SERIES COMPLETAS. Hermanos Turner. Agencia Turner SIETE
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SIETE

Se sumió en el trabajo y, como de costumbre, este la relajó e hizo que las horas pasaran sin sentir.

Cuando Shirley se asomó para invitarla a almorzar juntas, le pidió que le trajera un sándwich vegetariano, porque quería terminar lo que estaba ejecutando.

Minutos después un golpe en la puerta la sorprendió y una sonrisa distendió su rostro al ver a su jefe, Benjamín.

Este era guapo en el sentido más tradicional del término.

Alto y atlético, el traje a medida se plegaba a su cuerpo y lo lucía con la solvencia de un modelo profesional.

Rubio, de ojos azules y sonrisa de dentífrico, complementaba su apostura con un encanto personal innegable que lo hacía el preferido de muchos de los clientes del buffet, aunque no fuera él quien se encargaba de los litigios.

Había escuchado el cotilleo de que ser el hijo del socio mayoritario de la firma de abogados fue la razón para obtener el cargo de Jefe de contaduría, pero los empleados coincidían en que se desenvolvía con capacidad, y ella era testigo de que el hombre era profesional.

—Cheryl, pensé en invitarte a almorzar. ¿Qué me dices?

Ella sonrió y asintió, incorporándose y alisando la falda tubo. Era la ocasión perfecta, una instancia para salir juntos sin la presión que implicaba una cita, con todos los convencionalismos alrededor.

Podría analizar cuán cómoda se sentía a su lado y conocer más de él. Seguro que Shirley entendería y le guardaría su almuerzo en el refrigerador.

—Muy bien, acepto. No será un almuerzo muy largo porque, como ves, tengo trabajo acumulado.

—Temo que soy en gran parte culpable.

Él hizo un gesto contrito, pero la comisura de sus labios se distendió en la sonrisa que era su marca registrada, una entre seductora y juguetona que barría enojos o suspicacias.

—No me estoy quejando, para nada.

—Lo sé; eres una trabajadora incansable y eficiente. Esta empresa ganó tremendamente con tu contratación.

Cheryl no estaba acostumbrada a los halagos, y este la hizo sonrojar.

—Te lo agradezco, Benjamín. Estoy encantada con este puesto y doy lo mejor para responder a la confianza que depositaron en mí.

Tomó su bolsa y pasó delante del hombre que galantemente la condujo afuera con su mano apenas rozando su espalda baja.

—Me tomé el atrevimiento de reservar una mesa en el restaurante del edificio.

No te preocupes por el tiempo, porque además de charlar y averiguar todo lo que pueda sobre ti—le guiñó un ojo—, estaremos tocando algunos puntos de trabajo.

Tengo una asignación importante para ti que deseo explicarte en detalle.

—Por supuesto—señaló ella, interesada.

Cuando el ascensor cerraba sus puertas una mano las detuvo, y la presencia poderosa y grave del padre de Benjamín se impuso en el pequeño espacio. Cheryl se cuadró un tanto tensa, y respondió con un leve gesto de su cabeza al saludo distraído del hombre.

—Te vas temprano, padre—señaló Benjamín, que esperó a que su padre oprimiera el botón de la planta baja y no hizo nada por elegir el que llevaba al piso donde estaba el restaurante.

Cheryl supuso que no quería que su progenitor supiera que la había invitado a almorzar.

No había una política que estableciera que no podía haber relaciones personales estrechas entre colegas,y esa era la razón por la que no había desestimado los educados avances de Benjamín, pero entendió perfectamente que este no quisiera evidenciar frente al gran jefe algo que ni siquiera tenía nombre.

No había nada entre ella y Benjamín. No todavía. No sabía si lo habría.

—Tengo una reunión con un cliente del distrito sur—contestó el abogado, para luego agregar—. Asegúrate de que los números estén listos para el viernes.

—Así será, padre. Nos vemos esta noche.

Una vez que las puertas del ascensor se abrieron, el hombre se retiró sin mirar atrás, y Benjamín pulsó el botón correspondiente y la miró, sonriente.

—Mi padre es un hombre chapado a la antigua, algo estirado y adicto al trabajo, pero no hay nadie a quien quisiera parecerme más.

—Que sientas eso habla muy bien de él; implica que te ha dado un gran ejemplo y que lo quieres.

—Sin dudas. De hecho, esos números de los que habló corresponden a una cuenta muy importante de la empresa, una que quiero que me ayudes a desarrollar. Pero lo hablaremos una vez que tengamos algo en el estómago.

