9. Juanma
Juanma
Esta semana está siendo una mierda, y solo estamos a miércoles.
No consigo concentrarme en nada, no paro de darle vueltas a la cabeza, de pensar si para ella fue igual de espectacular que para mí.
Hacía mucho tiempo que no alcanzaba ese nivel de complicidad con alguien, de hecho, creo que nunca lo había experimentado con nadie que no fuera de mi familia.
Por suerte, me puedo permitir tener la mente en otro lugar, ya que estamos acabando la obra y solo quedan algunos pequeños detalles finales.
Fer también está raro, más callado de lo habitual, y Óscar no para de observarnos a los dos de reojo.
Cualquiera diría que tendría que ser él quien estuviera peor de los tres, teniendo en cuenta de que acaba de salir de una relación, pero, en mi opinión, lo que se ha quitado es un peso de encima.
Además, sé que ya se está viendo con Cristo, su follamigo de toda la vida.
Si no fuera porque este último no quiere salir del armario, estoy seguro de que llevarían años siendo pareja.
La vibración de mi móvil me saca de mis pensamientos y frunzo el ceño al ver que es un mensaje de Maite, normalmente habla con Fer de todo lo relacionado con el trabajo. No la culpo, Óscar y yo somos un desastre para recordar las cosas.
Maite
Oye, te iría bien pasar mañana a mirar una puerta que no cierra?
Es para la compi de Lucía
Juanma
Claro, sin problema, puedo pasar por la mañana
Hoy acabamos ya aquí
Maite
¡Perfecto! Quedo con ella
Gracias
Vuelvo a olvidarme de todo y me centro en lo que tengo que hacer antes de que Fer venga a darme la chapa con que el trabajo es lo más importante y todo eso.
Reviso el dibujo que he hecho de unas ramas de almendro para la habitación de la bebé y sonrío satisfecho por el resultado.
Cada uno de nosotros se especializó en una parte de la construcción, aunque los tres sabemos hacerlo todo, para dividir fuerzas y poder ofrecer servicios de mejor calidad a nuestros clientes.
Yo me decanté por la carpintería y, aunque me encanta, mi pasión es la pintura.
Por eso le ofrecí a la pareja decorar la habitación, espero que les guste el resultado.
—Esta vez te has superado. —Estoy tan acostumbrado a que mis hermanos entren y hablen sin que los vea que ya ni me sobresalto. Sonrío a Fer y apoyo mi brazo en su hombro cuando se pone a mi altura—. Es precioso.
—Gracias.
—Estoy convenciendo a mi vecina para que reforme una habitación que tiene en la planta baja y se instale en ella para que no tenga que subir y bajar tantas escaleras. Creo que lo conseguiré si le prometo que le harás una pintura de las tuyas.
—Mi tarifa es cara —bromeo—. ¿Esa es la mujer a la que casi matas de miedo?
—La misma. —Niega con la cabeza—. Aún no he conseguido quitarme el susto del cuerpo.
—¿Te lo sigue echando en cara?
—¡Que va! Si fuera por ella, me daría en la cabeza hasta que se me quitase la tontería. Literalmente me ha dicho eso.
—Ya me cae bien. —Sonrío, aunque no me llega a los ojos.
—¿Quieres hablar de ello?
—No. ¿Y tú?
—Tampoco. —Suspira—. Vaya mierda de otoño estamos pasando los cuatro.
—Bueno, yo no veo a Maite tan mal como en verano. Y Óscar ya ha encontrado un sustituto.
—Les tengo mucha envidia —confiesa en un susurro—. No esperaba seguir soltero a estas alturas.
—Le das demasiadas vueltas a las cosas. Las analizas al detalle tantas veces que, cuando te quieres dar cuenta, el tiempo ha pasado. Deberías dejarte llevar de vez en cuando.
—¿Alguna vez piensas en las consecuencias de tus acciones?
—No soy un sociópata, Fer, claro que lo pienso —bufo—, pero no me recreo en todo lo que puede salir mal.
Hay muchas variables que no podemos controlar y, al final, las cosas nunca salen como esperamos, ni para bien, ni para mal.
