SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner CATORCE #2
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CATORCE #2

El viernes a las cinco de la tarde tenía todo arreglado y no cabía en sí de impaciencia por pasar a buscarla.

Vistió su jean y camisa nuevos, y una chaqueta sport liviana que se complementaba con sus zapatos.

Un look casual que lo hacía ver más joven y menos serio, aunque probablemente el nuevo corte de cabello y su barba arreglada colaboraban en ese sentido.

Manejó con calma hasta el apartamento de Cheryl y maniobró para aparcar en un puesto próximo a la puerta del edificio.

Bajó y se encaminó decidido para ingresar, cosa que hizo sin problemas porque el hombre que oficiaba de portero ese día le allanó el camino, alertado de su identidad por Cheryl.

Se miró en el espejo del ascensor, la tensión presente en su cuello y en la pierna de la herida, pero nada que no pudiera manejar.

Cheryl lo esperaba en el rellano de la puerta, y él contuvo la exclamación al apreciar cuan hermosa estaba.

Tal vez no era el atuendo más adecuado para la cita que había diseñado, pero lo resolverían.

Una blusa en color rojo sangre apretaba sus senos y resaltaba la estrecha cintura maravillosamente, y el escote, más osado que de costumbre, permitía apreciar los tentadores senos.

El pantalón en una tela brillante y caía suelto sobre sus pies enfundados en unos tacones de vértigo, que la elevaban varios centímetros y acercaban su boca roja más al nivel de Matt, que miró los pulposos labios con su garganta repentinamente seca.

Una imagen pecaminosa apareció en su mente, y la excitación hizo que su miembro tensara la tela que lo escondía.

Maquillada sin excesos, el rubor, las sombras de sus ojos y el labial no hacían más que potenciar los puntos más fuertes de una cara de por si hermosa.

Fue lo primero que le dijo luego de tomar sus manos y darle un beso casto pero un pelín más largo de lo esperable, en la mejilla, aspirando su aroma afrodisíaco, más exótico de lo habitual.

—¡Estás preciosa, Cheryl! Voy a ser el hombre más envidiado de la ciudad.

Ella sonrió, aceptando su halago con gracia.

—Estás muy guapo tú también, Matt. No te había visto vestir tan relajado. Te sienta bien.

—Gracias—Hizo una reverencia—. ¿Vamos?

Ella asintió, y se dejó conducir hasta el ascensor.

—¿Dónde vamos exactamente? No sabía bien cómo vestir, pero…

—Estás perfecta—le aseguró, y se inclinó para susurrarle—. Siempre lo estás, pero hoy…brillas.

El estremecimiento que la recorrió no hubiera sido percibible de no haber estado tan cerca, pero apreciarlo lo hizo sonreír. Eso quería; conmoverla, excitarla, demostrarle que podía hacerla vivir emociones y momentos de intensidad, y que ambos se beneficiarían de ello.

Le abrió la puerta de su coche y antes de cerrar, le dijo:

—Pensé en rentar una limusina y llevarte a un restaurante exclusivo, tomar el champagne más caro y el caviar o salmón más fresco. Pero luego se me ocurrió que ya habrá otro momento para ello. Quiero que nuestra primera salida sea inolvidable y nada tradicional.

—Esto te va bien—sonrió ella—. Y me parece genial, adoro lo descontracturado y las sorpresas.

—Eso pensé.

Condujo con calma y cuidado, para luego acelerar al tomar la autopista para dirigirse a su destino.

—¿Dónde me llevas exactamente?—inquirió con curiosidad, y él sonrió, mirándola con una sonrisa.

—Si te lo digo arruino la sorpresa. Y realmente quiero que todo funcione como lo planifiqué.

—Siempre el hombre organizado y en control.

—No, Cheryl, para nada. Puedo decirte sin mayor problema que corté cualquier intento de controlar lo que siento por ti.

—Suena… interesante—ella susurró.

—Me había resignado a esperar un buen tiempo por tu llamado.

—Sí… Digamos que no me tomó mucho procesar lo ocurrido y decidí que puedo meter mis pies en el agua y probarla, metafóricamente hablando.

—Aspiro a poder probar mucho más que eso, y no hay ninguna metáfora en lo mío—rio entre dientes, y la miró, chocando con su mirada inquisitiva.

—Eso de que muestres los dientes y parezcas humano es un poco intimidante—bromeó ella—. Pero te queda bien.

Él asintió, y sonrió, maniobrando para adelantar algunos vehículos.

—¿Cómo están las cosas con ese jefe tuyo? ¿Benny, Buddy, cómo es?

Ella dibujó una sonrisa y lo miró de refilón.

—Benjamín. ¿Qué quieres saber exactamente?

—Sigue interesado en ti, imagino.

—No lo sé bien, pero sabe que tengo un … admirador que me consiente con flores y citas.

—Excelente—gruñó—. Eso debería disuadirlo, a menos que tú…

—Pues yo creo que sí lo hizo, porque apenas lo supo me dijo que tiene otros intereses.

—¡Bastardo!—dio un golpe en el volante, con indignación. ¿Qué carajos tenía ese hombre en la cabeza? Si la había hecho pasar un momento incómodo iría por él y le retorcería el cuello—. ¿Te hizo sentir mal?

Ella rio echando la cabeza atrás, y él entrecerró los ojos ante la exquisita visión de su cuello largo y sin dudas suave como la seda. Se imaginó mordisqueando la fina piel, lamiéndola.

—No pasó nada, Matt. Es un hombre orgulloso y retrocedió antes de que hubiera la posibilidad de que le dieran calabazas. Habla de que no tenía tanto interés.