—Me parece muy bien.

Se dejó guiar a la mesa reservada. El restaurante era muy exclusivo y con una vista espectacular de todo el Downtown. Cheryl pudo incluso ver el edificio propiedad de los Turner y un poco más lejos aquel en el que había vivido hasta que Avery se había casado.

Era un apartamento precioso que aún extrañaba, pero que no podía mantener sola. Su nuevo lugar estaba más lejos, era más pequeño y adecuado a sus necesidades y ella había procurado convertirlo en un refugio hermoso que la esperaba todas las tardes.

—Es una vista preciosa. Pero no la única, por cierto—señaló Benjamín con una mueca pícara y los ojos clavados en ella, que carraspeó nerviosa.

Ser objeto de la atención de un hombre tan elegante y buen mozo era un subidón. Él atraía por igual las miradas de hombres y mujeres, los primeros probablemente notando el aura de poder y riqueza que ostentaba, las féminas atraídas por su atractivo y sensualidad.

Era diferente a Matt, que era poderoso y seductor en otro sentido mucho más enervante y primario. Deja de pensar en Matt, estás con Benjamín. Y en él debes concentrarte, joder.

Hizo su mayor esfuerzo por no perder detalle de la charla amena y de la exquisita comida que él ordenó por ella, adelantándose a su elección, asegurándole que le encantaría el plato seleccionado, y tuvo razón.

Benjamín era un hombre charlatán, pero en el buen sentido, agradable y de esos que hacían de una simple descripción una delicia. Las anécdotas de sus viajes fueron hilarantes y atrayentes, como si las viviera ella por la pasión que él imponía al relato.

En verdad podía ver por qué todos coincidían en que era encantador, y aunque monopolizaba la conversación y en cierta forma hacía que esta versara básicamente sobre sus asuntos, esto era algo que no molestaba a Cheryl, pues le permitía observarlo y pensar.

Benjamín era en esto también el total opuesto de Matt, que era parco y cortante, al menos con ella, y en los diálogos entre ambos el peso de la charla siempre había estado del lado de Cheryl.

Era más certero decir que habían sido monólogos de ella y gruñidos masculinos en respuesta, aunque no podía afirmar que Matt no atendía.

Varias veces la había sorprendido con algún dato que complementaba lo que ella expresaba, o una corrección a su discurso que demostraba que la escuchaba.

No se enredaba en su diálogo, no la fomentaba, pero no la desechaba.

Tía, deja de ser una empollona y pensar constantemente en ese hombre, se instó, y luego debió hacer un esfuerzo para evitar rodar los ojos ante su tontera.

Cuando encontró un hueco inquirió a Benjamín sobre la nueva tarea que este comentó que pretendía asignarle, y él se abocó con entusiasmo a contarle sobre una empresa que era una de las más importantes para la firma y que tenía litigios de forma constante.

—Es un conglomerado enorme que de habitual tiene dificultades con empleados y competidores—agregó—.

Apenas lleguemos le diré a Timmy que te envíe los archivos digitales, pero también carpetas con información física.

Quiero que las revises y veas que no haya errores o huecos en los registros.

Es tarea de rutina que normalmente hago yo, pero valoro tu disposición, entusiasmo y conocimiento, por lo que quiero darte esta oportunidad.

—Lo haré encantada, te lo aseguro.

Así era. Que Benjamín pensara que ella podía con una tarea así demostraba confianza, y la hacía sentir aceptada y segura.

Una concesión así a poco de haber comenzado a trabajar en la empresa era formidable, e implicaba comenzar a lidiar con los pesos pesados de la empresa.

Eso alentaba sus esperanzas de consolidarse y crecer en su trabajo.

Le encantaba la generosidad y apertura de Benjamín, así como la seguridad en sí mismo que exudaba. Era un hombre por demás interesante y guapo, y ella podía imaginarse con él algún día.

Cualquier mujer alucinaría con la posibilidad, claro, y que sus ovarios no estallaran ante la idea tenía que ver con la intoxicación con Matt, una que su cerebro todavía no drenaba.

Pero eso llegaría, eventualmente, y ella tenía que trabajar en pos de ese objetivo.

Por lo pronto, se sentía cómoda en presencia de su jefe, disfrutaba de la camaradería, y era lindo sentirse la envidia de todo un salón, porque a pesar de lo sofisticado del restaurante y la asistencia de finas damas con sus esposos, o amantes, vaya uno a saber, los ojos femeninos se detenían más de un segundo en su atractivo jefe, que desplegaba encanto a diestra y siniestra.