INTRODUCCION
Años atrás.
Cheryl avanzó por el patio central del campus universitario a paso vivo, su sangre bullendo todavía, furiosa por el cruce con ese bastardo de Will Heston.
Era increíble como el muy maldito se pavoneaba con libertad y desparpajo por todas las aulas y pasillos después de lo que le había hecho a su amiga Tina.
¡Eran tan desolador e injusto! Para nada habían servido las pruebas contundentes de la extrema violencia sexual en su contra aportadas por su valiente amiga, que había sacrificado su orgullo y enfrentado la humillación y el ostracismo público en pos de detenerlo, de que pagara por lo que le había hecho, y así evitar que otras fueran drogadas y mancilladas como ella.
La justicia no era ciega, no, cuando había dinero de por medio y este servía para presionar y tapar desmadres y abusos.
Era descorazonador e indignante, porque el muy cínico además tenía el descaro de confrontarla a ella, echándole en cara que “defendía a una mentirosa, a una mitómana que lo había usado para satisfacerse y luego lo había querido ensuciar”.
Escucharlo le revolvía el estómago. Así justificaba esa cabeza enferma la denuncia, y buscaba amedrentar a Cheryl y callarla.
No lo lograría; ella no se cansaría de gritar a quien quisiera escucharla que ese hombre era un violador, probablemente serial, y que todo él era una máscara de hombre amparado en su riqueza.
No importaba cuantas veces le llamaran la atención los monitores o consejeros, no cejaría en su empeño de limpiar la imagen de Tina.
Esta había perdido tanto en el proceso: Heston no solo la había vejado, lo que ya era terrible, sino que la había sometido al escarnio y la había empujado fuera de la Universidad, haciendo que una estudiante brillante abandonara su sueño.
Cheryl la extrañaba muchísimo, pero además estaba preocupada por ella, por su salud mental, porque sabía que debía estar deprimida.
No importaba que estuviera en su ciudad de origen, físicamente cerca de su hermana Amelia y de sus amigas; en esencia estaba sola para procesar todo, porque se había negado a contarles, avergonzada, cuando era la víctima.
Cheryl hizo un sonido de desaprobación con la lengua, y miró de reojo, otra vez con la sensación de que la seguían.
No sería raro que ese rastrero de Heston intentara algo contra ella.
Pues que viniera, estaba pronta para él.
No importaba que ella apenas midiera un metro sesenta, o que pareciera frágil.
Entrenaba duro, y una vida en el campo le habían dado fortaleza y habilidad para enfrentar lo que fuera.
Y si eso no alcanzaba, tenía su gas pimienta y su tasser.
Atrás habían quedado el juicio, los testimonios, el veredicto, y Tina había huido a su hogar, demasiado golpeada para enfrentar el infierno que sería su vida en las aulas.
¿Cómo podía protegerse tanto a un violador y desamparar tanto a una víctima?
Cheryl quería golpear e insultar a todos quienes habían agregado humillación y dolor al paso de Tina, y también a los indiferentes. Ella no podía no comprometerse.
Con la ida de Tina se había quedado sola, y su condición de polvorita, la imposibilidad de callar frente a la mentira o de doblarse frente a los que creían que tenían el sistema dominado, la enardecían y estallaba.
Por eso estaba sola, también, porque la mayoría le hacían el vacío; no porque no le creyeran, sino porque para muchos era más cómodo y menos complejo no relacionarse con la que desafiaba a Heston.
Se dio la vuelta mientras caminaba y recorrió el patio con la mirada, otra vez con la sensación quemante de que la seguían, pero luego continuó, con la mano dentro del bolsillo de su chaqueta.
Desde que aquel hombre la había visitado y la había acribillado a preguntas su instinto le decía que algo no andaba bien.
Matt, había dicho que se llamaba, aunque no le especificó mucho más.
Un gigantón serio, pero muy atractivo, tenía que decirse.
