SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner DIECISEIS
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DIECISEIS

Se sentó y extendió las piernas, sus brazos cubriendo prácticamente todo el ancho del respaldo del sillón, algo más bajo de lo que le hubiera gustado, por lo cual su pierna pulsaba un poco.

Su vista se fijó en Cheryl, que estaba preparando café en la pequeña cocina, separada del resto del espacio por el mostrador.

Todo era estándar en los muebles y los espacios, aunque ahora que se fijaba mejor en los detalles, no como la primera vez, sí había destellos de su personalidad alrededor.

La mesita que funcionaba como su escritorio era puro color, con lápices y stickers, algunas flores y frases en la pizarra en la que ella al parecer llevaba la agenda.

Leyó con rapidez y le asombró ver lo ordenada que era; las notas estaban divididas y con colores de acuerdo a si eran finanzas, recordatorios, tareas del trabajo.

Siempre había pensado en Cheryl como caótica e impulsiva, pero eso al parecer era una de sus facetas. La mujer que esas notas mostraban era atareada, prolija y tenía sus números sólidamente controlados.

Ella se acercó con ambas tazas y le entregó la suya, y se sentó en el sillón al frente, y por unos segundos no hablaron, ambos reconcentrados y bebiendo el líquido.

Matt se acomodó para sentarse más al borde, e hizo una mueca cuando sintió un pinchazo en la pierna.

No era serio ni doloroso, o demasiado, simplemente un recordatorio de que ahí estaba.

—¿Cómo es que te molesta aún? Tenía entendido que te hirieron hace varios años.

—Así fue, pero el hueso quedó con alguna lesión. No voy a recuperar la totalidad del movimiento, al menos el que desearía, pero está bien.

—Te gustaría poder moverte a lo ninja para atender personalmente las amenazas de tus clientes—dijo ella, sonriendo.

—Mm, algo así. Solía ser uno de los mejores exploradores de mi escuadrón.

—No lo dudo.

Ella lo miraba como evaluándolo, y él se sintió tentado de desafiarla un poco.

—¿Ves algo que te gusta?

Ella entrecerró sus ojos y redobló la apuesta.

—No vas a lograr que me sonroje, Matt. Nada me mola más que elevar una apuesta, deberías saberlo. Veo algo… Alguien que me gusta mucho. ¿Qué hay de ti?

Sonrió, y la miró de pies a cabeza, procurando inyectar calor a su mirada.

—Lo que veo me encanta, obviamente. Me pregunto…

Ella se adelantó levemente, la taza aún en sus manos, y Matt se sintió tentado de estrecharla contra sí y no dejarla ir nunca. Entre sus brazos y contra su pecho era donde pertenecía.

—¿Qué?—susurró ella.

—¿Qué harás si te digo que me provoca besarte?

—Probablemente estaré encantada.

—Ah, la respuesta que anhelaba. Ven.

Extendió su mano y ella se incorporó, dejando la taza a un lado, y avanzó despacio para luego sentarse a su lado, sus muslos tocándose, mirándose y dejando que las respiraciones se imbricaran.

Matt la atrajo hacia él al envolver su cintura con uno de sus brazos, y su boca se abrió para atrapar la roja y deseable de Cheryl.

Lo primero que saltó sus sentidos fue la tibieza y suavidad de sus labios, y lamerlos con cadencia le permitió saborear el café.

Mordisqueó con suaves pellizcos el labio inferior y lo alternó con la punta de su lengua acariciando el mismo punto.

Ella emitió un suave gemido y él se separó apenas unos centímetros.

Quería comprobar en sus ojos que todo estaba bien, que podía avanzar, y ella lo aseguró al sonreír y luego avanzar sobre su boca, besándolo con firmeza, que ahondó más al abrazarlo por el cuello.

La pequeña lengua batalló contra su boca y la abrió sin problemas, porque Matt no podía pensar en algo más sensual que ella explorándolo.

El beso se apretó y se hizo intenso, largo, cálido, hasta que pronto ambos se devoraban, desesperados, y sus manos comenzaban la conquista de la piel más al sur.

El frenesí de estar conectados, de tener sus labios pegados y que ninguno sintiera la necesidad de cortar el beso era maravilloso, y no hizo más que aumentar la temperatura corporal de Matt varios grados.

Pronto su entrepierna parecía hervir, sus testículos duros y dolorosos, su polla en máxima alerta. Eso estaba bien, era la reacción natural a tanto estímulo; pero no le daría satisfacción hoy, decidió. Este tiempo era el de conectar, y el de entregar.

Ella era apasionada y candente, ardía como el fuego que era y lo atraía sin remedio, y Matt se sintió feliz. Se quemaría sin dudar en su calor, y agradecería al infinito, al Destino, a Dios o los dioses, a quien fuera, que ella, diosa terrenal, tuviera la generosidad de permitirlo a su lado.

La tomó por la cintura y la elevó sin esfuerzo, poniéndola en su falda, haciendo caso omiso a la pulsión de su muslo, casi inexistente frente a los dolores que la lujuria le hacían sentir desde su escroto.

