NUEVE
El sueño había sido reparador, y Matt agradeció que la actividad física lo agotara, porque las últimas semanas había tenido dificultades para apagar su cerebro.
Pero había logrado descansar y su mente funcionaba ágil hoy.
Aunque esto tal vez también tuviera que ver con las dos tazas de café negro colombiano que su cafetera sofisticada, cara pero efectiva, ya le había provisto.
Con la agenda abierta, repasó todas las asignaciones en curso y las que comenzaban en los próximos días.
Su disciplina había hecho que tuviera todo dispuesto de antemano, los horarios y posiciones establecidas para las próximas dos semanas, y esto le daba oportunidad para ejecutar lo que había pensado como si fuera una misión del trabajo más.
La contratación de nuevos hombres había sido una excelente idea, y estos respondían muy bien, por lo que las tres principales tareas de la agencia en los siguientes días marcharían sobre ruedas.
Encargaría a Joe la supervisión de lo pendiente, decidió.
Era el que tenía la capacidad para lidiar con la gente y sus colegas sin problemas, y sabía que lo cubriría sin dudar.
Dos semanas fuera de su entorno habitual, lejos del trabajo y los hombres que lo contenían y daban rutina era algo que no había considerado antes, pero el desafío adelante bien valía que lo hiciera.
Suspiró y envió mensaje a Joe haciéndole saber que a partir de la siguiente jornada estaría a cargo, y esto derivó en la repregunta inevitable.
JOE: ¿Estás bien, Matt? Debes estar muriendo, porque de otra forma no comprendo…
MATT: Estoy bien, idiota. Tengo asuntos de los que encargarme.
Pretendió saldar las dudas con esa frase lapidaria, pero era demasiado pedir que el bastardo no lo expusiera. El chat del grupo estalló a los pocos minutos, y Matt enrojeció al leer los mensajes.
JOE: Matt se va a tomar un tiempo personal. Están bajo mi mando, capullos. Emoticón de diablo.
HAWK: ¿Tiempo personal? ¿Qué carajos significa eso?
JEFF: Matt se va a la caza de una pequeña presa que se escapó del redil. Emoticones de caras sonrientes, varias.
JACKChicoNuevo1: No sabía que Matt era cazador. ¿En qué zona lo hace? ¿Caza mayor?
El pobre novato no entendió el diálogo subterráneo y entró directo por el aro para hacer la miseria de Matt mayor.
HAWK: Caza gacelas en el Downtown. Es la única presa que nuestro jefe desea, en realidad. Y dada la urgencia que parece tener ha de estar por salir de su radar, u otro cazador la ronda.
JEFF: Esperemos que el arma de nuestro amado líder esté cargada y dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias. Dios sabe que tuvo la pólvora mojada por meses.
MATT: Si siguen hablando de mí como si no estuviera aquí les haré notar la precisión de mi Glock, bastardos. Es inconcebible que veteranos condecorados de guerra no tengan más que hacer que involucrarse en mis asuntos personales.
JOE: En buena hora lo hacemos. Este cambio es producto de nuestra pequeña intervención, estoy seguro. Me alegro de que recapacitaras.
MATT: Basta de chácharas. Tienes el archivo con la agenda de las próximas dos semanas en tu correo, Joe. El resto de ustedes, todo lo que tenga que ver con guardias y aspectos laborales, se dirigen a él. Jeff, a mi oficina, ahora.
JEFF: ¡En camino!
HAWK: Mantén al grupo actualizado, Matt. Tenemos una apuesta en marcha, y mis fichas siguen contigo, a pesar de que ya me has hecho perder dinerales.
MATT: Entrenen y trabajen, bastardos, que para eso les pago.
Como si no fuera suficiente con su propia presión interna, se le agregaba la de sus amigos. Resopló, y se mesó el cabello con vigor. Era hora de cortarlo, se dijo, aunque no le molestaba, a decir verdad. ¿Le gustaría a Cheryl así, o preferiría su estilo anterior?
Consideró el asunto, así como la fugaz idea de hacer algo por su vestimenta.
Todo lo que tenía eran pantalones cargo, camisas, sudaderas y chaquetas informales, y algún traje para ocasiones especiales, como custodiar a sus protegidos a fiestas o eventos de importancia.
El golpe y posterior entrada de Jeff no cortó su indecisión.
—Jefe, acá me tienes.
—Jeff, ¿crees que debería hacer algo con mi persona?
—¿Algo?—Pareció confuso, y luego sonrió—. ¿Con tu aspecto físico, dices? Caray, esto es más serio de lo que creí.
—Contesta, necio.
—No eres el bastardo más bonito que he visto, pero no estás mal. No arriesgaría mi masculinidad por ti, pero…—lanzó una carcajada—. Matt, estás bien. Cheryl te conoció y te admiró así.
—No estoy tan seguro de ello. ¿Era tan obvia su atracción por mí, o la imaginé? No quisiera tirarme al agua con la idea de que ella…
—No hay dudas, Matt—Jeff rodó los ojos—.
