TRECE #2
—Ese mismo. Sí—suspiró, y caminó para sentarse, el ramo aún contra su pecho—. Las circunstancias cambiaron, digamos… Unos ciento ochenta grados entre la mañana y la tarde de ayer.
Shirley tenía los ojos muy abiertos, y acercó la silla para quedar frente a Cheryl, escritorio por medio.
—Tienes que contarme, Cheryl. Sabes que tu historia de amor me conmovió mucho, y he estado tan triste por ti.
Ay, pero que bonita era esta chica.
—Pues mira lo que pasó. Es que si yo misma, que lo viví, no me lo creo todavía—sacudió la cabeza, y suspiró—. Jeremy me llevó a casa ayer. Sabes que no manejo y estuve hasta tarde organizando todo.
—No debiste decirme que me fuera, podría haber…
—Ya habías hecho lo tuyo, y más. El caso es que llegué y conversamos un poco. Él quería seguir, pero…
—El jefe está muy interesado en ti, Cheryl. No lo había visto estar tan al pendiente de un subalterno antes—le dijo con convicción.
—Es muy caballero. Encantador. Pero me sentía con ganas de estar a solas, ¿sabes?
Mi casa es como mi refugio, y le dije que me dolía la cabeza.
Luego de unos minutos golpearon mi puerta, y allí estaba Matt.
Se me movió toda la estantería, Shirley.
¿Ves cuando crees tener todo ordenadito, tu vida comenzando a rodar de acuerdo a tus planes, y un simple detalle te la detona?
Pues eso, fue verlo y volver a sentir todo.
—Nunca he estado así de colada por alguien, pero suena bonito—susurró Shirley, con ojos soñadores.
—No lo es tanto cuando eres la única danzando—gruñó—.
Así creí que era, pero él entró y en cuatro o cinco frases me puso a girar—Se adelantó, y colocó el ramo sobre la mesa para no apretarlo—.
Me dijo que le intereso, mucho. Que fue indiferente porque temía intentar algo y fracasar.
Su herida y su pasado lo afectan más de lo que pensé.
Quiere que le dé una oportunidad para demostrarme que soy la mujer de su vida.
Está dispuesto a redimirse, eso dice, palabras más o menos.
Finalizó el sucinto reporte, y se maravilló de poder verbalizar en pocas palabras lo que le estaba comiendo el alma.
—Cheryl… Eso es…—el rostro de Shirley era de pura ensoñación, las manos en su pecho—. Eso es lo más dulce que escuché en la vida real. Si parece una novela, joder. Perdón, perdón.
Se disculpó, sonrojada por el exabrupto, pero a Cheryl le encantó verla distendida y siendo ella misma. Ser tan compuesta siempre tenía que ser agotador.
—Por instantes me siento girando en un carrusel, sobre un caballito de colores, con algodón de azúcar en la mano y girando al compás de una música que es como un hechizo, por tonto que parezca.
Tengo ganas de gritar que esto es la felicidad total, pero me fuerzo a bajarme y a respirar hondo y pensar.
Tengo que mantener la cabeza sobre los hombros y actuar como adulta.
—Pero, ¿por qué? No entiendo, ¿no es esto lo que quisiste todo este tiempo?
Su incomprensión era clara, y lo entendió perfecto, porque era en parte lo que ella también sentía.
—Lo es. Pero me da miedo que no sea verdad, que sea una fase. Matt actuando en base a algo que no tenga asidero a largo plazo.
—No parece tener el perfil para eso. Al menos, de acuerdo a como me lo describiste.
Tenía razón; así se lo había dibujado: apuesto, un hombre intenso, pero con metas, responsable, honesto.
—Supongo que no. Pero hasta ayer pensaba que no tenía palabras, y me hizo una declaración que casi me derrito allí mismo. Hay facetas de él que no conozco, que no me mostró jamás. Vi de él lo que quise y pude, lo que él me dejó ver.