Se concentró en encadenar besos desde el lóbulo de su oreja hasta el punto donde su cuello y hombro se unían, y luego por la misma senda ascendió a la mandíbula y volvió a su boca.

Una de sus manos la apretaba contra su pecho, y la otra comenzó a desprender su blusa, tan lento como fue capaz para permitir la reacción de Cheryl. No se imponía, sino que actuaba, y el que ella gimiera y lo acariciara de vuelta era la afirmación que lo hizo proseguir.

—Suave, tan suave—susurró sobre su boca a la vez que su pulgar y su índice se colaron por debajo del textil para acariciar su seno, y la fineza del brocado del sujetador no le impidió apreciar la dura roca que coronaba el generoso busto.

La acarició con abandono, pinchando y obteniendo a cambio un suspiro y un estremecimiento que él sintió hasta lo más profundo, porque las caderas femeninas se retorcieron y sus glúteos rozaron su polla. Ella lo percibió claramente, porque lo miró y mordió su labio superior.

—Estás… muy excitado—dijo bajito, su voz rasposa y algo tembleque que lo puso aún más, si cabía.

—Ignora al pequeño bastardo; quiere el control.

—¿Pequeño?—susurró ella, y luego se adelantó para morder su labio, y no hubo gentileza sino desafío en la acción.

—No en un sentido literal—rio él, y elevó sus caderas para que ella sintiera su hombría plenamente—. Apenas se mantiene cubierto, tratando de romper barreras para alcanzar lo que sabe es un premio mayor. Pero ignora que su amo tiene otra tarea esta noche.

Volvió a masajear su pezón, y maniobró para abrir toda la blusa y quitarla, a lo que ella ayudó como pudo, sin moverse un milímetro de su posición de privilegio sobre su polla.

Nada que Matt no pudiera controlar, aunque fuera a costa de rechinar sus dientes, manteniendo el loco deseo de pujar en ella a raya.

—¿Y cuál es esa tarea?—dijo, y de inmediato gimió, porque él tomó la parte delantera del sujetador y la colocó debajo de sus soberbias mamas, haciendo que estas se elevaran y los dos pezones, vueltos roca pura por la lujuria, destacaran de manera casi perversa.

—Hacerte gozar.

La instó a moverse sobre su falda, ayudando a sus piernas a colocarse a ambos lados de sus caderas, de forma de que la pelvis femenina estaba ahora contra su polla, y su cara estaba entre sus senos.

Los sostuvo y besó, y luego los empujó contra su rostro, haciendo el gesto de que se hundía en ellos, y ella rio echando la cabeza atrás, pero el sonido mutó cuando él reapareció y su boca tomó uno de los pezones y succionó como si la vida se le fuera en ello, alternándolo con los toques de su lengua delineando cada milímetro de la aureola.

Los grititos y movimientos casi frenéticos para que hiciera lo mismo con su homónimo lo deleitaron, y redobló la apuesta haciendo que sus dedos trabajaran de forma que los deliciosos pezones no estuvieran desatendidos ni un segundo.

—Ay, joder. Eso… Eso está poniendo todos mis puntos en alerta.

—Mmm, eso es bueno. Voy a querer saber…—trazó un camino con su lengua desde uno de sus pezones hasta la columna de su cuello, mientras su dedo índice hacía lo mismo desde el otro lado— cada uno de esos puntos.

Pero soy un explorador…—mordisqueó uno de los senos sin apretar ni dañar, y succionó queriendo dejar huella que marcara que esto era suyo—, y me gusta conocer todo de primera mano.

Ella se removía y gemía, sus brazos en los hombros masculinos, su boca temblando levemente, y Matt se sintió poderoso y excitado de poder despertar tanto placer en ella.

Y esto era apenas el inicio, pensó, sus manos bajando por las líneas curvas de su cintura y cadera y comenzando a desprender los botones de su pantalón.

Cuando lo logró, retrocedió para dar una buena mirada.

Ella era una vista para grabar en la retina por la eternidad: su faz sonrojada, sus labios hinchados de besar, los senos llenos y con dos marcas visibles que lo hicieron sonreír con perversidad.

¿Cómo había sido tan gilipollas de privarse de ella, de lo que era como hembra, como mujer, como pareja? No tenía explicación racional. Todo en lo que podía pensar su mente calenturienta y excitada era que la quería, que ella era suya y tenía que demostrárselo con hechos de aquí a la eternidad.

En eso estaba, claro. La tomó por los glúteos, que estrujó con gusto, y luego se incorporó con ella a cuestas, sin hacer un gesto a pesar de que toda la mitad inferior de su cuerpo dolía y hervía.

—¿Matt? No sé si estoy lista para que…—dijo ella con duda en sus ojos, pero él negó.

—No te voy a follar hoy, Cheryl, y no porque no arda en deseo, preciosa. Pero quiero probarte… Quiero que mi lengua haga la cata más extraordinaria de su vida. Estoy seguro de que estás mojada, probablemente chorreando tus jugos, y no puedo esperar a probarlos. ¿Me dejarás?

Ella hizo un sonido que fue como un chillido ahogado, y su piel pareció erizarse y enrojecer.

—Dios… Joder, pero que cochino eres, tío, pero como me pone que digas eso…