SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner DIECIOCHO
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DIECIOCHO

Regresar al trabajo el lunes fue gratificante, pues la rutina le daba perspectiva y ocupaba el tiempo.

El domingo se le había vuelto eterno, pensando una y otra vez en Matt, en la cita, en su relación.

Que él le hubiera enviado textos para saber cómo estaba y sutilmente inquirir si no estaba asustada o arrepentida de lo vivido había puesto tibieza a la tarde, y no dudó en negar categóricamente.

Ella había estado pensando en su próximo encuentro, y por ello aprovechó para invitarlo para el jueves, lo que él aceptó de inmediato.

Su no puedo esperar a estar contigo otra vez envió electricidad por toda su piel, y suspiró decenas de veces después de eso, al punto que le costó dormirse, imaginando varios escenarios entre ambos, ninguno de los cuales ayudó precisamente a la calma.

Al final recurrió al manido recurso de su consolador, pero se dijo que era la última vez; la próxima oportunidad en que se corriera sería porque Matt le había hecho algo para que así fuera.

Pensarlo la excitó, y así siguió hasta que se durmió, probablemente a mitad de la madrugada, lo que redundó en su dificultad para despertar y tener su mente ágil esa mañana.

No tardó en entrar en caja, empero, y como siempre la diligente Shirley fue piedra catalizadora para ello. Tan compuesta y bonita detrás de sus lentes y carpetas, tenía preparado todo su día y avanzaron con las tareas, y Cheryl pudo cerrar varias inspecciones de números de cuentas menores.

Sobre el mediodía y cuando su secretaria le inquirió sin necesitaba que le comparara el almuerzo, se decidió a bajar con ella al restaurante de comida italiana que estaba cerca. Una vez que ambas estaban instaladas con sus platos enfrente, la conversación fluyó con facilidad.

—¿Cómo estuvo tu fin de semana, Shirley?

—Pfff, igual que siempre. Leí bastante, fui a una exposición de arte moderno, y luego limpié mi apartamento. Comí más de lo que debería.

—No lo creo, si picas como un pajarito—sonrió, señalando algo que era más que obvio.

—Es que tengo diabetes y si no me cuido se me escapa de las manos.

—Oh, no sabía. ¿Tienes que inyectarte? No te he visto.

Le avergonzaba enterarse recién de este importante asunto, lo que le marcaba cuan distraída con sus tribulaciones estaba.

—No es algo que deba hacer a diario, solo si tengo un pico. No me ha ocurrido en meses, trato de ser muy ordenada.

—Como lo eres en todo. Has hecho de mi trabajo una bendición, Shirley—le dijo, y esta sonrió con timidez.

—Me encanta trabajar contigo, Cheryl. Eres una jefa fantástica, además de organizada y eficiente. Nada que ver con mi anterior superior. Era horrible—se estremeció.

—Todo el trabajo que dejó sin hacer habla de ello. Shirley, no sales mucho, ¿verdad? ¿No tienes un grupo de amigos, algún familiar con quién pasear?

Ella hizo una mueca y negó.

—Mis padres murieron en un accidente de tránsito hace tres años.

—¡Oh, lo lamento mucho!

Temió haber tocado un punto muy sensible y quebrarla, pero Shirley apareció entera, aunque algo triste.

—Es lo que es. La familia de mi padre no me reconoce porque él se casó con mi madre desconociendo su oposición.

Lo borraron de su vida, por lo que nunca los conocí.

Y la familia de mi madre eran sus abuelos, que murieron hace años.

Ambas familias se odiaban. Todo esto en Dakota del Norte, por cierto, de donde soy.

—¡Lo que hizo la familia de tu padre es espantoso! Es increíble que haya gente que se comporte como si viviéramos en la Verona de Romeo y Julieta.

—Si, pero existe. Cuando pude me fui a estudiar.

El dinero no fue problema, por fortuna, porque mis padres tenían buenos trabajos, a pesar de todo.

Vivíamos en Illinois cuando murieron, y entonces me decidí a migrar a California.

Siempre me encantaron sus paisajes, el clima, las posibilidades. Y estoy bien.

—Aunque muy sola—dijo Cheryl, mirándola con calidez—. Algo que me gustaría ayudarte a cambiar. Oye, ¿recuerdas que te conté sobre mis amigas? Son super gentiles y divertidas, lo prometo. ¿Te gustaría sumarte a nuestra próxima salida conjunta?

La cara de Shirley mostró su interés.

—¿Crees que me aceptarán?

—Shirley, no son una fraternidad. Son alocadas, buena gente, han pasado por mucho y les encantarás, te lo aseguro. ¿Qué me dices?

—Me gustaría, creo.

—Es un hecho. Nos vamos a reunir para una tarde de compras mañana. Insisten en que me tengo que aprovisionar de ropa interior ahora que…—enrojeció ante la filtración, y Shirley sonrió con amplitud, y luego aplaudió con alegría.

—Eso implica que las cosas con Matt están marchando muy bien—Cheryl asintió—.

¡Qué bien! Me alegro infinito, lo mereces tanto—Tomó la mano de Cheryl en la suya y la sacudió—.

No lo dejes ir, jefa. Has sido un pollito mojado penando por él, lo sé porque vi el cambio desde que él reapareció en tu vida.

Cheryl se mordió los labios, y luego meneó la cabeza.

