Serie Siempre: Colección completa 53. Fer
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53. Fer

Fer

— Mi jefe me ha llamado hace cinco minutos —me explica Sofía enfadada cuando sale de trabajar esa noche—. Tengo que hacer el turno de mañana, así que no puedo ir.

—¿En serio? ¿No habías pedido el día?

— Sí, pero, al parecer, no hay nadie más. —Suelta un grito frustrado—. Me tiene harta.

—Bueno, no te preocupes —intento restarle importancia, pese a que me hacía especial ilusión que viniera mañana al Cascamorras conmigo. El trabajo es lo primero—. Luego tienes el fin de semana libre, ¿no?

— «Bueno, Sofía, si hay una baja, es posible que tengas que suplirla.

Ya pasaste todo el mes de julio fuera mientras otros hacían tus turnos», eso me ha dicho.

Como si lo de julio no hubieran sido mis vacaciones, o como si aún no me debiera las del año pasado y todos los turnos extras de este año.

Y, cuando se lo he recordado, ha tenido los huevazos de indignarse. Mira, de verdad, eh.

—No te sulfures. Si te llama el fin de semana le dices que estás fuera y que no puedes ir y se acabó.

— Me sabe mal por los chicos —admite con un suspiro—. Odio sentirme así. Y siento no poder ir al Cascamorras, sé que te hacía mucha ilusión.

—A mí lo que me gusta es pasar tiempo contigo, da igual cuándo.

— Siento no tener un horario normal de lunes a viernes para poder vernos los fines de semana.

—Ya lo hemos hablado, no me molesta. Y no me importa escaparme para verte, solo estamos a una hora de distancia.

— El jueves por la noche estaré allí —me promete.

—Si ves que estás muy cansada, vente el viernes por la mañana tranquila.

— Es posible que me puedan las ansias de estar contigo —admite con un tono de voz dulce que me provoca una sonrisa tonta.

—Te echo de menos.

— Yo también. —Suspira—. Acabo de llegar a casa, ¿qué haces?

—Hemos venido todos a la feria. Estamos tomando algo.

— Entonces, te dejo que disfrutes.

—Prefiero hablar contigo.

— No estoy de humor, y si encima estoy pensando que tus hermanos te están esperando, me pondré peor. Hablamos luego, cuando llegues a casa.

—Es posible que vuelva tarde. Acuéstate cuando tengas que hacerlo.

— Descuida. Buenas noches.

—Buenas noches, princesa.

— Me encanta cuando me dices eso.

Vuelvo a la mesa, estoy sonriendo como un tonto, así que cuando se burlan, me da igual.

Sin embargo, a medida que van pasando las horas, una sensación agridulce me empieza a invadir.

Esta va a ser mi vida a partir de ahora: noches de cenas con mis hermanos y sus parejas, donde la mía es posible que no esté; viajes de coche fugaces para vernos unas horas y volver a la realidad; llamadas de cambios de planes o contratiempos.

Solo espero que Sofía no lo use para alejarme.

Me da miedo que lo que hemos vivido este verano solo haya sido un espejismo y que, al volver a la rutina, me relegue a un lado.

Quiero estar con ella, pero no voy a hacerlo bajo cualquier condición.

No augura nada bueno que, el primer día que iba a venir, le hayan puesto un turno y lo haya cancelado.

No voy a hacerle elegir entre su trabajo o yo.

Sé que podemos encontrar un equilibrio, pero eso no hace que todas las dudas y miedos dejen de acosarme a cada rato.

Y, justo ahora, me está costando mucho no dejarme llevar por ellos.

Mañana quería decirle que la quiero, cosa que, pese a que lo siento desde hace tiempo, no le he dicho aún.

Quería presentarle a mi madre como mi novia y formalizar de una vez nuestra relación.

Cuando hablamos de cómo irían las cosas, no lo hicimos por miedo y, aunque para mí Sofía es mi pareja, y para ella yo también, creo que va siendo hora de que lo hagamos.

