Serie Siempre: Colección completa Epílogo 2
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Epílogo 2

Óscar

—¡Venga, cuñao , que vamos a llegar tarde! —le grita Juanma a Cristo para que salga de la habitación. Cuando lo hace, no puedo evitar darle un repaso por lo sexy que está. Me encanta cómo le queda la ropa de deporte. Por suerte para mí, es la que suele usar en casa—. ¡Por fin!

—Llevas en casa un minuto —le recuerda Cristo—. Me da mucha pena Mar cuando eres tan impaciente.

—¿Ves, cariño? Cristo me da la razón —bromea la que ahora ya es su novia y nos reímos.

—Cuando os defendéis entre vosotros dais un asco… —refunfuña Juanma, aunque sé que lo dice en broma.

—Hay que hacer frente a los hermanos Rubio y la única forma es hacerlo unidos —alega Cristo encogiéndose de hombros.

—¿Hacernos frente? —le pregunto acercándome hasta que nuestras respiraciones se juntan—. Y ¿cómo vas a hacer eso?

—Oh, baby , tengo muchas formas. —Sonríe de medio lado y me olvido de que Juanma y Mar están en casa y me lanzo a sus labios.

—¿Nos vamos? —Mar se ríe—. ¿Nos apuntamos?

—Arggg —soltamos los tres, Juanma, Cristo y yo, y ella se ríe a carcajadas.

—Desde luego, Juanma, es tu pareja ideal —suelto y Juanma esboza una sonrisa de oreja a oreja mientras la acerca para besarla—. ¿Nos vamos?

—¿Y el resto de los hermanos Rubio? —se interesa Cristo.

—Nos los iremos encontrando —contesta Juanma—. Fer viene con Sofía.

—¡Genial! Tengo ganas de verla —se alegra Mar—. ¿Cómo va la búsqueda de casa?

—Mal —contestamos Cristo y yo a la vez.

—Y eso es en lo único que están de acuerdo —se burla Juanma.

—No tenemos prisa —dice Cristo—. Ya encontraremos algo. ¿Y vosotros?

—Puede que hayamos encontrado una —admite Juanma—. Pero no quiero decirlo muy alto.

—Me alegro.

Nos reunimos con Maite a mitad de camino y la noto diferente, como con un brillo especial, aunque no le doy importancia. Seguramente sea porque este día le encanta tanto como a nosotros. Fer es el último en unirse y lo hace solo, nadie comenta nada al respecto.

Cuando llegamos a la plaza noto como todos nos vamos dispersando e intento estar atento para ver quién es el primero en caer.

El primero en mancharse paga la primera ronda en la comida.

Estoy tan pendiente de mis hermanos, que pierdo de vista a Cristo un segundo, el momento exacto en el que aprovecha para estampar sus manos en mi pecho desde atrás.

—¡Te pillé!

—¿Ah, sí? —Me giro y le mancho la cara entera de pintura mientras se ríe y se acerca para darme un beso y vengarse—. Me has hecho perder.

—No, he manchado a Maite antes que a ti. Lo que pasa es que no puedo apartar mis manos de tu cuerpo.

—Pues no lo hagas.

—Tenemos que buscar a tu madre. —Ruedo los ojos, parece él su hijo más que yo, incluso para ella. El grito de alegría que dio mi madre el día que aparecimos en su casa cogidos de la mano se escuchó por todo Baza y alrededores. Ni en su boda estaba tan feliz, palabras de Paco, no mías.

—Luego no le gusta que la encontremos tan pronto.

—¿Sabes qué es lo que más me gusta de mancharte?

—¿El qué?

—Saber que luego nos vamos a duchar juntos para quitarnos toda esta pintura el uno al otro.

—Igual tardo en algunas zonas. —Jugueteo tocándole el culo y dejando mi mano marcada en sus pantalones.

—Deberíamos poner una ducha bien grande en nuestro dormitorio.

—Estoy de acuerdo.

—Otra cosa más a los imprescindibles —bromea.

—El único imprescindible que yo necesito es a ti.