DIECISEIS #2
—Deberás acostumbrarte—sentenció con voz grave—.
Me encanta el sexo, y cuando es con alguien a quien quiero, este se vuelve sublime, y no creo que haya nada imposible, o prohibido.
¿Qué dices tú?—susurró en su oreja, mirándola a continuación, sus bocas a escasos centímetros, por lo que volvió a besarla con intensidad.
Ella se despegó y tomó aire.
—No tengo mucha experiencia, para ser sincera. Hablo más de lo que hago…—carraspeó, algo tímida, y él elevó su barbilla con su dedo.
—¿Me dejarás que te enseñe lo que sé?
—Eso… ¿es mucho? No estoy en eso de la dominación, y el dolor es mi límite.
—Solo habrá placer. El dolor es algo relativo—Besó su barbilla—. Por ejemplo, ahora mismo mis bolas parecen a punto de estallar de llenas, y punzan, pero es algo que me provoca sensaciones interesantes.
—Mmm. Okay—dijo ella, con los ojos cerrados.
—¿Me permites devorarte, Cheryl?—le susurró, y el asentimiento femenino fue recibido con un sonido que fue casi rugido de alegría.
Giró para depositarla en el sillón, de espaldas, y quitó los pantalones con cuidado, pero firmeza, dejándola en bragas diminutas que desorbitaron sus ojos.
—Joder, este es realmente el premio mayor, Cheryl. Estás para devorarte, pero eso ya lo sabía.
Tomó sus piernas por los tobillos y las abrió y luego dobló por las rodillas, colocando sus talones en el sofá, de manera que ella quedó expuesta a su mirada.
Sintió los ojos de la hembra, taladros que bebían en su expresión, y por ello dejó que lo que sentía fuera obvio en su faz.
Abrió su boca y lamió sus labios, dejando que la lujuria conquistara su rostro.
—Tus bragas están empapadas, preciosa.
Sus manos ascendieron por sus piernas, disfrutando del toque de seda de su piel, y se hincó e hizo descender su cara para hundirla en su pelvis, aspirando el olor femenino como si fuera ambrosía y mordiendo su coño aun cubierto por la tela.
Dos de sus dedos descorrieron el velo que le impedía apreciar su centro y cuando el rosado intenso de sus pliegues lo recibió, sacó su lengua como por reflejo. El primer toque fue con la punta, y sentir la textura suavísima en su boca, empapándose con su humedad, fue exhilarante.
Usó una mano para abrir los labios genitales y buscó el pequeño centro de nervios que sabía sería la piedra de toque para todo lo que ella gozaría. Cuando lo encontró, lo sopló y luego llevó su pulgar para que lo rozara y comenzara la cadencia que la elevaría.
No quiso perderse sus reacciones, y cuando ella comenzó a gemir y decir su nombre, sus piernas intentando cerrarse y atraparlo, detuvo sus caricias.
—Nada de moverse, preciosa. Deja que mis dedos y mi boca trabajen. Voy a asegurarme de que tengas el orgasmo que mereces—Volvió a torturar su clítoris, e inquirió—. ¿Es esto lo que quieres?
—Sí… Por favor, Matt. Esto y…
—Mi polla, pero no hoy. Lo sé—Sus manos tomaron sus rodillas y su cara se hundió en su coño, y comenzó a lamer en una secuencia larga que cubría toda su raja—.
No tienes forma de saber lo exquisito que es tu coño, Cheryl.
Me maldigo por haber postergado tanto este placer—gruñó, y ella gritó, porque ahora la punta de su lengua trazaba ochos y un dedo se coló por la vulva, curvándose para buscar su punto G.
—Matt… Es…mucho … Ahhhh—gimió, y él continuó sin piedad.
—Quiero que sientas lo que podemos ser… Lo que seremos en la cama… Tú y yo, juntos. Es más que cama, pero es lo que quiero que avizores hoy. Lo alto que te puedo hacer volar. Joder, puedo correrme solo de mirarte—dijo con voz ahogada.
Se sentía arder, y el líquido preseminal había humedecido su bóxer. Batalló con la necesidad de meter mano en su entrepierna y masturbarse con la visión decadente de la hembra temblando de placer mientras la devoraba.
Esto era para ella; por ella. Una muestra, un regalo, y tenía que ser completo. Solo cuando estuviera segura de que estaba con ella sin barreras, sin exigencias, sin límites, podría bajar barreras mentales y entregarse.
Y ese era su objetivo final: su rendición, que sería el comienzo de una relación muy diferente a lo que había vivido nunca. Se había convencido de eso.
—Matt… Estoy cerca. ¡Ahhhh! Tan bueno, tan rico…
Sus manos envolvieron el cabello masculino, y apretaron su cabeza más adentro, exigencia no verbal a la que él accedió con gusto, trabajando en el divino centro de Cheryl, hasta que el temblor ininterrumpido y la elevación de las caderas le anunciaron el clímax.
Ella se arqueó y gritó, los ojos cerrados y la boca partida, sus rodillas apretando el rostro masculino, y él no dejó de follarla con sus dedos y lamerla hasta que los temblores disminuyeron y ella aquietó todo sonido y movimiento.
