10. Mar
Mar
Cuando me canso de dar vueltas en la cama, decido que ya es hora de levantarme; total, son las seis de la mañana, una hora de sueño no me va a solucionar nada.
Me enfundo las mallas, la camiseta térmica de deporte y la sudadera de mi perfecto desconocido, como he decidido bautizarlo a partir de ahora, y salgo a correr.
El frío de la mañana me ayuda a despejar la cabeza y dejar de pensar en si lo del sábado fue real o solo fui una estúpida que cayó en su juego.
«Sí, lo fuiste». Pero, si ese fuera el caso, ¿para qué decirme que le escribiera al llegar?
«Para que supieras que todo se acababa ahí», contesta la voz malvada que vive en mi cabeza y que no se ha callado desde el domingo.
Joder, eso sería cruel. Además, siempre se me ha dado bien entender el lenguaje corporal y ese hombre tenía tan pocas ganas de separarse de mí como yo de él. «O era muy buen actor», replica.
Suspiro cansada e incremento la velocidad.
No sirve de nada seguir revolcándome en la mierda, pasó y no tengo forma de localizarlo.
Fin. Así se acaba la mejor cita que he tenido jamás.
Y que tendré. Porque estoy totalmente segura de que nadie va a superar el nivel de complicidad que viví el sábado, lo tengo claro.
Espero, con el tiempo, dejar de fustigarme por imbécil y volver a la normalidad.
Tantas ganas tengo de volver a verle que hasta le pedí a Lucía, una compañera nueva del colegio que se ha convertido en amiga y que es de Baza de toda la vida, que buscase el coche.
Sabía que era como buscar una aguja entre un millón de agujas, porque claro, en este caso no podía prenderle fuego al pajar, así que cuando anoche me confirmó que no sabía a quién pertenecía y que podría no ser de Baza, me vine abajo.
Ese ha sido el motivo de mi insomnio de esta noche, bueno, y de toda la semana.
Ese y que Lorena, mi compañera de piso, la cual no puede dormir con la puerta cerrada por culpa de un trauma infantil, ronca mucho y muy fuerte.
De normal, cerraría mi puerta, claro, si no fuera porque el domingo, al llegar a casa, pegué un portazo frustrado y tomó la decisión de no cerrarse más.
Lo peor es que no toda la frustración venía por ser imbécil, sino por tener que ver a Jesús en la comida familiar, pero no quiero perder ni un solo segundo pensando en él.
Las desgracias nunca vienen solas, ¿verdad? ¡Vaya domingo de mierda!
Por suerte, Lucía tiene unos amigos que pueden venir esta semana a arreglar la puerta.
No me gusta que entren a mi habitación sin estar yo presente, pero en este caso, confío en la palabra de Lucía; me dijo que eran de fiar y la chica del teléfono, Maite creo que se llamaba, me comentó que, si no era hoy por la mañana, tendría que ser la semana que viene, así que no tuve más remedio que tragar.
Espero no tener que pagar una puerta nueva, solo me faltaba eso.
Cuando llego a casa, Lorena ya está sentada desayunando y con la mirada perdida, odiando el mundo.
El olor a café inunda mis fosas nasales y mis tripas rugen, así que decido ducharme lo más rápido posible para complacer a mi cuerpo.
Una vez estoy lista para irme a trabajar, me dirijo a la cocina para prepararme un café y cereales, y me vuelvo a cruzar con Lorena.
—Recuerda que luego vendrá el carpintero a mirar mi puerta.
Asiente como respuesta y se pierde tras la puerta de su habitación para ponerse a estudiar.
La verdad es que, pese a que no es una chica muy habladora, llevamos un año y medio conviviendo sin incidentes.
Una de las primeras cosas que me advirtió fue que por las mañanas odiaba a la humanidad, por lo que no debía esperar de su parte más que gruñidos o monosílabos, pero que por las tardes sería una persona normal.
Pensé que bromeaba hasta que pasó la primera semana y descubrí que era verdad.
No somos amigas, ni sé nada de su vida, como sí ha pasado con otras compañeras que he tenido; sin embargo, es limpia y su horario es el opuesto al mío, por lo que cuando llego a casa ella no está y puedo disfrutar del sofá sin remordimientos.
Aun así, a veces es tedioso compartir piso y preferiría vivir sola en mi propio piso. «Algún día», me prometo.
Cuando hago el parón para comer, después de toda la mañana yendo de arriba abajo, reviso el móvil para saber qué ha pasado con mi puerta.
Se nota que tenemos hambre, porque de normal estaríamos comentando algo, pero hoy no, a todas nos parece de lo más interesante nuestro plato.
A la primera persona que leo es a Lorena:
Lorena
Ya ha venido y se ha ido el carpintero. Dice que te ha escrito.
Por cierto, puedes romper la puerta todas las veces que quieras.
¡ÑAM!
