Serie Siempre: Colección completa 51. Sofía
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51. Sofía

Sofía

Me encanta observar a mi abuela mientras cocina, me relaja un montón.

Siempre lo ha hecho, pero es que además hoy está especialmente contenta.

Feliz. Irradia una luz como nunca la había visto, y creo que se debe a dos cosas: está cocinando el plato favorito de mi padre y no voy vestida de negro.

Bueno, y que hemos hablado, mucho, y llorado aún más.

Siento que estoy sanando, pese a que ni siquiera era consciente de que tenía una herida que sangraba.

Aunque de lo que me siento más culpable es de todo el daño que mi negativa le hacía a mi abuela, pese a que nunca se había quejado ni me lo ha echado en cara.

En cuanto le dije que quería hablar de mis padres, que me contase cosas de ellos, me abrazó, lloró y sacó un montón de fotos que tenía guardadas para que yo no las encontrase y me sintiera mal.

Al día siguiente, reemplazó algunos de los marcos de la casa y añadió nuevos con imágenes de los tres juntos o incluso alguna con mis abuelos maternos, que murieron poco después de mis padres.

También se ha empeñado en acompañarme al colegio y varios lugares que solía frecuentar con mis padres y de los que había huido tras el accidente.

Pensé que me dolería más, pero lo cierto es que no; siento que me he reconciliado con esa parte de mí y estoy perdonando a la niña que fui y que lo perdió todo.

Tampoco han vuelto las pesadillas, cosa que le preocupaba a Magda, sobre todo porque según dice «me he pasado el juego» y, en lugar de ir poco a poco, me he tirado a la piscina de cabeza y sin saber nadar.

Razón no le falta, pero, una vez empecé, no pude parar.

Cuando le conté a Fer que el motivo principal por el que me aislé de todo fueron las pesadillas, solo me sonrió y me preguntó qué podía hacer si tenía una mientras dormíamos juntos. Es adorable.

Magda también me ha dicho que está muy orgullosa de mí y, como cree que me aburro en mis vacaciones, me ha mandado más deberes.

Al menos esta vez los ha llamado por su nombre.

Tengo que ir a hablar con Luna; lo de que Fer le pidiera las ofertas de trabajo que tenían no le ha válido. He quedado con ella esta tarde.

El móvil me vibra en el bolsillo y, al sacarlo y ver que es Fer quien me escribe, sonrío.

Fer

Disfruta de esa comida especial :)

Recuerda que hemos quedado con Luna luego

Magda me ha dicho que me hace responsable directo si no te presentas

¿Es que no sabe que te cae mal?

Justo en ese momento, me llega otro mensaje:

Mamá osa (Juanma)

¿Puedes decirle a Fer que nos haga caso? Nos está ignorando

Y no mientas, sé que está hablando contigo porque está llenando el suelo de babas

Oh, mira, si ha decidido levantar la vista del móvil

Bueno, no lo puedes ver porque no estás aquí, pero tú me entiendes

Dile a tu abuela que luego pasaré a por un táper

¡Que vaya genial con Luna!

Sería perfecto tenerte por aquí siempre, incluso si has decidido no vestir tanto de negro ;)

Y si no te gusta lo que te ofrece Luna, puedes venirte con nosotros a la obra

O no, porque dijimos que nunca meteríamos a las parejas dentro del negocio

Ya sabes, por eso que dicen que donde tengas la olla no metas la polla

Pero, entre tú y yo, yo creo que esa norma la puso Fer para no tener que soportar a César todo el día

¡Oh, ya sé! Puedes trabajar en el supermercado de Cristo

Ya no tienes excusa, reina mora

Te dejo, que al parecer ahora me esperan a mí para ir a comer

Yo creo que el uniforme verde neón del supermercado te quedaría divino

Fer seguro que tiene fantasías sexuales con él

Suelto una carcajada mientras me sonrojo hasta las orejas. Le mando una peineta a Juanma como respuesta, como viene siendo habitual, y contesto a Fer:

Sofía

¡Que no me cae mal!

Además, Magda argumentó que eso no era un problema porque… como sería mi jefa, así ya tenía trabajo ganado (por aquello de que los jefes nos tienen que caer mal)

Fer

Es un plan sin fisuras

Te dejo, que Juanma me está dando por culo

Sofía

A mí también me ha escrito

Fer

Está muy pesado desde que Mar no está

Sofía

Solo se ha ido cuatro días

Fer

Eso cuéntaselo a él

Nos vemos luego ;)

Sofía

Hasta luego

Cuando levanto la vista del móvil, me doy cuenta de que mi abuela me está observando con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Qué?

—Que resplandeces —dice como si fuera evidente—. Me encanta verte así. Y no quiero quitarte mérito, pero creo que ese inquilino mío al que no querías que me acercara tiene mucho que ver.

—Puede.

¿Cómo se tiene este tipo de conversaciones con tu abuela?

Es decir, nunca le he presentado a una pareja ni hemos hablado del tema, más allá de que alguna vez me ha dicho que podría salir con alguien en lugar de estar todo el día encerrada.

Además, Fer y yo no le hemos puesto nombre a esto, aunque no creo que haga falta.

—¿Puede? —Suelta un bufido—. Puede, dice la niña… Gracias, se dice gracias. Si no fuera por mí seguirías dentro de esa coraza que te creaste. No te pude buscar a alguien mejor.

—¿Buscar? Fueron los de la inmobiliaria. En todo caso fue una bonita casualidad.

—¿Y quién te crees que les pidió que bajaran la edad de los inquilinos?

