SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner CATORCE
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CATORCE

Matt vertió una generosa ración de whiskey y se dirigió a su sillón preferido frente al gigantesco televisor, dispuesto a mirar combates de lucha libre, su entretenimiento favorito.

Lo hacía de habitual, y ahora que tenía tiempo iba a disfrutar todo lo que podía, amén de que le serviría de distracción mientras esperaba que Cheryl diera señales de vida.

Se había hecho a la idea de que tenía que ser tan paciente como fuera necesario, pero eso no implicaba inacción, sino que, por el contrario, era oportunidad para ser creativo y rodear a la bella de detalles pequeños que le recordaran que él estaba decidido a recuperar su interés.

Estaba absolutamente determinado a crecer sobre sus errores y corregirlos.

Entre ellos había estado el que no se expresaba ni demostraba lo que sentía, y eso era lo que más la había herido. Por eso hizo su propósito el enviarle cada día un mensaje de texto que reflejara lo que sentía por ella, y si el primero no había tenido respuesta, no importaba.

Las flores fueron un recurso manido, pero no por ello menos efectivo, y estaba seguro que le debieron gustar. Enviarlas al trabajo había sido un poco excesivo, pero quería que ese mentecato de su jefe las viera y entendiera que había alguien que estaba dispuesto a conquistar a Cheryl.

Mañana sería otro mensaje, tal vez en forma de pregunta, para ver si ella mordía el anzuelo y respondía.

Verla había sido atizar su vehemente deseo de tenerla, y stalkearla por las redes no funcionaba mucho, porque las estaba usando menos, aunque se deleitó con las de su Instagram.

Su sonrisa fresca y limpia y sus ojos oscuros parecían llamarlo, y el deseo de abrazarla y volver a besarla hacía pulsar su pecho.

La distracción momentánea se evaporó cuando un movimiento de su mano hizo que pulsara el volumen de la TV y los comentarios de los reporteros se hicieron altos, exagerando la teatral caída de uno de los pugilistas, mientras otros dos ingresaban al ring y atacaban al caído.

Le gustaba la parte atlética de estas luchas, no tanto la representación que había en ellas, decidió, y se contuvo de apagar porque quería ver a Roman Reings en acción.

El público estaba especialmente efervescente esa noche, y cuando el gran luchador hizo su ingreso hubo un atronador aplauso y gritos que lo ovacionaron.

Matt se acomodó, más animado, y por espacio de unos veinte minutos se metió absolutamente en el show.

Al finalizar el combate se decidió a ir por una ración más de whiskey, y fue entonces que vio la llamada perdida en su móvil.

Cheryl le había llamado diez minutos atrás, y él se perdió la oportunidad.

Maldijo en todos los colores, y con excitación pulsó para devolver el llamado.

Sonó varias veces antes de que se activara el correo de voz, y dejó un mensaje breve.

Joder, parecía un juego de desencuentros.

¿Qué querría decirle ella? Probablemente agradecerle las flores, en principio.

Tal vez pedirle que la dejara pensar y que no la asediara.

¿Consideraría ella que era lo que hacía?

Para ser claro, lo era. Matt entendía que un buen ataque, premeditado y pensado, era la mejor forma de ganar; servía en combate, ¿por qué no en la vida diaria?

Él necesitaba que Cheryl lo tuviera en su mente a diario; quería ser lo primero y último en que ella pensara al levantarse y acostarse, respectivamente.

Quería que percibiera que podía ser sensible, romántico, detallista, y que no era simplemente un cateto con músculos, necio y frío.

Su cuerpo, sus brazos, generaban todo el calor del mundo para envolverla y hacerla sentir segura y protegida.

Matt se despertaba con ella en su cabeza, y esa infundía fantasías que hinchaban su polla y hacían doler sus testículos, acicateando el hambre de poseerla, de hundirse en ella sin tiempo.

Racional como él era de habitual, le enfurecía no poder domar sus instintos y que el deseo físico lo dominara hasta provocar acciones adolescentes, de niñato en celo.

Era francamente vergonzoso, pero no se controlaba.

La tensión que implicaba la esperaba y el ver una y otra vez sus fotos y pensar en ella para planear detalles lo tentaba y oscurecía su raciocinio, y su parte más primaria se volvía predominante.

Había tenido más encuentros con su mano izquierda de los que podía contar, y esto apenas comenzaba.

Se había corrido con su nombre en la boca en casi todos los espacios de su apartamento, y cada vez había sido igual de intensa, sus ojos cerrados convocando el rostro hermoso de la que lo desvelaba, sus senos, sus curvas.

Necesitaba que ella lo convocara, como la reina que era, para que él, mero vasallo de su reino acudiera con celeridad, esperando que hubiera decidido en su favor.

Estaba hecho un idiota consumado, esa era la realidad, y su cerebro consideraba ideas peregrinas para impresionarla, algunas bastante desesperadas y nada usuales.

Encadenarse, que fue lo que Hawk le sugirió en una llamada telefónica, no era lo suyo y era extremo, y ella no tenía vehículo al que pudiera cortar las cubiertas y que le permitiera aparecer con su auto casualmente para salvarla, como dijo Jeff.