Ruedo los ojos ante su comentario, cualquier persona con pene es un «Ñam» para Lorena, no tiene criterio alguno. Los siguientes mensajes son de un número desconocido con una foto de una pistola de clavos:
Desconocido
Hola, Mar. Soy Juanma, el carpintero y también amigo de Lucía.
¡Hola, Lucía!
Suelto una risa que llama la atención de mi compañera de trabajo y le enseño el móvil para que vea el mensaje. Sonríe feliz y sigue comiendo como si nada.
Me he llevado la puerta para arreglarla, mañana por la mañana la tendré lista.
Tu compañera me ha dicho que estará en casa, así que por eso no te preocupes. Ya pasarás por la oficina a pagar, Maite es la que se encarga de esas cosas.
Por cierto, recuérdame que nunca te cabree. Como me pegues igual que a la pobre puerta, me quedo sin cara y es mi mejor cualidad ;)
¿Debería decirle esto a una clienta? No, seguramente no.
Olvida el último mensaje y, sobre todo, no se lo cuentes a Maite o me dará el sermón de que no soy profesional.
¡Ah! Y dile a Lucía que me llame el sábado si necesita a alguien que la salve de sus compañeras de trabajo.
Ups, puede que esto tampoco tuviese que haberlo dicho. TÚ eres una de ellas.
Tratadla bien, que no tengo ganas de sacarla sobre mi hombro cual cavernícola que reclama a su presa.
A todo esto, ¿crees que tu compañera de piso intentará violarme mañana? Me ha mirado de forma muy extraña cuando se ha despedido.
Da igual, me llevaré a Fer conmigo, no podrá con los dos. ELLA no ha roto la puerta.
Porque no ha sido ella, ¿verdad?
Confírmame este tema, por favor.
Saludos cordiales,
Juanma
¿Ves? Puedo ser profesional cuando quiero. Chúpate esa, Maite :D
Ni siquiera soy capaz de controlar la carcajada que sale de mi garganta cuando leo sus mensajes. La primera desde el sábado noche, no está mal.
—Juanma es genial. —Lucía interrumpe mis pensamientos—. Seguro que te ha puesto un montón de mensajes sin sentido, pero que en realidad lo tienen. Es su don.
—Tal cual. Mi compañera me ha escrito para decirme que está muy bueno, pero no tiene ningún criterio en cuanto a tíos, así que necesito tu valoración. —Le guiño un ojo y se ríe.
—Juanma es de los hombres más atractivos que conozco. —Su comentario llama la atención de nuestras compañeras y rueda los ojos—. Sin embargo, no es un hombre para cualquier mujer. Para un polvo sí, pero para algo más, no. Además, ya ha encontrado a la indicada.
—Lástima —suelta Sabrina con un suspiro y continúa hablando con Feli.
—Lo siento —me dice ante mi cara de decepción—. Creo que haríais buena pareja.
—No es por eso…
—Sigues pensando en el chico del sábado, ¿verdad?
—Sí —confieso—. Aunque ya lo doy por perdido. Fue bonito mientras duró.
—Igual os encontráis otra vez este sábado cuando salgamos.
Su esperanza me contagia, aunque por poco tiempo.
No quiero sucumbir a buscarlo, no quiero estar pensando todo el día en si me lo cruzaré cuando gire una calle o si para él fue igual que para mí o tan solo un polvo más.
«Fue un polvo más, nena». Aparto mis pensamientos y me centro en mi comida, aunque, antes de eso, contesto a Juanma:
Mar
¡Gracias por arreglarla tan rápido!
¡Os debo una!
En cuanto a tu pregunta, sí, fui yo quien rompió la puerta, estás a salvo con ella en ese sentido
Sobre lo de violarte, no voy a decir que no lo vaya a intentar… ¡Lo siento! Yo también llevaría refuerzos
Lucía te manda recuerdos
Juanma
¿Qué posibilidad hay de que mañana estés tú en lugar de ella en el piso?
Realmente me da miedo
Mar
-1000
Ya lo siento
Juanma
¿Somníferos en el café? Nadie tiene por qué enterarse
Mar
¿Y cómo quieres que te abra la puerta?
Juanma
Bien visto
Tendré que pasar por el aro
Que no su aro
Dios, los nervios no me dejan ni escribir
Olvida todo lo que he dicho
Y, por favor, NO SE LO CUENTES A MAITE
Me mataría
Ni a Lucía, claro, es su mejor amiga, se chivaría
¡Hola, Lucía! No se lo cuentes, ¡porfi! O no te salvaré de tus compañeras el sábado
Me giro hacia ella y pienso en qué clase de tarado es su amigo.
—Juanma está un poco loco, ¿no?
—Sí. —Se ríe Lucía—. En realidad es un amor, pero a veces se le va la pinza.
Se encoge de hombros y guardo el móvil. No pienso quejarme, me va a arreglar la puerta en un tiempo récord y, total, será Lorena quien lidie con él. Yo lo habré olvidado la semana que viene.