Te pierdes en todo lo que ocurre en tu cabeza en lugar de disfrutar de lo que ocurre delante de ti.
—Eso es más fácil de decir que de hacer.
—Lo tenía claro.
—¿Vamos a comer? —interrumpe Óscar desde la puerta—. Joder, Juanma, te has superado. Es precioso.
—Como tu culo mimoso —suelta Fer y se me escapa una carcajada.
—Eres insoportable, ¿lo sabías? —bromeo mientras niego.
—No tanto como tú.
—Niños, dejad de pelear. —Óscar rueda los ojos y Fer y yo sonreímos—. Por cierto, hemos quedado con Lucía para cenar.
—Guay.
Por desgracia, mi tono demuestra que no me hace ninguna ilusión lo de la cena.
Al menos, mis hermanos lo pasan por alto y nos vamos en silencio al restaurante a comer.
La verdad es que tengo ganas de ver a Lucía, pero me hubiera gustado quedar con ella un día que estuviera de mejor humor.
Aunque, teniendo en cuenta que ahora se ha mudado de nuevo aquí, tendremos más oportunidades para quedar y, es posible que incluso pueda presentarle a la morena de ojos marrones que me ha robado el corazón.
Una a la que no paro de buscar en cada esquina que giro, pero que nunca aparece. Empiezo a pensar que nunca lo hará.
—¿Estás bien? —me pregunta Lucía preocupada cuando nos quedamos solos. Pese a que se mudó a finales de agosto, no habíamos coincidido los cinco juntos en ningún momento hasta hoy. Claro, como se pasa todo el día con mi primo Adri, no tiene tiempo para nadie más—. Es raro verte tan callado.
—Sí, se me pasará. No tiene importancia.
—¿Quieres hablar? —me insta. Siempre nos hemos llevado bien, es como otra hermana pequeña para mí; una mucho más dulce que mi hermana de verdad—. Prometo no contárselo a nadie.
—Lo sé —afirmo con una sonrisa y decido desahogarme con ella—: Conocí a una chica el sábado y congeniamos muy bien.
Hacía mucho tiempo que no conectaba con alguien a ese nivel, pero, cuando me despedí de ella, me di cuenta de que no le había pedido el número de teléfono, así que no tengo forma de localizarla.
Y ahora me siento como un idiota y no paro de pensar en si para ella fue igual o no.
—Mi madre siempre dice que si tiene que ser, será, pero a mí siempre me ha parecido que eso no es consuelo ni es nada. Así que si necesitas algo o puedo hacer algo, me lo dices.
—Gracias. —Sé que puedo contar con ella, el problema es que no hay nada que pueda hacer—. Saldré este sábado a ver si la encuentro de nuevo y si no, pues tocará pasar a otra cosa.
—Espero que tengas suerte. Yo tengo cena de Navidad y mis compañeras quieren buscarme un ligue. —Su cara de hastío me hace reír.
—A mí me parece un gran plan —bromeo—. Si ves que te molestan mucho, me llamas y me acerco a donde estéis para fingir que ligo contigo. Como en los viejos tiempos.
—Pues estate atento al teléfono, porque no lo descarto, ¡gracias!
Seguimos hablando un rato más sobre los problemas que tiene con el sobreprotector de su hermano.
Marcos no entiende que Lucía ya es una persona adulta y, al final, solo va a conseguir alejarla de su lado.
Me despido de ella y giro en la siguiente esquina para escaparme al estudio que tengo alquilado en lugar de irme a casa.
Pintar me relaja, así que cuando salgo de trabajar me voy a mi refugio y me envuelvo de colores con los que crear imágenes.
Cuando me fijo en lo que he estado trabajando desde el domingo, me doy cuenta de que he abusado de dos colores en concreto: el marrón y el rojo.
Dos colores que me llevan directos a la chica que no me puedo sacar de la cabeza.
¡Joder! ¿Qué coño me pasa? No me dio su número de teléfono ni me dijo su nombre, seguramente me haya olvidado ya…
Aunque, por otro lado, yo tampoco lo hice y eso no hace que no quiera volver a verla. Esto es una mierda.