CUATRO
Verlo otra vez era una prueba que sorteó apenas, su interior a punto de quebrarse y su corazón queriendo gritarle que él la había empujado fuera de su vida. Pero el encuentro no fue más que otra muestra de la indiferencia masculina.
Ni se molestaba en ser amable, o gentil. Se negó a dejarse envolver por la ilusión de que su nuevo aspecto lo había shockeado para bien, como creyó ver en sus ojos. Ya había fantaseado demasiado con sentimientos que no existían en el pecho de Matt.
Darle la espalda y ampliar una sonrisa para sus amigas, fingiendo que no estaba conmovida o afectaba le costó horrores, y no era tan naive como para no saber que ellas no lo sospechaban, pero no cejó en su intento de aferrarse a su relato.
Ella estaba en camino a ser otra, su vida enfocada en aprovechar al máximo su nuevo trabajo, que adoraba, y las nuevas presencias en su vida. Como su jefe.
—Mujeres—se frotó las manos, y su gesto pícaro—. Vamos a darnos el gusto semanal, que para algo restrinjo mis calorías los otros días.
Tomó una confitura y la mordió, cerrando los ojos con deleite. Su gesto desencadenó la orgía de gemidos y gestos de placer, y durante unos minutos solo hubo disfrute, pero era obvio que esto no podía durar.
—Muy bien, desembucha—dijo Avery, limpiando su boca con delicadeza—. ¿Qué es esta frialdad con mi primo luego de que estuviste meses bebiendo los vientos por él?
—Mmm—asintió Tina—. Durante meses y meses fuiste una más en la agencia. Y al parecer, desapareciste como si te hubieras esfumado en el aire, si atendemos a las palabras de Matt. ¿Qué pasó, cariño?
Tomó aire y miró atrás para asegurarse de que los hombres estaban en su reducto.
—No vendrán, Cheryl. Dinos, querida.
Ser el foco de atención de sus amigas para algo que le dolía tanto verbalizar no era fácil. Cheryl estaba acostumbrada a ser la payasa y la que propiciaba el caos y la diversión, pero abrir su corazón y expresar sus sentimientos era algo diferente.
—Ustedes saben que estoy super enfocada en mi nuevo trabajo. Me entusiasma, siento que tengo mucho por demostrar allí, y sé que puedo crecer.
—Nadie tiene duda alguna de eso—dijo Tina—. Conocemos lo capaz que eres. Pero no es eso lo que queremos saber ahora mismo. ¡Vamos, Cheryl, que te encanta cotillear sobre nosotros y no sueltas prenda de lo tuyo!
—Mmm, noto una veta vengativa ahí—lanzó una risita, pero tenían razón.
Había disfrutado de saber todo sobre cada una de ellas y sus hombres, romántica por naturaleza como era—.
En realidad, no hay nada para contar. Mi…
digamos obsesión malsana para con Matt nunca tuvo respuesta del otro lado—Se encogió de hombros como si no le doliera, como si no la afectara, cuando era una daga clavada hondo—.
Y digamos que todo tiene que tener un límite.
Hasta una obcecada como yo puede entender cuando no es querida ni bien recibida en un lugar—dijo bajito, y luego carraspeó—.
¿Cuánto tiempo puede una mujer golpear una puerta que está cerrada a cal y canto?
No es sano, tienen que coincidir conmigo.
—No creo que Matt, o Joe, o Jeff no te quieran, Cheryl—dijo Avery.
—Joe es encantador y siempre fue generoso conmigo. Jeff me tolera y Hawk me tiene un poco de recelo. Matt… Matt no quiere saber nada conmigo. Traté de pensar que era su fachada, que se hacía el difícil, pero podría quebrar esa muralla y tener lo mismo que ustedes, una bonita historia de amor.
—Creo firmemente que hay una para ti en el horizonte. Matt es duro, pero las circunstancias lo transformaron. La guerra, el compromiso que esa perra de su ex rompió cuando supo de su lesión.
Cheryl encajó las mandíbulas, por un momento sintiendo la rabia llenarla al escuchar cómo la ex novia de Matt había desecho el compromiso cuando estaban a escasos meses de casarse.