Mucho. Ella había quedado impresionada por su musculatura, obvia en la forma en que su camisa se pegaba a los bíceps y sus pantalones cargo a los muslos y a su trasero, que por casualidad había mirado cuando se marchó. No porque lo chequeara, no.
Pero lo que más la había impactado habían sido sus ojos, dos faros azul —verdosos que se habían clavado en ella y no abandonaron un momento su rostro mientras le aplicaba un interrogatorio exhaustivo acerca de Tina y su vida en la Universidad.
Se había identificado como un consejero en seguridad en primer término, y le había dicho que representaba a alguien a quien le interesaba mucho el bienestar de Tina. Ella le creyó, instintivamente, a pesar de que en general era desconfiada y arisca con los desconocidos.
Ese grandote sexy, algo cortante y económico en gestos y expresiones le pareció honesto y directo, digno de confianza. Su instinto le decía que podía contarle todo, pero de todas formas demandó saber más de su representado.
Él había dudado, pero luego le contó quien era en verdad; Matt Turner, primo de Liam, el cuñado de Tina.
Y por tanto de Alden Turner, el amor platónico de su amiga.
Esto bastó para que le contara lo sucedido con pelos y señales, para luego pedirle que fuera discreto, porque Tina moriría de vergüenza si supiera que su secreto había sido revelado.
Cheryl lo hizo porque entendió que había interés real en proteger a Tina, en ayudarla a superar su trauma. El guapo Matt así se lo aseguró, con pocas palabras, pero ella prefería a un hombre parco y entero, que no prometía en vano y procedía, que a un bocón sin fundamento.
Había deslizado que el violador se paseaba a sus anchas y buscaba saber de Tina, de su paradero, y que la hostigaba para ello. El rostro del hombre se había endurecido y había hecho un movimiento de cabeza, preguntándole si tenía miedo.
Ella lo había negado y se había mostrado un tanto soberbia, haciéndole saber que podía defenderse sola y que tenía sus armas para detener a quien quisiera confrontarla.
Soberbia y rebelde, además de respondona y dura en sus expresiones, así se había mostrado, porque así era ella.
Eran algunas de sus características que corrían candidatos, pero él no pareció afectado.
Sin dudas era un ex militar; se le notaba en su cabello corto y rapado a los lados, que despejaban su cara y le daban más presencia a su mirada y a esa mandíbula que podía cortar metal, a sus labios gruesos que no sonreían.
También se adivinaba su entrenamiento en su postura algo rígida y en la leve renguera que detectó cuando se despidió finalmente.
Una charla telefónica posterior con Tina le había ampliado el panorama, y le había alegrado la semana. Su amiga sonaba más feliz, esperanzada incluso, porque Alden se había acercado a ella y le había confesado su interés romántico, algo que era un sueño casi utópico para Tina.
Cheryl se alegró infinitamente, y le pareció la demostración perfecta de que la vida daba segundas y terceras oportunidades. Nadie las merecía más que Tina. Su amiga se había preocupado por su situación con respecto a Heston, pero ella se aseguró de hacerle saber que podía con él.
Detuvo su caminata cerca de un banco, y fingió acordonar sus botas de combate, mientras su mirada buscaba detrás, otra vez. ¡Allí estaba, pudo ver al hombre alto plegándose a la sombra del edificio! No era de seguridad del campus, ni docente ni alumno, estaba segura.
Decidida, se dirigió hacia uno de los edificios laterales y caminó por su costado izquierdo, doblando al llegar a la parte trasera, pero esperó con el gas pimienta en la mano, conteniendo la respiración. Era osado y peligroso, pero no lo pensó.
El hombre era bueno, porque esperó escuchar pasos, pero él apareció ante ella de golpe.
Sus instintos no fallaron. Lo roció con generosidad, y miró con satisfacción como el hombrón vestido de negro, ancho y alto como un boxeador de élite, aullaba con furia y se pasaba las manos en el rostro, mientras se hacía a un lado y buscaba automáticamente un enemigo.
