DIECISIETE
Disfrutar de todos los servicios del spa en el que Avery había hecho las reservaciones fue una experiencia inédita para Cheryl.
El lugar era impresionante, no había otra manera de describir el lujo en todas las habitaciones, que combinaban las maderas más cálidas y finas con las losas y mármoles más hermosos en tonalidades no usuales.
Era una rara mezcla que señalaba a los gritos que era un lugar hiper vip, pero que a la vez era sobrio y daba esa vibra de paz y relax necesaria.
Ni que hablar que no había una cara agria alrededor, y los aromas eran exquisitos e impregnaban los espacios y las toallas y batas eran las más suaves que ella hubiera tocado.
Cheryl estaba en las nubes, pero lo que más la alegraba era que las seis amigas estaban con ella, y eso, realmente, hubiera hecho de cualquier sitio promedio la hostia.
Cheryl no estaba habituada a estos niveles de confort y se hubiera sentido fuera de sitio de no ser porque ninguna estaba aquí para hacer ostentación de nada más que de la amistad que se tenían.
Si eso se podía disfrutar en una tarde en el más lujoso spa de Beverly Hills, ¿quién era ella para quejarse?
Había ya gozado de tratamientos faciales que incluyeron las cremas más finas, luego vinieron los masajes corporales con aceites que le habían permitido relajarse y distender los músculos, en especial de su espalda, que era la principal afectada por su labor de escritorio.
La tarde había transcurrido con poca charla durante las sesiones, pues se habían dividido en grupitos de acuerdo a qué tipo de tratamiento querían.
Todas habían estado super ansiosas por aprovechar al máximo cada instante en las lujosas instalaciones y disfrutar de la capacidad de los profesionales.
Por tanto, Cheryl tuvo tiempo para relajarse y no pensar en nada. El estado de satisfacción y relax que se lograba en las camillas de tratamiento era tal que no fue difícil, como hubiera pensado de antemano dada la noche que había tenido.
Claro que ahora que estaban todas juntas y postradas en las cómodas tumbonas al lado de la piscina, disfrutando de tragos y comida ligera, no tenía escapatoria del interrogatorio que se venía. No fue raro que la que lo iniciara fuera Brianna, porque la jodida era intensa, impaciente, enérgica.
—Muy bien, este es el momento de aplicar el rigor sobre Cheryl—indicó, sentándose en posición de indiecito, con su daiquiri en la mano, sin esconder un ápice la curiosidad qué la picaba.
—Eso, cuéntanos absolutamente todo. Aluciné cuando vi tus fotos y escuché tus audios— dijo Tina, aplaudiendo excitada, obviamente feliz por ella.
Cheryl le sonrió, emocionada, contenta de esta curiosidad que no era más que el deseo de saber cómo estaba y si sus deseos se habían hecho realidad. Amistad, eso era, y la rodeaba, como nunca antes. Era un regalo que tenía que disfrutar y cultivar, se dijo.
—Nunca se me cruzó por la cabeza que una salida romántica incluyera un tour en helicóptero. Moriría de miedo—dijo Amelia—. Pero por la excitación que intuí en tu voz cuando nos contabas, funcionó muy bien.
Cheryl asintió y se movió para sumergir sus pies en el agua.
—Confieso que yo tampoco lo habría imaginado, pero fue espectacular. La ciudad se veía hermosa, todas esas luces. Ver el paisaje y lugares que habitualmente recorremos desde otra óptica, desde el cielo, fue brutal.
—Tanto como me gustan las descripciones de lugares, no es lo que estoy esperando escuchar— dijo Sharon, con una mueca divertida.
—Claro que no—coincidió Brianna, con énfasis—. Quiero los detalles morbosos, picantes, divertidos de la cita. Porque confío en que los hubo, Cheryl.
Estas mujeres, de habituales dulces y contemporizadoras, comprensivas y discretas, cuando se reunían y estaban ante la inminencia de información y chisme, se potenciaban.
Pero era justo que respondiera, porque ella había actuado igual cuando Tina había comenzado su historia con Alden, o Avery con Aidan, y en ambos casos había estado muriendo por saberlo todo.
—Está bien, está bien. Aquí va. Matt piloteó el helicóptero con una solvencia impresionante, y les juro que parte de la excitación del paseo fue verlo actuar como un protagonista de película de acción—suspiró, la imagen del perfil masculino concentrado, y mirándola con una sonrisa amplia cada vez, feliz de su alegría, se le notó.
—Una especie de Tom Cruise estilo Misión Imposible, con el ceño bastante más fruncido y serio— indicó Avery.
—Matt es mucho más sexy que Tom Cruise—estableció con seriedad—. Por otro lado, sonrió tanto que realmente parecía otra persona, chicas. Estaba mucho más relajado, se divirtió e hizo chistes. Fue amable, dulce.
—¿Estás segura de que era él?—dijo Sofía, haciendo un guiño, y Cheryl sonrió.
—Era el mismo hombre sexy que me tiene loca desde hace tanto tiempo—Dibujó espirales en el agua, pensativa—.
Me parece increíble cuando lo cuento, pero fue una salida muy especial y me siento en las nubes.
