Serie Siempre: Colección completa 50. Cristo
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50. Cristo

Cristo

Observo el sol esconderse en el horizonte, dejando paso a la noche, y suspiro.

No tengo ganas de llegar a casa. Ver a Óscar y no poder tocarlo, besarlo o abrazarlo me desgarra por dentro.

Con gusto me hubiera quedado en la de mis padres, si mi madre no hubiera invitado a una de sus amigas con hijas en edad de casarse.

Cada día me cuesta más aguantar el tipo; pero hoy, unido a mi mal humor, le he soltado cuatro verdades a las dos niñas pijas que tenía delante que ha hecho callar hasta a José Antonio.

No debería haber entrado al trapo, sé que ha sido de muy mala educación por mi parte, pero no puedo soportar que se trate mal a una persona, y mucho menos si encima trabaja para ti. Es algo que me supera.

En cuanto esas verdades han salido por mi boca, mi padre ha dado por finalizada la velada y yo he aprovechado para salir de allí corriendo y subir al Calar Alto.

No es que planeara venir aquí, pero conducir me despeja la mente y el destino ha hecho el resto.

El aire frío me ayuda a sentir, el dolor me demuestra que no estoy muerto, que es como me siento por dentro.

Echo de menos a Óscar, mucho más de lo que hubiera esperado, pero a quién quiero engañar, me he enamorado de él hasta las trancas.

Es posible que, en el fondo, siempre lo haya estado, si no, ¿por qué nunca he buscado a otro que no fuera él?

Y aun así, aunque me haya roto el corazón, no puedo culparlo por poner fin a nuestra relación.

Él no quería seguir como estábamos y sabía que para mí sería difícil cambiar, pero no esperaba que decidiera tirar la toalla sin más.

Claro que pretendía poner fin a tener que escondernos, pero pensaba que tendría más tiempo para actuar.

Podíamos haber hablado, no sé, podría haberme preguntado si la situación cambiaría en algún momento.

Ahora todo se ha precipitado y solo tengo dos caminos: mandar toda mi vida a la mierda tal y como la he conocido o perder a Óscar.

Tengo claro qué camino no quiero tomar, pero me cuesta dar un paso en la otra dirección.

Esperaba estar fuera de la empresa el día que perdiera a mi familia y haber hablado con mis sobrinos primero para poder despedirme de ellos.

Sé que cuanto más tarde en actuar, hay más posibilidades de que Óscar no esté ahí para esperarme. Tampoco se lo podría reprochar.

Esta semana he estado enviando currículums y hablando con excompañeros de universidad, a ver si consigo al menos tener otro trabajo antes de perder el actual.

Porque una cosa tengo clara: en el momento en el que mi familia sepa que soy gay, me voy a convertir en un paria para ellos y dejaré de formar parte de ella.

El lado positivo es que no habrá más comidas familiares los domingos.

El negativo, que me quedaré en la calle.

Perder el contacto con mi familia es inevitable, pero es algo que tengo tan asumido que ni siquiera me afecta.

A los únicos que echaré de menos será a mis sobrinos.

Al menos, espero que Feli me apoye, me decepcionaría mucho perderla a ella también después de todo lo que hemos pasado juntos.

Como si la hubiera convocado, empieza a sonarme el teléfono:

—Hola.

— Hola, hermanito. ¿Qué haces? Te has ido tan rápido que no hemos podido comentar la jugada.

—No tenía ganas de estar allí.

— Nada más irte papá nos ha echado a todos y ha tenido una bronca monumental con mamá.

—Y tú ¿cómo sabes eso?

— Me lo ha contado Lola, esto de que tenga móvil es muy útil. Parece que mamá ha ido a despotricar de ti a casa de nuestra querida hermana mayor.

—Chismosas —las acuso riendo.

— Le dijo la sartén al cazo. ¿Estás bien? No tenías buena cara hoy.

—La verdad es que no. Tengo que empezar a tomar decisiones sobre mi vida. Y ninguna pasa por casarse con alguna de las hijas de las amigas de mamá.

— Gracias a Dios. —Se ríe. Al poco suspira y se pone seria—. ¿Vas a buscar otro trabajo?

—Estoy en ello.

— Te mudarás a otro sitio, ¿verdad? —pregunta triste.

—No es algo que descarte. Creo que salir de aquí y cambiar de aires me irá bien.

—«Así como no ver a Óscar si no quiere que volvamos juntos y lo del otro día fue una excusa barata», pero eso me lo callo.

Realmente no creo que fuera así, sin embargo, es una posibilidad que no puedo descartar del todo y el motivo definitivo para mudarme a otra ciudad.

— Te echaré de menos.

—Podrás venir a verme cuando quieras. En mi casa siempre habrá un hueco para vosotros.

— Y en la nuestra también. ¿Quieres hablar de lo que no me estás contando?

—A veces odio que me conozcas tanto —admito—. No, no tengo ganas. Algún día lo haré.

— Sea lo que sea, yo siempre estaré a tu lado. Espero que lo sepas. No estás solo, hermanito.

—Lo sé, hermanita. Lo sé.

— Te quiero mucho. Llámame si necesitas algo.

—Yo también te quiero.

Cuelgo con un suspiro. No puedo seguir posponiendo lo inevitable.

Tengo que dejar de esconderme. Tengo que dejar caer los muros de una vez y, si a alguien no le gusta lo que hay detrás, tendrá que aguantarse.

A Óscar le gustó lo que había y su opinión es la que más me importa.

Tengo que luchar por recuperarle. Pero, sobre todo, tengo que luchar por mí mismo y ser quien yo quiero ser.

Tengo que enfrentarme al mundo y dejar a un lado a todos los que intentan que sea alguien que no soy.

Se acabó. Voy a vivir mi vida como siempre he querido y apartar a todo aquel que no aporte nada en ella, empezando por ciertas personas de mi familia.

Al final, siempre he tenido claro que los lazos de sangre son solo eso. La familia se elige, no se exige.