Serie Siempre: Colección completa 36. Mar
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36. Mar

Mar

Echo mucho de menos a Juanma. Muchísimo.

No quería que se fuera, pero no podía darle una respuesta, no en ese momento.

Tampoco estoy segura de tenerla ahora, ni si la tendré pronto.

De lo que estoy segura es de que no quiero que se vaya nunca más, y eso que no ha pasado ni un día.

Levantarme esta mañana y no verlo me ha roto por dentro, mucho más que anoche, cuando me di cuenta de que lo perdía, pero era incapaz de pronunciar las palabras que lo hubiera retenido a mi lado.

«Yo también quiero ser tu novia para siempre», no eran tan complicadas; sin embargo, nada salió de mi boca, solo reproches.

¿Por qué no soy capaz de salir de este agujero?

Solo quiero poder ser feliz con mi pareja. Con Juanma.

Tamborileo los dedos en el volante, porque sí, Juanma se fue, pero me dejó las llaves del Saxo con una nota que decía: «Úsalo si lo necesitas».

Porque así es él, todo amor, incluso cuando no he sido capaz de decirle que yo también le quiero.

Observo la casa de mis padres desde donde estoy aparcada, pero no tengo ganas de entrar.

No quiero estar aquí, por muy cumpleaños de mi padre que sea.

Además, odia las celebraciones y estar con gente, ¿por qué seguimos fingiendo que no?

«Porque sois todos unos mentirosos». Bueno, ahí le voy a dar la razón.

El sonido del móvil me asusta, pero me relajo al ver que es Lucía quien me llama. Al menos no es mi madre preguntando desesperada dónde estoy.

—Hola, guapa. ¿Cómo estás? ¿Cómo va ese primer día en tu casa nueva? —Intento sonar casual para que no note mi estado de ánimo.

— Bien. —Su tono no es tan alegre como me esperaba, estaba muerta de ilusión por mudarse con Adri—. Te llamo porque ha venido Fer hace un rato a revisar una cosa y, bueno, me ha contado que Juanma está en su casa, así que la pregunta sería: ¿cómo estás tú?

—En la mierda. —¿Para qué mentir? Lucía se ha convertido poco a poco en una amiga más que una compañera de trabajo.

— ¿Qué ha pasado? ¿Es por lo de mentir?

—No, es porque quiere una relación formal y yo no sé si estoy preparada para tenerla.

Suspira y se genera un silencio tenso durante unos segundos antes de que Lucía lo rompa:

— ¿Has pensado en hablar con Cristo de esto? Acuérdate de que es psicólogo. Quizá él pueda ayudarte más y será neutral. Yo no puedo decirte más de lo que te dije en la boda: Juanma no cambiará.

—Cristo es amigo de Juanma.

— Se soportan, como mucho —bromea—. Ahora en serio, llámalo, te vendrá genial. Tiene algo que hace que te sientas bien solo con escuchar su voz.

—No lo he llamado nunca, ¿no será raro? —dudo. Es cierto que cuando nos hemos visto he tenido esa sensación que comenta Lucía.

— Le acabo de enviar un mensaje para avisarle y dice que lo llames, así que adiós.

Me deja con la palabra en la boca cuando me cuelga y recibo un mensaje en el que me insiste en que llame a Cristo, así que lo hago.

—Imagino que la conversación con Juanma no fue como él esperaba —dice a modo de saludo. Su voz no suena como siempre, se nota que está tan roto como yo.

—¿Te lo contó?

— Ayer tuvimos una tarde de terapia grupal —me explica y suspira—. Os he visto juntos, así que sé que sientes lo mismo que él y, por favor, no nos insultes a los dos intentando negarlo, que te recuerdo que soy psicólogo. Así que dime: ¿qué te impide dar el paso?

—El miedo a que todo cambie.

— ¿Por qué? Ser su novia no te ata a él para siempre, no vivimos en el siglo pasado. Si ves que no estás bien en la relación, lo mandas a paseo.

—No es el miedo a eso. Es a no verlo y quedarme atrapada en esa relación perdiéndome en ella.

— Mar, Juanma no es tu ex.

—¿Cómo sabes eso?

— Siempre hay un ex. —Se ríe sin ganas—.

Ese miedo que tienes suele venir por malas experiencias.

Es normal, pero, aunque suene repetitivo: Juanma no es él.

Negaré haber dicho esto, así que no se lo cuentes.

Juanma es una de las mejores personas que conozco, si no la que más.

Nunca te haría daño de forma intencionada y siempre procurará estar pendiente de no hacerlo de forma involuntaria.

—Lo sé, joder. —Me paso las manos por el pelo y me entran ganas de tirar de él—. ¿Por qué me cuesta tanto?

— Porque es difícil volver a confiar en alguien de esa manera.

Mira, a ver si esto te ayuda: Lucía y yo seremos tus anclas.

Si vemos que haces algo impropio de ti, como dejar la asociación o llevar un abrigo de piel de zorro —bromea y me ayuda a aligerar el nudo que tengo en el pecho—, te haremos una intervención.

Hablaré con Lucía, que te conoce mucho más y es tu amiga, para que sepa detectar ciertas cosas y pueda levantar la mano cuando las vea.

Y si el culpable es Juanma: adiós muy buenas.

—¿Lo prometes?

— Sí. Y, cuando esté más animado, buscaré en mis apuntes de la universidad para darte más herramientas que puedas ir implementando tú sola. Si es lo que quieres, claro.

—Quiero, pero no por Juanma, por mí. Quiero sentirme libre.

— Cuenta conmigo, nena —se burla y me río.

—¿Cómo puedo ayudarte yo a ti? —Es absurdo fingir que no sé que está mal y más si ha hablado con Juanma, sabe que nos lo contamos todo. «Os lo contáis todo».

— No puedes. Ojalá.

—Lo siento.

— No te preocupes.

—Cristo, Óscar te quiere y tú a él, encontraréis la manera.

— Eso espero.

Con esas palabras se despide y vuelvo a mirar la casa de mis padres.

Joder, no quiero estar aquí, quiero irme con Juanma.

Me resigno y me prometo que me quedaré poco tiempo.

He avisado a mi madre de que Juanma no vendría porque no se encontraba bien, así que puedo fingir que tengo que ir a comprarle algo a la farmacia o a cuidarlo.

«Mentirosa…». El domingo no los llamé para contarles que les había mentido, pensé que era mejor hacerlo en persona.

«O quizá pensaste que no querías una relación informal, porque no la quieres».

A veces no entiendo la voz de mi cabeza, ella es el motivo por el que no estoy ahora mismo con Juanma.

La que me frena recordándome que todo cambiará.

«Él te quiere y vas a tener dos anclas, quizás no sea mala idea darle una oportunidad».

Oh, esa no la esperaba. «De nada, nena».

En cuanto entro en la casa de mis padres, me arrepiento.

Jesús está aquí, con esa sonrisa petulante que una vez pensé que era sexy .

Odio esto, lo odio con todas mis fuerzas y hoy no estoy de humor para aguantar sus tonterías.

Quizá estoy siendo muy egoísta cuando cojo el teléfono y llamo a Juanma, pero es que necesito que esté aquí conmigo ahora mismo. Es eso o irme por donde he venido.

— Hola, ¿estás bien?

—No mucho. Estoy en casa de mis padres, ¿puedes venir?

— ¿Ha pasado algo?

—Ha pasado que estoy harta de que desprecien a mi novio.