Serie Siempre: Colección completa 55. Óscar
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55. Óscar

Óscar

Tengo que esperar a que acabe el partido y las duchas para volver a toparme con él. Cuando sale, vuelve a darme un beso con una sonrisa.

—¿Vamos a casa y hablamos? —me pide.

—Sí, por favor.

Volvemos en silencio, uno pegado al otro, y noto como su mano quiere coger la mía, así que acabo cediendo y entrelazamos nuestros dedos. No me pasa desapercibida la sonrisa que se le forma cuando lo consigue. Al llegar a casa, nos sentamos en el sofá, uno frente al otro y lo insto a hablar:

—Siento si te he hecho sentir incómodo, era mi forma de demostrarte que ya no me quiero esconder. —Le sonrío en respuesta—. Quería haber hablado contigo esta semana, pero no parecías muy receptivo y pensé que igual era mejor hacerlo a lo grande.

—No me ha hecho sentir incómodo, pero he flipado un poco, no te lo voy a negar. Siento que hayas tenido la sensación de que estaba cerrado para hablar, no sabía muy bien cómo actuar contigo después de lo que pasó.

—Eso me lo creo, aunque no has sido el único.

—Cuando te has ido, iba a preparar un bizcocho para tener una excusa para sentarnos a hablar.

—Hubiéramos hablado de dónde íbamos a vivir después de que destrozases la cocina, así que creo que ha sido un acierto irme —se mofa y cambia la expresión a otra más seria—. He visto que mi padre se ha presentado.

—Se lo has contado a tu familia. —Asiente y su mirada se ensombrece ligeramente—. Aunque no he entendido nada de lo que me han dicho Feli y tu padre de que estaba rota. Siento haberte forzado a hacerlo.

—Nunca me planteé hacerlo, es una realidad, pero porque siempre pensé que me iría a vivir lejos y no haría falta.

—Eso puedo entenderlo, sobre todo si no van a aceptarlo—.

Cuando empezamos a mantener una relación más seria supe que en algún momento tendría que hacerlo, solo que quería tener otro trabajo antes para no quedarme en la calle. Ahora agradezco no haberlo tenido.

—¿Y eso? —pregunto confuso, parece feliz por ese hecho.

—Voy a empezar por el principio, que será más fácil: cuando volví de la universidad, Feli sabía que yo no quería dirigir la empresa y quería dedicarme al personal, que era la tarea que mi padre le había asignado a ella, entre otras.

Así que lo que hicimos fue repartirnos las tareas en función de lo que realmente queríamos hacer cada uno y nos traspasábamos la información de forma que si mi padre venía y me preguntaba algo de algún cliente o algún pago, yo tuviera la respuesta.

»Yo odiaba la empresa con toda mi alma, pero me prometí que empezaría a ver lo bueno de ella el tiempo que Feli lo necesitase y descubrí que sí me gustaba, lo que no me gustaba era el tipo de trabajo que mi padre quería que hiciera.

—Tú lo que quieres es facilitarles la vida a los empleados y en la empresa de tu padre tenéis muchos. —Un trabajo que le viene como anillo al dedo, no se me ocurre una persona mejor para eso.

—Exacto. Creo que por eso tampoco daba el paso, ni de irme ni de decir nada.

El caso es que precipitaste las cosas y yo no quería perderte, así que tomé las riendas de mi vida y decidí soltar la bomba el domingo.

Lo más extraordinario de todo fue que mi cuñado le pidió el divorcio a Maria Dolores porque les prohibió a mis sobrinos relacionarse conmigo.

—¿En serio?

—Sí, aluciné y Feli también. Dijo que era su tío y que tenían derecho a verme si ellos querían y, como mi hermana no bajó del burro, la echó de casa.

—Hostia, tuvo que ser digno de ver. Me alegro mucho, sé lo importantes que son tus sobrinos para ti.

—Muchísimo. Estoy muy feliz de su reacción.

—¿Y tu madre y tu padre? —pregunto porque, aunque creo que sé la reacción por parte de su madre, su padre estaba hoy en el partido. Aprieta la mandíbula antes de contestar:

—Mi madre me puso de vuelta y media y me echó.

Nada relevante. —Se encoge de hombros, como si fuera lo que esperaba.

Qué triste me parece que una madre no acepte a su hijo tal y como es—.

Mi padre no habló, le di la carta de renuncia de la empresa y me fui.

Pensé que no volvería a saber de él, pero el martes apareció en casa.

—¿Aquí?

—Sí. Me dijo que lo sentía, que le daba igual que fuera gay, que lo que le dolía era no haberse dado cuenta antes y que no tuviera la confianza para decírselo.

—Eso es bonito —reconozco con una sonrisa y asiente—. Mi padre me dijo algo parecido, así que sé que es reconfortante ver que algo tan importante para nosotros es tan insignificante para ellos, que seguimos siendo los mismos a sus ojos.