Estoy llegando a casa cuando me llegan varios mensajes:

Sofía

Mi jefe me acaba de enviar por correo electrónico un nuevo cuadrante…

¿A que no adivinas quién trabaja todos los fines de semana de este mes?

Llevo un cabreo que flipas

Fer

No te preocupes, iré yo a verte

Y mientras trabajas, te prepararé comida para toda la semana

Sofía

Pero no esperaba que el primer mes fuera así de mal :(

Estoy muy enfadada

Fer

Es normal que estés enfadada, yo también lo estaría

Hablaré con mis hermanos para poder coger algún día entre semana para estar juntos, no te preocupes ;)

Sofía

No quiero que tengas que hacer eso

Fer

No me lo estás pidiendo, lo estoy haciendo porque quiero

Sofía

Lo siento

Fer

No es culpa tuya

Sofía

Eso no hace que no me joda igual

En fin, voy a dormir

Mañana estaré mejor

Fer

Seguro, descansa

Cuando me tumbo en la cama, suelto un suspiro largo.

Esto va a ser mucho más difícil de lo que esperaba.

Cojo la cajita que tengo en la mesita de noche y la abro para contemplar el colgante que le he comprado a Sofía.

Tiene una rosa negra de metal enroscada en un corazón rojo de cristal.

Nada más verlo tuve que comprarlo. Quería regalárselo mañana, pero tendrá que ser en otro momento.

No pasa nada, podemos con esto. Estoy seguro, pero…

SOFÍA

Estoy muy cabreada. Pero mucho. Yo no debería ir a trabajar hoy.

Tendría que estar en Baza, con Fer y sus hermanos, disfrutando de las fiestas por primera vez en muchos años.

Llevando a mi abuela a la feria para que se divierta con sus amigas mientras todas me dicen lo guapo que es mi novio.

Eso es lo que quería. Deseaba conocer a la madre de Fer, presentarme como su novia, darle una sorpresa al usar ese apelativo por primera vez.

Demostrarle que le quiero, decírselo. Pero estoy yendo a trabajar.

Tan enfadada estoy que no me fijo al girar una esquina y me choco contra alguien. Al alzar la vista para disculparme, me encuentro con el compañero que tengo que sustituir hoy junto a un chico cogido de la mano, los dos claramente borrachos. ¿Esto es en serio?

—¿Esta es tu emergencia familiar? —siseo y se queda blanco.

Con el mismo ímpetu con el que me había chocado, me doy media vuelta para dirigirme a mi casa y llamo de camino a mi jefe.

— Sofía, ¿qué pasa? —Suena como si le hubiera despertado. Que se joda.

—Lo siento, pero tengo una emergencia familiar y no puedo ir a trabajar —miento y me aplaudo a mí misma por lo creíble que ha quedado—. Busca a otra persona que te cubra el turno.

— Vamos, no me jodas. ¿Se puede saber qué ha pasado? Mucha casualidad, ¿no crees?

—¿Perdona? ¿Estás cuestionando mi integridad laboral cuando acabo de encontrarme a Pedro borracho por la calle? —Como se queda callado, prosigo—: ¿A él también le has preguntado qué clase de emergencia familiar ha tenido o solo lo has hecho conmigo?

— No te pases —tiene el morro de pedirme.

—Como he dicho, tengo una emergencia familiar y no puedo ir a trabajar.

— Si no te presentas en el turno, estás despedida —lo dice con tanto odio que despego el móvil para mirar que no me haya equivocado de persona al llamar.

—¿Perdona?

— Lo que has oído. —Su tono pierde fuerza, pero sus palabras han sido claras. O paso por el aro o me voy a la calle.

Ni siquiera lo pienso cuando contesto:

—Muy bien, estaré en tu oficina en una hora. Espero que tengas los papeles del despido preparados y el cheque con mi finiquito, y más te vale que incluya todos los días que me debes.