—El idiota se lo pierde, y es mi jodida ganancia, gracias al cielo—enfatizó, alegre—. ¿Puedo ilusionarme yo con esa noticia? ¿Implica una decisión favorable para mí?

—Eso está en evaluación, Matt.

La voz suave y su mirada intensa contenían promesas, decidió, y la cuota de confianza que necesitaba.

—No pido más que eso, por ahora.

Las luces del aeropuerto Bob Hope los recibieron, y se deleitó de reojo con la forma en la que ella miraba todo alrededor. Estacionó y se apresuró a ayudarla a bajar, tomando su mano entre las suyas y guiándola hasta el sitio donde los esperaba el gerente de la empresa aérea.

—Bienvenidos. Todo está listo, señor Turner.

—Excelente—Giró para hablar a Cheryl, cuyas mejillas ruborizadas marcaban su excitación—. Espero que te guste la primera etapa de esta cita.

—Yo… ¿Vamos a volar? ¿De verdad?

Asintió, y la tomó del codo para que siguieran al hombre que los recibió. Al salir a la pista Cheryl abrió su boca en una O grande, y él no permitió que se detuviera. La ayudó a subir al helicóptero y le colocó el cinturón de seguridad, chequeando que estuviera ajustado sin exceso.

Se detuvo a charlar brevemente con el piloto, que le comentó la ruta habitual y qué aspectos tener en cuenta para un vuelo nocturno.

Luego se sentó en el asiento del piloto y chequeó los controles, encendiendo el motor de inmediato.

La expresión ahogada a su lado lo hizo mirarla, y la sorpresa era obvia.

—Bienvenida al tour, preciosa. Nos elevaremos y disfrutaremos de la ciudad desde las alturas.

—Wow. Solo… Esto es increíble, Matt—La excitación hacía brillar sus ojos, y ella se llevó las manos al pecho cuando comenzaron el despegue—. No sabía que podías manejar un helicóptero—gritó, el ruido de las aspas haciendo la charla más compleja, y el asintió.

—Parte de mi entrenamiento. Me pareció que es algo que disfrutarías. La visión desde el aire es siempre muy distinta; otra perspectiva, y en la noche, más aún.

—Me encanta, Matt. De veras.

En pocos segundos estuvieron a cientos de pies de altura, y el contraste de luces y sombras se tornó hermoso.

Las exclamaciones de Cheryl eran maravillosas, y le indicaron cuánto estaba disfrutando el paseo.

Él se concentró en maniobrar y su disfrute estuvo en sentirse de nuevo en control y haciendo algo que lo distendía.

Cuidó cada detalle del itinerario para asegurar que viera todo lo que merecía ser apreciado, pero priorizó la seguridad, porque la carga que llevaba era preciosa, lo más valioso en que podía pensar.

—¡Mira, la torre Turner!—Ella tomó su teléfono, y grabó un audio, que le hizo menear la cabeza—. ¡Chicas, no van a creer esto, pero estoy volando por encima del edificio Turner!

Luego se tomó unas fotos y sus dedos volaron en el teclado.

—Les estoy enviando imágenes. ¡Van a flipar!

No pasaron más de unos cuantos segundos para que su móvil comenzara a volverse loco, y ella palmeó con deleite, pero luego de responder algunos, hizo un gesto de compostura y lo guardó en su bolso, tras lo cual recomenzó sus expresiones de sorpresa al observar cada punto de interés.

Fueron treinta minutos intensos, y Matt estuvo más que seguro de que había anotado su primer gol esa noche. Apenas aterrizaron y estuvieron en el suelo, ella lo envolvió con sus brazos y le dio un beso en la mejilla, y él aprovechó para tomar su cintura y retenerla un momento más.

—¡Fue hermoso, Matt! Nunca había viajado en helicóptero, y ver Los Ángeles así, desde tan alto y con tantas luces fue precioso.

—Me hace feliz que lo disfrutaras. Pensé que sería así, pero temí equivocarme. Ahora, ¿te parece si vamos por la segunda parte de la cita?

—¿Hay más?

—Claro que sí, hermosa. La noche es joven y luego de esta emoción, nos hará bien distendernos, y jugar un poco.

—¿Uh?—Ella lo miró, la interrogación en sus ojos.

—Noche de bolos, cerveza y pizza en el mejor lugar de la ciudad.

—¿Bolos? ¡Me encanta! Era la salida tradicional de mi familia. ¡Es increíble, como si lo supieras!

—Cheryl, ¿te acuerdas que tengo una agencia de seguridad? ¿Y que Jeff es el mejor hacker de la región?

Ella abrió la boca en un gesto de asombro que lo hizo estallar en una risa espontánea, algo poco común.

—¿Jeff me hackeó? ¿A mí, que le llevaba cupcakes de limón y crema? ¡Traición!

—Fueron órdenes, y tú sabes bien que mis hombres no son sino disciplinados.

—No puedo creer que me investigaras.

—Quiero darte lo mejor, lo que sueñas. No fue nada invasivo, lo prometo. Solo…

—Mi ADN, mi abultada cuenta bancaria, mis propiedades, mi talla de sujetador…—ella rodó los ojos.

La última mención lo hizo entrecerrar los ojos, y sonrió.

—Ese dato y otros los voy a obtener en terreno, preciosa.

—Veremos, veremos—canturreó ella, y se adelantó, moviendo sus caderas en un vaivén embriagador que erizó su miembro y le dificultó caminar.

La noche se presentaba mucho más promisoria de lo que pensó de antemano. Si continuaba haciendo las cosas bien, podría haber premios que solo se animaba a imaginar. Lo que recibiera de ella sería glorioso.