—Y a pesar de que no fue su lado más gentil, te enamoraste—sentenció Shirley—. ¿Por qué no confiar que te falta conocer su faz más bonita, la que te hará volar la cabeza?
—Inseguridad. ¿Qué pasa si no sé cómo dejarlo atrás si me deja? Me arranqué de su vida con esfuerzo hace unos meses. Me va a romper el corazón cuando… si lo hace en un tiempo.
—Pareces convencida de que lo hará. ¿Por qué?
Se mordió la mejilla. ¿Por qué, en verdad? ¿Por qué estaba casi convencida de que no habría felices para siempre? Porque no te tienes confianza, maja. El tema aquí eres tú, no tanto él. No crees poder sostener su interés y cariño en el tiempo.
¡Jolines! ¿En qué momento había perdido la autoestima que la caracterizaba? ¿La confianza en sí misma que la había hecho dejar atrás su Iowa y el rancho donde sus padres la sobreprotegían?
Tal vez nunca fue verdadera confianza, sino bravata ayudada por un cerebro ágil y una fachada de seguridad y picardía.
—Creo que soy bastante menos segura de lo que parezco—susurró.
—Cheryl, entonces creo que hiciste bien—La miró, sin comprender—.
Necesitas tiempo para ir a tu ritmo, y eso es obvio porque desconfías.
No veo nada malo en salvaguardar el corazón un pelín, al menos hasta que se demuestre que lo puedes entregar sin barreras.
Y él lo aceptó, lo que también es bueno.
Tiene mucho por demostrarte, aprovecha y hazlo trabajar para tenerte. ¡Es excitante!
La boca de Shirley se distendió en una sonrisa luminosa, y Cheryl se sintió contagiada. Tenía razón. Debía dejar que Matt se esforzara y disfrutar lo que le estaba pasando.
El golpe en la puerta abierta y la figura de Benjamín ingresando desarmó el momento, y Shirley se incorporó con celeridad.
—Cheryl, ¿cómo estás de tu jaqueca? Me imaginé que te tumbó de inmediato cuando no contestaste mis mensajes.
—Uh, sí, Benjamín, lo lamento. Pero está todo bien ahora, y estoy lista para que revisemos la cuenta de Masterson.
—Perfecto—Él se acercó y su mirada se detuvo en el ramo de flores, y su ceja se enarcó—. Veo que alguien te envió flores. ¿Un admirador? ¿Lo conozco?
La miró con curiosidad, y Cheryl mantuvo su faz inalterada. Tomó el ramo y lo extendió a Shirley.
—¿Me las pones en un jarrón, por favor?—luego volvió su rostro a su jefe—. No creo lo conozcas, no. En relación a Masterson…
—¿Debería preocuparme?—le inquirió, acercándose un poco más, haciendo caso omiso al obvio gesto de Cheryl de quitar foco en las flores y a la presencia de Shirley, que se dirigió a la salida y le hizo un gesto con las cejas a Cheryl, su asombro claro.
—No te entiendo—lo miró.
—Creí que las dos citas habían significado que estabas interesada.
Su rostro no perdía su gesto distendido, y Cheryl no supo si estaba molesto, intrigado o simplemente preguntaba por curiosidad.
—Mmm. Veamos… Me pareces un jefe generoso y amable, encantador y buen mozo…—Se removió nerviosa, segura de que esta conversación tenía algunos visos de incorrección. No era bueno confundir ámbitos, eso creía—. La pasé muy bien ambas veces.
—Eso creí—Sonrió, confiado en sí mismo.
¿Por qué no, si era encantador? No debía estar habituado a que le dieran calabazas. Tenía que ir con pies de plomo. Él le gustaba, pero estaba comenzando a ver que no como para iniciar algo sentimental. No podía pensar más que en Matt, como de costumbre.
Y no era inteligente dar alas o alentar expectativas que no atendería a su jefe si no quería que su labor se viera comprometida. Resopló mentalmente. Hasta ayer hubiera jurado que Benjamín y ella podrían tener algo sólido, en un futuro. Hoy, la situación era diferente.