—Supongo que esa decisión mía de resguardarme e ir despacio, de pensar en rechazarlo estuvo siempre destinada a fracasar.

—Es obvio que lo adoras. Y yo admiro la mujer valiente que eres.

—Algunos dirían que soy una borde, una carga. Lo perseguí sin tregua.

—Porque sabes que él es adecuado para ti.

No eres una mujer que acepte a cualquiera.

Cuando comencé a ver la forma en la que el señor Benjamín te miraba y su presión para tener una cita contigo, pensé que caerías bajo su encanto.

La mayoría lo hace. Pero tú estás demasiado enamorada de ese hombre, Matt, y eso no se corta en meses.

—No, es así. Y mira que hice esfuerzos. Que se mostrara contrito y dispuesto a la conquista dislocó todas mis intenciones.

—En buena hora recapacitó—sonrió Shirley.

—¿Qué me dices de la salida de compras? Es algo bonito y tú puedes irte cuando quieras sin compromiso.

—Mi tarjeta está muy libre. He sido una asceta por meses. Está bien, me sumo.

Cheryl aplaudió encantada.

—Te encantarán las chicas. Vamos a ir de raid por tiendas.

—¿Estoy invitado?—la voz de Timmy las interrumpió, y Cheryl levantó una ceja mientras él se sentaba a su lado y llamaba a la mesera.

Shirley rodó los ojos, y ambas comieron en silencio mientras él hacía su pedido.

Cuando la mesera se retiró, él tomó un trozo de pan y lo desmenuzó, y luego las miró con sus ojos de cachorro perdido y Cheryl sacudió la cabeza.

Era un pesado, algo abusivo en su trabajo, pero comenzaba a ver que no era malo. Cotilla, sí, pero no malintencionado.

—Chicas, estoy exhausto y con los nervios deshechos—les dijo, dando un gran suspiro y casi desinflándose en su silla. Parecía genuinamente aturdido—. ¡Fue espantoso, casi muero del susto!

—¿De qué hablas?—Shirley preguntó.

—Ustedes no conocen personalmente a Masterson, aunque han manejado la parte de números de su empresa.

—Sí, claro, fue una asignación exigente, y Benjamín aseguró que es la cuenta más importante del bufete.

—Lo es… O lo era, si atendemos a lo que ha pasado estos días.

Lo he vivido en primer plano, y es feo. Uno de los parientes del principal de la empresa fue acusado de varios delitos graves y fue condenado a quince años de cárcel.

El abogado principal era el padre de Benjamín, y creo que se confió.

La cagó, vamos. El jodido se cree invencible, y se le escaparon cabos sueltos, o algo así.

—Wow, no sabía nada de eso—dijo Cheryl.

—Nadie sabía. El mismo Masterson vino, otra vez, pero esta vez con sus guardaespaldas, y amenazó a todo el mundo. Al parecer cree que mi jefe recibió dinero de su principal competidor para joder a su familia. Chicas, la postura, el lenguaje, lo que dijo… Era todo tan mafioso…

El estremecimiento de Timmy les hizo ver que realmente había pasado un muy mal momento.

—¡Dios mío! ¿Y la Policía? ¿No llamaron?

—Aparecieron tarde. Ya se habían ido. Amenazaron a mi jefe, a Benjamín, a todo el bufete. Dijeron que habría consecuencias.

—El gran jefe es un profesional y frio. Seguro que…

—Estaba muy, muy asustado, chicas. Nunca lo vi así. Pálido, sin palabras. Yo creo… No sé…

—¿Qué dices, Timmy?

—Yo creo que había algo de verdad en las acusaciones de Masterson, tan alocado como suena.

—Pero Timmy, es un bufete legal, uno de los más importantes de Los Ángeles—señaló Shirley.

—Que maneja muchísimo capital y tiene corporaciones como clientes, algunas de ellas con mala reputación—dijo Timmy, que se movió para permitir que la mesera alcanzara su plato y su bebida, que comenzó a consumir con rapidez—.

No lo sé, no sé cuánto de verdad hay, pero la voz de Masterson era helada. Esto va a traer cola.

—Ojalá que no—dijo Shirley—. No será la primera vez que alguien queda insatisfecho con un fallo judicial y amenaza. No se llega tan alto como están estos abogados sin confrontar problemas.

—Supongo que no—suspiró Cheryl—. Pero me alegro de no haber estado. Habría arruinado mi buen humor.

—El blondo Benjamín estaba como una pasita, toda su prestancia hecha a un lado—dijo Timmy—. No creo que su postura de caballero andante se mantenga en posición frente a un peligro real, te lo advierto—habló mirando a Cheryl.

—No es mi caballero, Timmy—sonrió—. Tengo uno de verdad, te lo aseguro.

Él la miró con ojos entrecerrados, y asintió, clavándose a devorar los espaguetis.

—Está claro que el incidente no te afectó el apetito—señaló Shirley, y Cheryl rio.

—Nunca—negó Timmy.

El ambiente en la empresa no pareció mayormente afectado por lo que Timmy les relató, y de hecho las tareas eran abundantes, por lo que las siguientes jornadas transcurrieron sin mayor novedad.

El día asignado a la salida de compras fue super divertido y Cheryl se sintió genial por Shirley, porque ella se acopló a las chicas y luego de una hora inicial en la que fue más observadora que protagonista, platicó y rio sin reservas, cayendo plenamente en la dinámica del grupo que eran.