Sus amigos usaban el chat de WhatsApp para cebarse con él y su situación, sugiriendo huevadas y dejándolo más frustrado.

El sonido del móvil lo hizo reaccionar, y suspiró con alivio al ver que Cheryl le había enviado un mensaje.

CHERYL: Muchas gracias por las flores. Son hermosas.

MATT: Me alegra mucho. Me pareció que te debía ese detalle, entre otros varios.

CHERYL: No tenías por qué, pero lo agradezco.

MATT: Sostengo lo que decía la tarjeta, y lo que te escribí en el mensaje anoche.

Aguardó un momento para ver si ella respondía, lo que no pasó.

MATT: Espero no haber ocasionado un problema con tu jefe.

Una total mentira; realmente quería que él las hubiera visto. No conocía al tipo, pero lo detestaba igual.

CHERYL: No exactamente, no.

Mmm, algo había pasado.

MATT: ¿Está todo bien?

CHERYL: Sí, aunque algo cansada. Fue un día complejo y con muchas idas y venidas. ¿Tú?

Sonrió. Que ella no cortara el diálogo implicaba que quería tomarse un tiempo con él, saber de él. Eso era bueno, se dijo. Pensó en qué contarle que no sonara urgido, pero tampoco desinteresado. No era lo suyo eso, pero tenía que hacer el intento.

MATT: Estoy bien. Solo, en mi casa, pensando mucho y planeando.

CHERYL: Emoticón de pregunta.

MATT: Esperando que me digas cuándo nos vemos, y planeando qué hacer para alegrarte y deleitarte, y que veas que voy en serio. Tratando de no joder mis chances, y sacando ideas de los lugares más impensados.

CHERYL: ¿Y eso?

MATT: Hawk y Jeff me dieron algunas ideas, pero implicaban cadenas y rotura de neumáticos, por lo que las deseché.

CHERYL: Hiciste bien. Suena un poco excesivo, pero ¿qué esperar del grandote? Emoticón de risa.

MATT: Por eso me decanté por lo más ortodoxo, las flores. Mañana podrían ser chocolates.

CHERYL: Realmente estás haciendo el esfuerzo. Me gusta la combinación de menta y chocolate. Emoticón de guiño de ojos.

Su boca se distendió en una sonrisa de triunfo. Ella no se negaba ni se cortaba, e incluso le daba estímulo para que la agasajara. Asintió para si, y decidió dar un paso más.

MATT: ¿Has considerado la idea de la cita?

Los tres puntitos marcaron que contestaba, y casi contuvo la respiración, hasta que esta apareció en su pantalla.

CHERYL: Creo que podríamos vernos este viernes.

Lanzó su puño al aire en señal de triunfo, y contestó como el viento.

MATT: Acabas de enviarme oxígeno, preciosa. ¿A las 6?

CHERYL: Es una cita.

MATT: Voy a pensarla muy bien. Quiero que sea perfecta.

CHERYL: Sabes que no soy exigente, no es necesario que te esmeres tanto.

MATT: Por el contrario, Cheryl. Es vital, y me esforzaré, porque tú lo mereces. Te voy a sorprender.

CHERYL: Suena excitante, Matt, en verdad voy a esperarlo con ganas. Buenas noches.

MATT: Buenas noches, Cheryl. Y gracias.

Se sentó otra vez, porque había estado caminando por todo el lugar mientras contestaba, y resopló, aliviado.

Tenía la oportunidad, ahora a pensar cómo aprovecharla.

Hacía mucho tiempo que no tenía que pensar cómo agasajar a una mujer.

Años de ligues ocasionales lo precedían, pero había sido un novio entusiasta en su momento.

Empero, los lugares a los que solía llevar a su ex no eran los que quería visitar con Cheryl. Muchos de ellos eran de un lujo impactante, aunque vano, y Cheryl era de las que prefería gestos significativos más que ostentosos.

Estaba dispuesto a poner todo de si para que fuera una noche inolvidable, el comienzo de muchas juntos, y para ello tenía que lograr que lo que sabía de ella le sirviera para elegir un lugar especial.

Se dirigió decidido a su escritorio y abrió la carpeta de archivos que Jeff le había enviado. Allí estaban fotos de la niñez y adolescencia, de sus padres, del rancho que estos tenían en Iowa, de sus salidas del pasado y la actualidad.

Ella era energía, autenticidad y ganas de divertirse sin mayores complicaciones. Había tantos lugares bonitos y tradicionales a los gue ir, sin duda seguros para una cita. Pero él quería más. Quería mostrarle lo que la vida con él podría ser, lo que la vida de ambos podría significar.

Una idea comenzó a perfilarse apenas a minutos de revisar todo, y sonrió, pensando en las posibilidades que esta tenía. Si lo lograba, estaba seguro de que sería una sorpresa para Cheryl, y a él le provocaba ilusión vivir momentos inolvidables y totalmente nuevos con ella.