, todos vimos como Matt se vino abajo cuando desapareciste de la agencia. Buena jugada, Cheryl.
—No lo fue—suspiró—. Realmente creí que no había nada que pudiera hacer.
—Matt estuvo ciego por mucho tiempo, Cheryl. Cuando un hombre ha sido tan herido, le resulta difícil sacar su cara del trasero. Pero eso quedó atrás.
—Me voy a asegurar—dijo, con convicción—. Tú prepárame el terreno.
—El jueves a las 6 no habrá nadie aquí, garantizado. No es el lugar más romántico.
—De eso me voy a encargar yo—aseguró—. Gracias, Joe.
—A tus órdenes, Cheryl.
Su idea estaba en ejecución. ¿Qué lugar podía ser más indicativo de lo que había sido su relación que la sede de la agencia de seguridad?
Allí había acudido allí con sus expectativas altas y esperanzas de verlo, de hablar con él.
Infinitas veces había imaginado que él la sentaba en su escritorio para besarla y acariciarla con pasión.
Se había soñado acostada en una colchoneta de práctica bajo él y su peso, su polla empujándola contra el piso; atada de pies y manos en uno de los escenarios que armaban para practicar eventualidades como toma de rehenes.
Joder, no había espacio de ese sitio en el que su imaginación no la hubiera puesto, con él encima, debajo o alrededor.
La logística fue sencilla. Le dijo a Matt que pasara a buscarla por su casa el jueves a las 7, pero pidió a Joe que lo llamara a las 6.30 indicando que lo necesitaba en la agencia.
Ella estuvo en el sitio a las 5.30, y como Joe había prometido, no había nadie. Le encantó ver que habían dejado funcionando música que sonaba en todo el complejo, y la lista de reproducción eran todos clásicos románticos, y supuso que había sido idea de Jeff.
Alistó el escritorio de Matt con mantel y copas, y puso el champagne en el refrigerador. Instaló las flores del centro y dispuso la comida en platos finos. Había pedido a Sofía una selección de bocadillos salados.
El candelabro con velas aromáticas proveía el toque romántico y el aroma sería embriagador, porque se aseguró de que fueran afrodisíacas.
Cuando todo estuvo listo, fue al baño y acomodó su cabello y colocó sus tacones nuevos, que complementaban perfectamente con el vestido, prolijamente doblado a la espera.
Vestía el primer atuendo, que esperaba tuviera el efecto esperado, y debajo las bragas más sexis de las compradas.
A las 6.15 todo estaba listo. Nervios y excitación tenían su garganta hecha un nudo, y cuando escuchó las llaves en la gran puerta de entrada, miró el monitor, que mostraba el plano de la entrada.
Matt estaba ingresando, y su cara de molestia confirmaba lo que Joe le dijo por mensaje: Está que se lo lleva el diablo con mi llamado. Me amenazó con una buena paliza si lo retengo más de lo necesario y te hace esperar.
No era así, estaba justo a tiempo, en el lugar donde todo había comenzado.