Luego se incorporó, ayudándola a sentarse, y la besó con suavidad, y con los ojos fijos en ella, se llevó los dedos a la boca y succionó con placer. Cheryl se estremeció y sonrojó.
—Hay muchos sabores deliciosos en la naturaleza, Cheryl, pero los de tu coño eclipsan a cualquiera, lo puedo jurar con propiedad. Podría comerte hasta el fin de los tiempos, y estoy seguro de que lo único que lograría sería ser más y más adicto.
—Ay, Matt, me haces sonrojar—murmuró ella, mientras sus ojos miraban con fijeza la entrepierna masculina, que tensaba la tela del pantalón con obscenidad—. Tú…
—No había tenido una erección tan brutal antes, y eso es decir—Sonrió—. Es más fácil contenerlas en mis pantalones cargo, joder.
—¿Quieres que…? —Se aclaró la garganta, mientras se acomodaba las bragas—. ¿Te ayudo con eso?
—Que oferta tan tentadora… Decir que no me implica un esfuerzo demoledor, no lo niego—Suspiró, y reacomodó su erección sin disimulo—. Pero no. Esta noche se trata de ti, Cheryl.
—Considero que me has dado… mucho, y bueno—dijo ella, y sonrió—. Joder, mira que es difícil dejarme sin palabras, pero te las arreglaste para hacerlo.
—Eso me pareció.
Recolectó la ropa que estaba desperdigada por el piso y se la acercó, inclinándose para darle un beso, y la ayudó luego a incorporarse. Ella se alzó sobre sus talones y le devolvió el beso con calor, con la vestimenta en los brazos.
—Voy a buscar una bata. No te vayas antes de que hablemos.
—Aquí te espero—le aseguró, y casi se corre ahí mismo cuando la vio alejarse con premura hacia el baño, su culo bamboleando.
Era una escultura de mujer, y sería suya. Suspiró y cerró los ojos para calmar a su polla. Su mano tendría tarea extra al regresar, y todas las imágenes nuevas serían combustible implacable para correrse en la soledad de su piso. Pero valía la pena, joder.
Ella regresó envuelta en la corta bata en la que la había encontrado la vez anterior, y sonrió al recordarlo.
—Matt… Estoy… Quiero agradecerte por todo. Esta noche… Fue genial.
Su rostro hermoso parecía brillar, y él sintió el peso de las emociones en su pecho. Vaya si había sido una noche especial.
—Lo fue, también para mí. Me complace pensar que te sorprendí y que me conoces un poco mejor.
—Así lo creo. Me gusta este Matt, mucho. También el otro, más compuesto. No el indiferente o jodido, pero entiendo que no eres tú realmente cuando actúas así.
—No, no soy así. Es un escudo. Pero te las arreglaste para desactivarlo.
—Yo traté de bajarlo, pero fuiste finalmente tú el que lo hizo, y vino por mí.
—Tengo la intención de venir por ti tantas veces como sea necesario. No importa cuánto me lleve. Siempre que me des un lugar a tu lado estaré determinado a darte el mejor de los momentos.
—Quiero que ambos disfrutemos juntos. Se me hace difícil pensar en caliente, pero quiero que sepas… Que quiero más de esto. De nosotros juntos, saliendo, disfrutando, conociéndonos.
—Perfecto. Me alivia saberlo. No siempre voy a poder sorprenderte—sonrió.
—Estoy segura de que nos la arreglaremos para encontrar qué hacer juntos. Se me ocurren algunas ideas. Tal vez podríamos hacer eso, dejar que la planificación de la próxima cita corra por mi cuenta.
La observó, y finalmente asintió.
—Creo que aún tengo camino pendiente para redimirme, pero solo el hecho de que me digas de que habrá una próxima es un alivio.
—Considerando que esta terminó tan bien, no sería inteligente no repetir, varias veces—dijo ella, y luego bajó la vista.
—Coincido—Él rio, asintiendo con la cabeza—. Es tarde, quiero que descanses. Tu pizarra llena de actividades me dice que tendrás unos días ocupados.
—Sí, así es—Ella asintió, y sonrió—. Como verás, mañana tengo cita con las chicas. Demás está decir que seré sometida a un tercer grado y querrán exprimir toda la información posible.
—Son un grupo de mujeres excepcionales, pero lo de cotilla se les nota a la legua—suspiró él—. Mis primos tienen suerte.
—Tus primos hicieron las cosas bien, luego de cagarla varias veces—afirmó ella.
—Confío en que cuando hagamos balance puedas decir lo mismo de mí.
—También lo espero. Tiempo al tiempo, vamos despacio.
—Despacio y seguro. Buenas noches.
Se inclinó y la besó con ternura, y ella se pegó a él con suavidad, y alargaron el contacto tanto como fue posible, hasta que él finalmente se despegó, con esfuerzo, y tomó la mano pequeña, besando sus nudillos.
—Hasta pronto, Matt.
La observó y asintió, cerrando la puerta tras de sí y esperando a que ella cerrara con llave para irse finalmente. No recordaba cuánto hacía que no sentía esta satisfacción, esta felicidad, y estaba decidido a que esta sensación fuera la constante, la norma, y no la excepción de su vida.