Cheryl observó con fascinación sus movimientos ágiles y su actitud defensiva, que lo mostraba como un profesional.
—¿Quién eres y por qué me sigues? Puedo darte una descarga con mi tasser en un instante, y no me verás venir—amenazó.
—¿Estás loca, niñata? Te sigo para protegerte, loca. ¿Por qué me atacaste?
La voz era gruesa y él parpadeaba velozmente para procurar erradicar el efecto del gas, pero las lágrimas caían por el rostro ancho y sin dudas atractivo, aunque ahora conmovido. Sus ojos eran los más celestes que Cheryl hubiera visto.
—¿Por qué me sigues? ¿Protegerme de qué?
—¡Maldita sea! Matt no me paga lo suficiente, y no me advirtió que estaba protegiendo a una lunática! —gruñó él, y Cheryl frunció el ceño.
—¿Matt Turner? ¿Trabajas para él?
—Sí. ¿Era necesario este ataque?
Ella se encogió de hombros, un poco arrepentida, pero luego cuadró la postura.
—Tienes que ponerte en mi lugar. Eres enorme y me estás siguiendo subrepticiamente.
—¡Es por eso que deberías haberme evitado, mujer! —Casi aulló, elevando los brazos al aire —. ¿No te das cuenta de que podría haberte atacado y controlado en un abrir y cerrar de ojos?
—No soy yo la que llora como un bebé—dijo ella un poco más bajo, y él bufido masculino fue evidencia de su malestar.
—Podría haberte atacado igual, así como me ves. Tengo entrenamiento suficiente, pero no estoy aquí para eso, insensata. ¡Maldición, ni en Afganistán sufrí un dolor así, joder! ¡Eres una protegida muy desagradecida!
—Boberías. Soy muy buena gente, guapo, pero esto del secretismo no es lo mío.
Me tienen que avisar, capullo. Espabila, anda, tenemos que movernos.
Te ayudaré a aliviarte los ojos con una solución salina, pero primero déjame ver tu identificación.
¡No, no te frotes los ojos! Caray, una tendría que suponer que un comando sabría eso.
—Eres bastante grosera—gruñó él, buscando su billetera y ofreciéndole su identificación, que ella miró y fotografió.
—Will Daners.
—Hawk—gruñó él.
—¿Halcón, ese es tu sobrenombre? Pues soy muy buena entonces, porque supongo que te lo habrán puesto porque eres rápido como un halcón, y por tu visión… ¡Oh!
—¡Oh, exacto! Podrías haber lesionado mis retinas para siempre y dejarme sin una de mis fortalezas.
—Eres demasiado grandote para portarte tan niñato—señaló ella—. En veinte minutos estarás como nuevo. Y te dejaré vigilarme, si eso es lo que el guapo Matt quiere, aunque no es necesario, como habrás visto—se jactó.
—No subestimes tu capacidad, mujer —dijo él, caminando a su lado y haciéndola sentir pequeña—. No había intención de lastimar en mí. Ese hombre del que te protejo…
—Lo sé—dijo ella, asintiendo con su cabeza—. Mira, en verdad lo lamento. Pensé que… La culpa es de ustedes por no decirme—se quejó.
—Deja, eres horrible disculpándote. Acepto tu ayuda, y ahora me conoces. Espero que mantengas esas armas tuyas lejos de mí.
—Así será.
Le debía el ayudarlo con sus ojos, y un café, por lo menos. Y se las arreglaría para saber más de su jefe, el guapetón de Matt. Tal vez podría conseguir su teléfono. Este Hawk era buen mozo también pero no le llenaba el ojo como el primo Turner.
Siempre era buena la amistad con hombres protectores, en especial considerando los escasos, léase nulos amigos que tenía. Esta universidad había dejado de ser lo que soñó en el instante en que nadie hizo un carajo por Tina.
Tal vez los aires de California le vinieran mejor, pensó. Tendría que considerarlo. Había buenos centros de estudio allí y estaría cerca de Tina.