Ella sabía que Matt había creído que tendría su vida familiar y una esposa amorosa apenas volviera del infierno de Afganistán.
Y había visto su ilusión romperse. Eso debía doler.
Basta, enfócate, concéntrate en tu realidad.
Es un hombre más que grande y puede ocuparse de sus asuntos, no tienes que sentirte mal en su nombre.
—Lo escuché fuerte y claro.
—¿Cómo que lo escuchaste?
—¿Recuerdan la fiesta de lanzamiento de la línea deportiva? Matt estaba en el balcón hablando con Joe y escuché lo que decía. Ya sabía que él me creía una descerebrada con la cabeza en las nubes, pero pensé que algo de consideración me había ganado. Pero él dijo que nunca podría tener nada conmigo.
—Matt es porfiado y su tiempo en el frente, además de su herida, lo hicieron más ermitaño e inseguro. Estoy convencida de que no es lo que en verdad piensa—porfió Avery—. Cuando te mira…
—Avery, no, no—Cheryl elevó la voz con firmeza y meneó la cabeza. No aceptaría nada que le diera falsas esperanzas—. Fue lo mejor, un baño de realidad. Un sacudón necesario. Me hizo concentrarme en lo que debo hacer. Hice una lista con mis prioridades para el futuro y…
—¡Nooo!—el coro de voces de todas la hizo sonreír, a pesar de todo.
—Es buena, lo juro. Escuchen. Lo primero que decidí es que voy a focalizarme en mi persona.
Por ello es que me pareció que un cambio rotundo de look era vital, además de recuperar mi tiempo en el gimnasio.
Saben lo que adoro entrenar. Lo segundo es poner foco en mi carrera.
Y eso ha ido muy bien. Me costó entrevistas y desaliento, pero así es como conseguí este trabajo tan bueno en ese bufete de abogados.
Y lo tercero y vital, que me va a llevar tiempo, pero lo voy a lograr, es dejar atrás la idea de que lo mío con Matt podría funcionar.
—¿Y cómo estás en esa área?—inquirió Sofía, tomando su mano.
—Va más lento, pero tengo un nuevo prospecto que me va a ayudar.
De verdad—afirmó, y rodó los ojos ante las miradas de las demás.
Ella era de flirtear, pero generalmente sin consecuencias reales—.
El hijo del abogado más prestigioso e importante es mi jefe directo, y es un bombón rubio, con cara y cuerpo de modelo de ropa interior—Suspiró e hizo un gesto sensual exagerado—.
Además, es simpático, abierto, abordable.
Benjamín se llama. Y, ¿saben qué? ¡Me invitó a salir!
—¿Una cita? ¡Tienes una cita!—aplaudió Sharon, y las otras sonrieron. Así eran, la apoyaban sin dudar.
—Sí, me ha invitado, aunque aún no acepté. Pero lo haré. Sé que irá todo bien. Él es buen mozo, caballero, divertido. Alguien de quien podría enamorarme, si me esfuerzo.
—Cheryl…—Sofía la miró fijo—. El amor no necesita de esfuerzos para nacer.
—Me expresé mal—se corrigió, sonrojada. ¿Qué les iba a hablar de amor a estas mujeres, que habían tenido historias románticas de novela?
—. Quise decir que veo perspectivas reales entre ambos, que él me atrae y creo que a él le pasa lo mismo.
Pero no voy a apurar las cosas entre ambos. Dejaré que fluya, con calma, relajada.
—Ese no es tu estilo—sentenció Tina, pensativa—. Tú eres viento huracanado, Cheryl, no brisa.
—Lo soy ahora. Una templada y agradable brisa de día cálido—cerró la discusión tamborileando sus dedos sobre la mesa—. Basta de mí, chicas, está todo bien, lo prometo. Avery, tu turno, amiguita. Dinos todo sobre el ultrasonido. ¿Trajiste la grabación? Quiero ver a mi futuro ahijado ya.
Esto selló su tema y llevó la atención a lo que realmente importaba, a su juicio. La familia de sus amigas crecía y ella no podía estar más feliz por todas. Lo suyo era un futuro en construcción, lleno de andamios, pero iba a fluir.