—El caso es…—Carraspeó—. No sé si es astuto esto de confundir lo laboral y lo personal.
Él la miró con fijeza, como evaluando y tratando de leer más en su rostro. Sonrió con toda la dulzura que pudo.
—¿Temes que pueda atraer la ira de mi padre, o del resto de los asociados?
Esa era una posibilidad, y también una salida.
—Sí, en parte es eso. Pero también es que creo que tú has de tener mujeres más interesantes, y yo… Bueno, el caso es que sí tengo un admirador, y… Es más que eso…
Se enredaba con las palabras, pero quería ser honesta. La sonrisa de Benjamín se hizo menos ancha, y sus ojos la observaron con algo que le pareció calculador. Luego de unos segundos él asintió, y suspiró con afección.
—Es verdad lo que dices, Cheryl. Espero no haberte confundido, querida.
En verdad mi trabajo consume la mayor parte de mi tiempo, y mi compromiso con la firma de Masterson es porque la hija del socio principal es una de mis más dilectas amigas.
Estamos en un impasse, en verdad, porque ambos creemos que puede ser más que amistad, claro.
Se lo dijo adelantándose, como si le confesara algo que nadie sabía. Cheryl asintió, y sonrió con falsedad. ¿Qué carajos acababa de pasar?
—Te espero en la sala de juntas, Cheryl. Cité a mi padre y otro de los socios para que vean tu análisis de la cuenta.
Asintió, y lo observó salir. Apenas pasaron segundos, y entonces Timmy, el secretario del padre de Benjamín ingresó sin golpear. Era un descarado y cotilla, además de aprovechado, y lo miró con el ceño fruncido. La sonrisita de él la desconcertó.
—¿Quieres decirme algo de la reunión?—lo interrogó.
—No. Es solo que… Escuché tu conversación con el jefe, sin querer—Levantó las manos, como disculpándose, y Cheryl rodó los ojos. Si, como no—. Eres la primera que casi le da calabazas, pero el jodido se adelantó—Sonrió, y le hizo un guiño—. Te diste cuenta, ¿verdad?
¿Uh? ¿Eso había sido? Su cara la debió denunciar.
—No te percataste. Hija, mira que eres lerda. Pero te perdono, porque el hecho de que no quieras ligar con Benjamín te hace mi nueva favorita—Él sonrió, y se adelantó—. Pensaba que estabas tratando de aprovecharte de él para ascender la escalera, pero veo que me equivoqué, y me alegro.
—Me alegra que te alegre—dijo, suspirando—. Ahora, ve, trabaja, y deja de pasar tu tarea a los demás—lo instó.
—Me ofendes—hizo un gesto dramático—. Por otra parte, no le debe haber gustado nada, en el fondo.
Es orgulloso, y su cuasi romance con la Masterson fue real, aunque quedó diluido luego del gran fiasco que fue el juicio que puso tras las rejas a su primo—Timmy miró atrás para chequear que no había moros en la costa, y luego agregó—.
Se vienen vientos complicados para el bufete.
Todo este trabajo que hiciste tal vez no sirva de nada si el gran jefe Masterson se va con todos sus millones a otro lado.
Sus gritos en el despacho de mi jefe fueron dramáticos.
Bueno, me voy, que salí por un café para mi jefecito. Ciao, niñata.
Cheryl hizo un gesto de saludo y quedó rumiando lo que le acababa de decir.
Primero y principal, ¿en verdad Benjamín era tan vano que la simple posibilidad de que ella le fuera a decir que había otro que le interesaba más lo hería?
Y si tenía algo con esa mujer, la tal Masterson, debería haberlo dicho.
Por lo que veía acababa de zafar de darse un buen golpe emocional con él.
Segundo, ¿tendría razón Timmy sobre los Masterson?
Esperaba que no, porque los números que estos manejaban eran millonarios y realmente sus jefes se beneficiaban de representarlos en la Corte, y una de las razones de su contratación en el bufete era el volumen de trabajo.
Esperaba que esta burbuja no se pinchara.