Compartir tanto tiempo con él y en instancias tan diferentes a las usuales, digamos a las que hubo previamente entre nosotros, en las que yo lo perseguí. Como sea…
—Mola mucho cuando uno descubre que lo que creía del otro no es tan así—completó Sofía con vehemencia.
—Sí, exacto. Se ha preocupado por mostrarme eso, por hacerme entender que hay mucho más de él que lo que se ve—Chasqueó la lengua—.
E imagínense que si flipaba con su versión gruñona y tosca, esta caballerosa, pendiente de mí y de los detalles, es…
Gloriosa. Así nomás. Me hace desear conocer más, bucear en su personalidad y en esta relación, y así se lo hice saber.
—¡Wow! Esto es toda una revelación. Confieso que cuando nos contaste que él había estado en tu casa y se confesó interesado, y tú dijiste que tenías miedo…—dijo Amelia—. Pensé que estabas a punto de tomar la decisión, aún no consciente, de dejarlo ir.
—Esas dudas estuvieron y alguna todavía permanece, pero la alegría y la esperanza han ido ganando terreno—dijo bajito.
—Algo más que un paseo en helicóptero debe haber pasado anoche para que estés tan segura.
Brianna la observaba como un halcón, con los ojos entrecerrados.
—Luego del paseo fuimos a jugar a los bolos—prosiguió su relato.
—Eso es algo un poco extraño para una cita. Tiene su diversión, en grupo— indicó Tina.
—Matt se enteró de que mis padres y yo solíamos salir en familia a jugar bolos, como una tradición y le pareció qué podía funcionar. Lo hizo, porque la pasamos genial y nos divertimos, y me demostró que se interesa en los detalles de mi vida, en mi familia.
—¿Le dijiste en alguna ocasión esa información?—se extrañó Amelia.
—No—respondió—. Matt utilizó los recursos de la agencia para buscar información sobre mí y mi familia.
—¿Qué? No puedo creer que te hizo investigar—Avery se llevó las manos al pecho.
—Está tan empeñado en demostrarme que me quiere en su vida, eso es lo que dice, que necesitaba información para poder planear la cita más significativa del mundo. Algo así.
—Okay, es un poco estilo acosador, pero en la cabeza de Matt, un militar retirado y líder de una agencia de seguridad, eso de planificar en detalle en base a la información tiene sentido.
Me parece inteligente que lo use para conquistarte, Cheryl— dijo Brianna—.
Me pregunto si todos esos hombres serán así.
No me molestaría que alguno de ellos me hackee sí luego me invita a salir.
Aunque solo conozco al gigantón mudo, el que nos custodió en Aspen, ¿recuerdas, Cheryl?
—Hawk—dijo ella.
—¿Qué dices?—Avery miró a Brianna sacudiendo la cabeza—. Sabes que a tus hermanos les dará un ataque si te ven vinculada a alguien que está tan expuesto como esos agentes. La agencia de Matt es de primera línea y tienen enemigos...
—Avery, suenas como Aidan—Brianna rodó sus ojos—. No te dejes influenciar por la necesidad de mis hermanos de controlarme.
—No lo hago, solo te lo recuerdo. Concentrémonos en lo que importa ahora—Miró a Cheryl—. Jugaron a los bolos, asumo que cenaron...
—Hablamos, mucho. Me dijo cosas bonitas, muy románticas...
—Okaay, prosigue—dijo Sharon.
—Luego lo invité a un café a mi apartamento.
—¡Sí! Excelente. ¡Dime por favor qué me hiciste caso en relación a las bragas!—dijo Brianna.
Cheryl carraspeó, pero asintió.
—¿Tuvieron sexo? ¿De verdad? —Sofía preguntó con ansiedad en su rostro—. No es que quiera los detalles, Cheryl.
—Pues a mí no me importaría saberlos—dijo Brianna.
—No voy a negar que la idea pasó por mi cabeza en más de una oportunidad, porque cada minuto de esa cita me fue convenciendo de lo que les dije hace unos instantes.
Yo sé que amo a ese hombre, que lo quiero para mí, pero a la vez no quiero lanzarme como un misil. Era la primera cita, después de todo.
—No puedes querer vivir tu historia como las de una pareja que recién se conoce. Lejos de ello, hay mucha historia entre ustedes, más visible en ti, porque te conocemos, pero está claro que él se contuvo y calló por mucho tiempo.
—¿Eso significa que no hubo sexo? —insistió Brianna, decepción evidente en su rostro.
—Más o menos
—No existe más o menos. Existen grados, acciones que califican como sexo sin que haya penetración—explicó Sharon, sin perder detalle del rostro de Cheryl, y claramente algo percibió porque sonrió—. Ahí está, esa pequeña expresión me lo dijo todo. Algo candente pasó.
—No te sientas obligada a contarnos, Cheryl—dijo Tina, moviéndose para sentarse a su lado—. No queremos ser invasivas.
—Habla por ti— dijo Brianna, pero la manera en que las otras la miraron la hizo retroceder—. Está bien, está bien, retiro lo dicho. No quiero parecer una cotilla desagradable, es que casi no tengo vida social y menos sexual en Boston. Nada me divierte, no encuentro a nadie que me guste de verdad.
—Lo entiendo— Cheryl sonrió—. También sé que te desconcierta que parezca tan pueblerina cuando tú y yo salimos varias veces y fui bastante más arriesgada.