22. Juanma
Juanma
El plan ha funcionado, aunque no contaba con que Fer tuviera otro as bajo la manga, así que nuestra madre está a punto del colapso mental desde que Paco ha hecho su aparición como si viniera a festejar la gran noticia de su noviazgo y no a tomar café el día de Navidad como hace cada año.
Puede que se nos haya ido de las manos esto de ayudar a Maite y a mamá, solo espero que no acabemos en el hospital.
Aunque no es la única que está impactada por la noticia: a Óscar se le ha caído el móvil al suelo, Maite y César tienen tan abiertos los ojos que parece que se les vayan a salir de sus órbitas y Fer está paralizado parpadeando como si le fuera la vida en ello.
Por suerte, Aitana suelta una carcajada tan sonora que nos trae a todos de vuelta.
—¿Cómo que te vas a vivir con ella? —suelta Fer tan confuso como el resto. Pese a la pregunta, no hay reproche en su tono.
—¿Sin casaros?
—¡Mamá! —gritan Adri y Aitana a la vez. Mi tía en su línea, menos mal que avisé a Mar.
—¿Quieres hablar de ocultar cosas? —acusa Maite a nuestra madre, que le ha susurrado algo que no he alcanzado a escuchar—. ¿Sabes por qué está Paco aquí?
—Viene cada año. —Mis hermanos y yo rodamos los ojos ante su tono ofendido. Con lo fácil que hubiera sido si lo hubiera admitido hace meses, no estaría en esta situación. Aunque, por otro lado, se ha metido ella sola ahí y ya es mayorcita para salir del berenjenal en el que está.
—¡Basta ya, mamá! —le dice Fer—. Sabemos que estáis juntos.
—Eso no es verdad.
—Creo que lo mejor será que me vaya. —Paco se levanta, pero mi tío lo agarra del brazo y hace que vuelva a sentarse.
El mejor amigo de mi padre es un buenazo, si a mí me insultasen de esa forma, nadie me impediría irme de aquí.
¿No ve mi madre que le hace daño con esas palabras?
Si hubiera sabido que Fer iba a abrir la caja de Pandora, no habría traído a Mar, bastante tiene mi madre ahora mismo encima como para mentirle.
Y eso sin pensar en la hipocresía que es que le pida la verdad y yo le mienta en la cara.
—Me parece que mis sobrinos no han acabado de hablar. —La voz de mi tío llena el salón, aunque sus ojos muestran una diversión que no se ve reflejada en el tono que ha usado—. Hermana mía, mientes fatal. Lo saben, admítelo de una vez, anda.
—Sí, vuestra madre y yo estamos juntos —confiesa Paco poniéndose en pie y Mar aprieta mi mano.
Cuando me giro para mirarla, lejos de pensar que esto es una casa de locos, se está aguantando la risa—.
Y no había sido tan feliz en mi vida. No os lo ha dicho antes porque yo se lo pedí.
Sé que soy feo, pero aprecio mi cara tal y como es.
—No eres feo, cariño —dice mi madre levantándose para atraparle la cara entre sus manos. Bueno, vale, mi madre no lo ha hecho por ella, lo ha hecho por él; puedo concederle eso.
—¿En serio, Juani? —la acusa mi tía.
—Paco, puedes estar tranquilo, tu cara se va a quedar como está —añado mientras entro al salón, ahora que Fer ha dejado de estar congelado en la puerta, y me siento con Mar encima. Un plan es un plan, aunque el resto tenga otros—. Pero si quieres un arreglo siempre nos puedes llamar.
—Que Maite te agende, que vamos hasta arriba últimamente y parece que tenemos varias mudanzas que hacer —aporta Óscar recogiendo su móvil del suelo y mirándome con reproche.
Podría haber hablado con él antes, pero, para ser justos, hasta ayer tarde no tuvimos la confirmación del propietario y Mar me pidió que fuera a su casa después de la cena de Nochebuena para aliviar tensiones.
Mi hermano no era la prioridad en ese momento.
—Al menos por una vez no es de Fer —bromea Maite y parece que parte de la tensión se esfuma.
Aprovecha ese momento para disculparse con nuestra madre y poner todas las cartas encima de la mesa.
A mamá le va a costar asimilarlo todo, sobre todo el no saber nada desde septiembre, pero hablaré con ella luego para tranquilizarla.
Paco la abraza y la apoya en su pecho. Me alegro por él, nunca me lo ha contado, pero solo un ciego sería incapaz de ver que estaba loco por ella desde siempre.