Cheryl es encantadoramente caótica y nada sutil, y eso es parte de su atractivo, creo yo.
No tiene vueltas y es honesta a rabiar. Tiene la cara más transparente que he visto, amigo.
Demoraste demasiado en entender el tesoro que tenías enfrente—le indicó, más serio, mostrando su verdadero pensar, que solía esconder detrás de su máscara burlona y frívola.
—Lo sé, ahora lo sé, y estoy decidido a ir por ella y resarcirme. La verdad espero no cagarla, y que no sea tarde. He estado pensando en cómo hacer, y se me ocurrió que debo proceder como mejor sé, que es recurriendo a mis fuentes de información y a la estrategia.
—Cheryl no es una misión, Matt.
—Lo es ahora, Jeff. Quiero que busques todo lo que puedas sobre ella. Dirección actual, su trabajo, sus jefes y compañeros de trabajo, en especial un tal Benjamín.
—No me parece ético espiarla, ella es mi amiga también.
—¿Quieres ayudarme? Esa es la forma, Jeff. Me perdí de mucho en mi afán de no comprometerme y…
—No logro entender eso. Ninguno de nosotros, Matt—aprovechó para inquirir, y Matt bufó.
—Estuve mucho tiempo convencido de que no soy merecedor de una mujer así. Mis fallas… No logro superar del todo mi cojera, y la humillación a la que mi ex me sometió.
—Deberías tenerte en mayor estima, Matt. Nosotros te consideramos uno de los mejores hombres que conocemos, y tú eres consciente de que tu pierna no es obstáculo para nada. Cheryl jamás focalizó en ella, ni creo que le importe un ápice tu ex, a no ser para denostarla.
—Algo de eso está entrando en mi cabeza, básicamente porque la quiero a mi lado. Haz lo que te digo, Jeff, necesito tu talento de hacker en esto. No busco secretos oscuros, ella no los tiene. Busco una grieta por donde entrar, y conocer de antemano a mis rivales.
—No los tienes.
—No lo sabes. Ella es obcecada y decidida como nadie, y si se propuso dejarme atrás, lo hará, a menos que lo evite.
—¿Qué harás?—sonrió Jeff—. ¿Ponerte una capa y salvarla de todo hombre que no seas tú?
—Tú dame la información que necesito y yo veré cómo actúo.
—No te acerques a ella de improviso—Le guiñó el ojo—. Nuestra chica no procesa bien las sorpresas y tiende a responder con violencia.
Matt sacudió su cabeza y le hizo una seña para que se retirara.
No pudo, sin embargo, evitar sonreír. Ella era energía y fuego contenidos en un cuerpo seductor, sociable y humana, caótica y pasional.
Opuesta a él, o a lo que mostraba exteriormente, porque en realidad adentro suyo también bullían pasiones intensas.
La disciplina le permitía controlarlas y no filtrarlas, pero esto cada vez era más difícil, e incluso, tal vez, innecesario. Quería mostrarle a Cheryl cuan ardiente podía ser, cuanto podía cambiar su carácter cuando le daba salida y le permitía expresarse.
Era como un volcán inactivo que poco a poco se aprestaba a hacer erupción, y le inquietaba pensar si podía evitar quemarse en su propio fuego. Como fuera, estaba decidido. La única manera de cambiar el paisaje de su vida era permitir la explosión, y el catalizador era Cheryl.
No pasó más de una hora y Jeff le estaba pasando la información que le había solicitado, y con creces, estados financieros de ella y su familia incluidos.
No era algo en lo que hubiera pensado, y de lo que se avergonzó.
Él tenía un pasar más que bueno fruto del dinero de su familia, y no había considerado cómo vivía Cheryl.
Habituado a verla alrededor de Avery y las esposas de sus primos había considerado que también provenía de una familia de dinero.
Lo que la información de Jeff mostraba es que provenía de una familia de clase media baja del Iowa rural que manejaba una granja no muy grande y con hipotecas.
Aunque le tranquilizó ver que los grandes números no mostraban rojos, fue revelador ver la historia laboral de Cheryl mientras estudiaba.
Había detracciones impositivas de varios empleos, que incluían restaurantes, empresas de lavado de mascotas y rescate de animales, recepción de locales comerciales y profesionales.
Era realmente impresionante que ella hubiera trabajado tan tenazmente mientras estudiaba y se las arreglaba para tener su título de contadora.
Recordó con claridad el momento en que ella había venido feliz y con una botella de champagne a la agencia para contarles que había terminado su carrera y le entregarían el título.
Ella vino, pensó, con remordimiento y un dolorcito en el corazón.
Claro, siempre había sido así entre ellos.
Ella venía, ella proponía, ella empujaba.
Sus amigas habían hecho un festejo en una de las casas, hizo memoria.
En la de Tina, recordó, y lo habían invitado, pero él desechó la oportunidad.
Por ello Cheryl fue a la agencia. Todos la habían felicitado, e incluso Joe le había entregado una de sus medallas en forma de reconocimiento, entre risas, que él dejó atrás para encerrarse en su oficina.