—En realidad para mi padre soy una persona totalmente distinta —admite—, aunque dice que quiere conocerme tal y como soy, y eso sí que es reconfortante.

También habló con Feli y ella le explicó lo que llevábamos seis años haciendo en la empresa.

Lo bueno fue que, en lugar de enfadarse, asumió sus errores y ahora Feli es la directora general.

—¿En serio? ¿Así de fácil? —me burlo porque no esperaba para nada la reacción de su padre. Es alucinante en todos los significados de la palabra.

—Creo que todo esto ha sido como una epifanía para él, como si hubiera abierto la puerta a una nueva vida que jamás imaginó.

Ha decidido retirarse y vivir la vida que no se ha permitido todos estos años por estar trabajando.

Dice que la empresa funciona mejor con nosotros y que ya no pinta nada en ella.

Además, le ha pedido el divorcio a mi madre y despidió a Maria Dolores.

—¡Hostia! ¿Y eso?

—Lo de mi madre parece que hace tiempo que lo tenía en mente, pero echarme de casa fue la gota que colmó el vaso.

Había muchas cosas que no le gustaban, pero aguantaba porque «tampoco era para tanto», es lo típico de que realmente no hay un motivo grande, sino muchos pequeños y cuando lo pones en perspectiva nunca hay nada que te haga dar el paso.

Igual nunca la hubiera dejado, nuestros padres se casaban para toda la vida.

—Eso es verdad. ¿Y lo de tu hermana? Divorciada, sin trabajo y en la calle, debe de estar pletórica —ironizo.

—No tengo ni idea, tampoco es que vaya a llamarla para preguntarle.

Supongo que se habrá ido a vivir con mi madre.

La verdad es que pensar que mi padre la despidió porque no me trató bien y no la quiere cerca de mí es desconcertante a la vez de bonito.

Es su forma de demostrarme que me quiere en la empresa, y encima no voy a tener que esconderme para hacer lo que me gusta, será mi trabajo.

—Vas a dejar de ocultarte en muchos sentidos.

—Lo sé y nunca he sido tan feliz.

—Yo tampoco —admito y nos damos un beso, creo que los dos lo estábamos deseando. Lo insto a que se tumbe para que su cabeza quede en mi regazo, como tantas veces, y empiezo a acariciarle el pelo. Joder, hasta esto había echado de menos.

—Juanma vino a hablar conmigo la semana pasada —confiesa.

—¿De verdad?

—Me dijo que hacía años que lo sabía y que su hermano era idiota.

—Se ríe—. Pero que pensabas que lo habías hecho por mi bien.

Le dije que iba a decírselo a mi familia y me dio su apoyo.

Incluso me llamó el domingo por la noche para saber cómo había ido.

Por eso pensé en demostrarte que ya no teníamos que ocultarnos, los hechos son más fuertes que las palabras.

—¿Y si Juanma no hubiera hablado contigo? —pregunto con miedo, qué idiota fui. Tengo que agradecerle a mi hermano lo metomentodo que es.

—Pues te lo hubiera contado y habría esperado a saber si eso cambiaba algo de tu decisión o no.

—Gracias por hacer todo el esfuerzo, y perdona por ser tan cobarde.

—No siempre es fácil enfrentarnos a nuestros sentimientos, no te culpes por ello.

—Cristo yo…

—Yo también te quiero, Óscar. —Mi corazón se hincha al escucharlo por primera vez. Antes me he equivocado, sí que podía ser más feliz.

—Me escuchaste —asumo y asiente.

—Creí que igual lo había soñado, pero luego me di cuenta de que no. Pensaba decírtelo después de la boda de Maite.

—Lo siento.

Se levanta y me coge la cara con las manos.

—A partir de ya, no te dejo que vuelvas a disculparte por lo que pasó.

Te perdono. Entiendo que quisieras bailar conmigo ese día, yo también quería hacerlo contigo.

Y te agradezco que no me dieras un ultimátum, pero la próxima vez, habla conmigo y pregunta.

Nos hubiéramos ahorrado tres semanas de mierda los dos.

—Te lo prometo.

—Perfecto —Se acerca y me da un beso, pero cuando quiero profundizar, se aparta—. Ahora vamos a hablar de algo aún más importante.

—¿El qué? —pregunto extrañado.

—¿Dónde vamos a dormir? Mi cama es mucho más cómoda que la tuya y tu habitación es perfecta para montar un vestidor y un despacho para trabajar.

—¿Quieres desmontar mi habitación? —pregunto incrédulo, ¿en serio vamos a hablar ahora de esto?

—No, quiero dejar de compartir piso y vivir juntos.

—Me parece perfecto.

Y lo beso, porque ya habrá tiempo de hablar de camas, vestidores y despachos. Ahora solo quiero recuperar el tiempo perdido y demostrarle con hechos lo mucho que lo quiero, igual que ha hecho él conmigo.