Serie Siempre: Colección completa 47. Cristo
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47. Cristo

Cristo

Soy el primero en llegar a la iglesia. No me importa, Maite me pidió que controlara que todo estuviera como tenía que estar: los pétalos de rosas rojas en los cestos dispuestos para ello en las puertas, los paquetes de pañuelos de papel en la entrada con el cartel de «Solo para lágrimas de felicidad» y los adornos florales en todas las filas de bancos.

La florista me saluda con una sonrisa mientras su equipo coloca los ramilletes y observo que todo está como debe ser.

—Maite me dijo que te pusiera esto —dice con un prendido en la mano—. Si me permites.

—Creía que esto solo lo llevaba el novio y el padrino —comento sentándome en uno de los bancos para facilitarle la tarea.

—Maite me pidió uno para cada uno de sus hermanos y eso te incluía —contesta guiñándome un ojo—. Es muy bonito el cariño que os tenéis.

—Sí que lo es.

Una vez me pone el prendido, se va a continuar con sus tareas y me doy una vuelta. Todo está perfecto. Pensé que sería imposible organizar una boda en un mes, pero Maite y César lo han hecho. Lo bueno es que muchas de las cosas las tenían de antes, como el vestido y el traje.

Paco y Adri son los primeros en llegar, junto con un par de primos de César que deciden que el bar es el lugar perfecto para esperar.

—¿Todo bien, Paco? —le pregunto cuando se toca por tercera vez el nudo de la corbata.

—Me aprieta, qué cosa más incómoda. Tendría que hacer como vosotros y no llevar.

—Deja que te ayude. —Le deshago el nudo y vuelvo a hacerlo, de forma que no le ahogue, y se queda sorprendido cuando acabo—. Listo.

—Desde luego, Juani tiene razón, vales para un roto y un descosido.

—Eso es porque mi madre se ciega cuando se trata de Cristo —comenta Juanma uniéndose a nosotros.

—¡¿Has llegado pronto?! —pregunta Adri incrédulo mirando el reloj—. ¿Te encuentras bien?

—He huido en cuanto me han dejado. La casa de mi madre era un caos.

—Para ella habrá sido como volver a teneros en casa —bromeo—. ¿Ya habéis acabado las fotos?

—Sí. La verdad es que Maite va espectacular, vamos a sobrar en todas las fotos.

—Estaba preciosa, sí —comenta Paco emocionado—. Voy a entrar, prefiero esperar sentado.

Comentamos dónde está cada uno y hablamos de todo y nada mientras esperamos que vaya llegando la gente.

Al poco veo aparecer a Fer con una mujer mayor del brazo y una chica espectacular vestida con un vestido negro ceñido y unas Converse a juego.

Tiene cara de resignación, como si la hubieran obligado a estar ahí.

—¿Con quién viene Fer?

—Es su vecina, comentó que vendría a la ceremonia. Tiene ganas de ponernos cara —contesta Juanma sin prestar mucha atención a su hermano—. Han hecho muy buenas migas esos dos. La mujer vive sola y trata a Fer como un rey. Y ya sabes que mi hermano tiene debilidad por las mujeres mayores.

—¿Y la chica? —pregunta Adri, lo que provoca que Juanma gire la cabeza.

Ahora que me fijo más en ella, no me pasa desapercibido cómo se le van los ojos hacia Fer.

La verdad es que el hermano mayor de Maite va guapísimo con un traje azul claro a cuadros, a pocos hombres les quedaría bien algo así. Fer es uno de ellos.

—La nueva debilidad de mi hermano —comenta Juanma asintiendo en conformidad—. ¡Qué preciosidad! No me la imaginaba para nada así.

—¿Así cómo? —pregunta Adri riendo—. ¿Preciosa?

—¿Gótica? ¿Oscura? —intento adivinar, pero Fer llega a nosotros antes de que pueda contestar.

—Buenos días —saluda Fer todo educado—. Os presento a mi vecina Angelines y su nieta, Sofía.

Ellos son mi hermano Juanma, mi primo Adri y Cristo, el mejor amigo de mi hermana.