Reconozco que pensé que no me quedaría con el primero que llegase, y los de la inmobiliaria me avisaron de que era posible que se fuera a los pocos meses de la casa.

Sin embargo, cuando volvió el día de la firma a por la receta de las galletas supe que sería el chico perfecto para ti.

Y más con esa familia tan numerosa y maravillosa que tiene.

—¿En serio, abuela? —Estoy flipando. Lo está contando como si fuera lo más normal del mundo y a mí no se me ha caído la mandíbula al suelo porque la tengo enganchada.

—Magda pensó que sería una buena idea también. No para pareja, pero sí para que conocieras gente. Dijo algo de la zona de confort, pero no la entendí.

—¿Y os lo habéis callado todo este tiempo?

—Bueno, es que podía no funcionar y tener que buscar a otro —se encoge de hombros—, pero Fer es perfecto y es justo lo que necesitabas. Ya no volverás a estar sola.

—Estaba sola porque quería, y os tenía a Magda y a ti.

—Aunque no lo parezca, tengo mis años, no voy a estar aquí siempre. —Me da un pellizco el corazón ante esa posibilidad, no estoy preparada—. Tenía que buscarte a alguien que te cuidase cuando yo no pudiera, y sabe Dios que Magda no era esa opción.

—Magda me cuida muy bien —reconozco—, pero sé lo que quieres decir. Ella no es familia, es amiga, aunque la quiera como tal.

—Y estoy segura de que, llegado el momento, te hubiera acogido en su ala, pero no es lo mismo. Fer estará a tu lado, siempre, y su familia también. No volverás a estar sola nunca más.

—Son muy ruidosos.

—Muchísimo.

—Y se meten los unos con los otros constantemente.

—Ah, pero no lo hagas tú, que te comen.

—Y son un amor. El día que fuimos al colegio me escribieron todos un mensaje para preguntarme qué tal o contarme chorradas.

—Son tu familia ahora.

—Sí, lo son.

Luna cada vez me cae mejor. Puede que se deba a que se ha reído a carcajadas por el beso posesivo que Fer me ha dado para despedirse de mí cuando me ha dejado en la puerta del centro de día.

O puede que sea porque me ha estado preguntando por Magda cada poco, con un más que visible interés en su persona, no en su trabajo.

Aunque, sí o sí es por todo el trabajo que hace para la asociación.

Y no solo porque sea la presidenta. Se nota que le apasiona todo lo que hace y está cien por cien comprometida con el proyecto.

He disfrutado mucho de la visita y de todo lo que me ha contado, pese a que sigo sin verme trabajando aquí.

Lo mío son los adolescentes, aunque me vomiten encima.

Una vez no tenemos más que contarnos, me lleva a la sala que ayudé a reformar, donde Juan, mi excompañero de universidad, está sudando junto a los niños y niñas mientras hacen estiramientos.

Fer me ha contado que a partir de septiembre volverán a entrenarlos Juanma y él, pero que durante julio y agosto tienen vacaciones.

Y, como Mar se ha ido unos días a visitar a una amiga a Suecia, les ha tocado improvisar.

Jimena, la pequeña que solo quiere tocar cosas rosas, y por la cual hoy llevo una camiseta de tirantes rosa oscuro, se acerca a nosotras y me observa mientras se abraza a Luna. Le sonrío y me devuelve la sonrisa.

—Eres la amiga de Fer —afirma, no pregunta—. Te vi un día con él.

—Sí, me llamo Sofía. Tú debes de ser Jimena, Fer me habla mucho de ti. —Y es cierto, se nota que adora a la niña y la niña a él. Se le ilumina la cara.

—Luna dice que no puedo ser su amiga especial —comenta con un puchero y la presidenta de la asociación rueda los ojos.

—¿Te cuento un secreto? —le digo en confidencia agachándome para estar a su altura y Jimena se acerca a mí—. No puedes ser su amiga especial porque todas las personas que son nuestras amigas son especiales, pero estoy segura de que, para Fer, eres una de las que más quiere.

—Te quiere más a ti —se queja y sonrío.

—¿Te cuento otro secreto? —Asiente con fervor y se acerca aún más a mí, incluso me pone una mano en el hombro—. Eso es porque somos pareja.

—¿Fer es un buen novio? —me pregunta en un susurro.

—Sí que lo es, sí.

—El novio de mi mamá no era bueno con nosotras. Nos hacía daño.

—¿Y te sigue haciendo daño?

—No. Se fue y mi mamá también, para salvarme. Pero no volverá, porque ahora tengo mucha gente aquí que me va a proteger. ¿Tú también me vas a proteger?

—Siempre que lo necesites.

—Lo sabía, porque Fer no tendría una novia que no fuera buena como él. —Me da un abrazo y se va corriendo a coger una pelota rosa que está suelta.

—¿Lo has preparado tú? —le pregunto a Luna cuando me incorporo.

—Depende, ¿ha funcionado?

—No. —Las dos nos reímos.

—Jimena va por libre —me explica—. Aún estoy sorprendida de que se acercara a Fer nada más verle el primer día. Y no es porque tuviera una pelota rosa, porque Juan le ha ofrecido mil cosas rosas y, como mucho, lo tolera.

—Es porque es Fer y tiene ese aura que te hace confiar en él nada más verlo. —Suspiro—. Sé de lo que hablo.

—Tú tienes la misma aura. Así que, si algún día te planteas lo de venirte a vivir a Baza, llámame. Seguro que podemos llegar a un acuerdo.

—Lo pensaré. —Y hasta yo misma me sorprendo de no haberle dado una negativa contundente.