Y dice mucho de él que jamás intentase nada mientras nuestro padre estuvo vivo; incluso cuando tuvieron una crisis muy mala, Paco les ayudó a volver juntos.
Es un gran hombre, se merece ser feliz con la mujer que ama.
Nos observa a los cuatro, buscando nuestra aprobación, como si realmente tuviera miedo de nuestra reacción; bueno, hace bien, le quiero mucho, pero si le hace daño a mi madre es hombre muerto.
Me da la impresión de que Fer asiente y a Paco le cambia la cara, como si acabase de tomar la decisión más importante de su vida.
Se separa de mi madre, lo suficiente para poder arrodillarse delante de ella y cogerle la mano.
El grito de sorpresa que se oye envuelve todo el salón. «¡No me jodas!».
—Sabes que llevo enamorado de ti desde que te conocí. Nunca podré sustituir a Fernando, ni lo pretendo, pero me harías el hombre más feliz del mundo si me concedieras estar a tu lado para cuidarte y amarte todo lo que me quede de vida. Juani, ¿quieres casarte conmigo?
Saca un anillo del bolsillo mientras mi madre llora desconsolada y asiente con fervor. Paco se levanta y se lo pone, para finalmente fundirse en un beso mientras el resto aplaudimos felices.
—Por favor, dime que puedo venir todos los años en Navidad a tu casa —me susurra Mar al oído—. O sea, me flipa. ¿Tú lo sabías?
—No —admito con una mueca—. Es cosa de Fer.
—Tu madre parece muy feliz, aunque él más.
—Vamos a felicitarlos.
Maite y mamá se abrazan mientras se susurran cosas al oído. Puede que nuestra madre acepte esta reconciliación antes de lo que esperaba.
—¿Tanto se notaba? —pregunta mi madre a las palabras de mi hermana, fueran cuales fueran.
—Mucho, mamá —añado apartando a Maite para abrazarla—. Pero mucho.
—¡Felicidades! —Casi ruedo los ojos ante la reacción de mi madre a la felicitación de Mar, que lejos de darle las gracias, se pone a evaluarla.
Aunque, teniendo en cuenta que la he presentado como mi novia, tiene cierto sentido que lo haga.
Siempre lo hace. Dice que es para probarlos, si se asustan, es que no son dignos de ser nuestras parejas.
Sin embargo, no me preocupa, Mar puede con esto y mucho más, así que ni siquiera la avisé.
En cuanto mi chica ladea la cabeza, mi madre sonríe. Prueba superada.
—No sé si conoces la reputación de mis hijos. —Mar asiente divertida, Lucía la informó debidamente después de vernos fuera de la discoteca—. Cualquiera pensaría que ese afán por proteger a los que quieren viene de su padre, pero no es así, viene de mí. Hazle daño y te arrepentirás toda la vida.
—Lo tendré en cuenta —contesta Mar sosteniéndole la mirada. «¡Joder! Es que es perfecta».
—Me gusta —me dice mi madre mirándome para, acto seguido, girarse y abrazar a Mar, pillándola totalmente desprevenida—. Bienvenida a la familia.
—Gracias —murmura. César se acerca a hablar con mi madre y saco a Mar de la línea de fuego, por si acaso.
—Desde luego, hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien en Navidad —se mofa Aitana y su padre se ríe—. Si alguien me pregunta por un organizador de eventos, lo mandaré a ver a los hermanos Rubio.
Le saco el dedo del medio y nos reímos. En ese instante, Fer aparece con las botellas de cava que había traído Paco y brindamos por todos los cambios que están por venir.
Vuelvo a sentarme, aunque esta vez dejo que Mar use una silla, ya no hay necesidad de fingir que estamos ultraenamorados, después hablaré con mis hermanos y se lo contaré todo.
En ese momento, me llega la conversación de Óscar con Maite, aunque no he escuchado la pregunta:
—Sí, estaba buscando compañero de piso ahora que parece que me quedo solo. —Me mira con reproche y me encojo de hombros. No tengo que olvidar que esto también lo hago por él.
—¿Y ya lo has encontrado? —se interesa Adri, y Óscar asiente mientras escribe un mensaje y guarda el móvil en el bolsillo.
—¿Nos vas a decir quién es? —se burla César.
—Cristo. —Reprimo una sonrisa triunfal y bebo de mi copa. Mar me mira con una expresión exactamente igual que la mía. Sí, el plan ha funcionado a la perfección.