—«Y pareja de tu hermano Óscar» quiero añadir, pero me contengo.

Realmente no sé lo que soy. Creo que va siendo hora de que nos sentemos a hablar de lo que somos el uno para el otro, pero hoy no es el día. Mañana.

—Encantada —dice la mujer mayor—. Madre mía, qué buena familia tienes, Fer. Son todos guapísimos. ¿Verdad, cariño?

—Sí, abuela —contesta Sofía en modo automático. Creo que hubiera contestado lo mismo si hubiera preguntado si le parecíamos asesinos en serie.

—¿Sabemos algo de César? —pregunta Fer.

—Estaba a punto de salir. Cuando llegue hay que avisar a mamá para que se pongan en marcha en casa.

—Ese es el novio, ¿no?

—Sí, es él —le responde Fer a su vecina, que no para de estar atenta a todos nosotros.

—Y ¿de quién era la exnovia que apareció y casi me manda al hospital del susto? —sigue preguntando Angelines toda curiosa, y alzo la ceja hacia Juanma que se aguanta la risa. Esa anécdota no la conocía.

—De Adri. Él —dice señalando a su primo que pone una mueca de disculpa.

—No les cae nada bien a ninguno.

—Soy consciente de ello —contesta Adri sonriendo a la buena mujer—. Mi novia actual les cae mejor.

—Nos cae mejor que tú —añade Juanma riendo.

La florista sale en ese momento y me indica que está todo listo dentro.

Rectifica el prendido de Juanma, que se había torcido, y entro con ella para comprobar que todo esté como tiene que estar.

Cuando le doy el visto bueno, su equipo y ella se despiden y se van.

Vuelvo a acercarme al grupo con el que estaba después de saludar a varias personas y me siento observado por la vecina de Fer.

Le sonrío de medio lado y me la devuelve, me cae bien.

—Tú también llevas prendido. ¿Por qué? —En ese momento todos se giran para mirarme, cada uno con una emoción distinta en los ojos: Adri curioso; Fer feliz; y Juanma extrañado, pero no por el prendido, es como si hubiera algo más, pero no consigo distinguirlo.

—Soy el testigo del novio —comento encogiéndome de hombros.

—Mi hermana no quería hacer distinciones entre ninguno de sus hermanos, eso le incluye —aporta Fer mirándome con reproche, como si le hubiera restado importancia al gesto de Maite.

—Esta boda se puede celebrar gracias a él, si alguien se merece ese prendido es Cristo —añade Juanma y me estiro la camisa, nervioso. Por suerte, un gilipollas aparece en ese momento y salgo del foco de atención.

—Hola, chicos.

—Hola, Felipe —saludo con un tono frío. Sé que si no le hacemos caso, será peor.

—¿Quién se casa? Vais todos muy guapos.

—Mi hermana —escupe Juanma con tanto odio que la vecina de Fer da un respingo.

—Oh. —Se hace el sorprendido y ruedo los ojos, qué asco de persona—. ¿Con César?

—Sí; y te agradecería que te fueras, Felipe. Aquí no eres bienvenido. —Le doy la espalda y todos nos quedamos en silencio, dejándole claro que nadie lo quiere aquí. Duda unos segundos, pero acaba largándose sin decir nada y todos respiramos en cuanto lo perdemos de vista.

—Vaya —rompe el silencio Angelines—. Creí que tendría que ir a por la chaqueta al coche. Habéis bajado la temperatura varios grados. ¿Quién era ese chico? Lo habéis tratado como al mismo diablo.

—Al diablo le hubiéramos tratado mejor, se lo aseguro —bromeo ahora que ha pasado el momento tenso.

—Es el exmarido de mi hermana —la saca de dudas Adri.

—O como a nosotros nos gusta llamarlo: el cabrón infiel con el que se casó Aitana —dice Fer sin un ápice de burla en su tono, lo que sorprende a las dos mujeres que lo acompañan.

—Hay que reconocerle que tiene huevos —comento riendo—. Después de la paliza que le disteis, no sé cómo ha tenido agallas de acercarse a saludar.

—¿Le disteis una paliza? —pregunta Sofía estupefacta. Tiene una voz muy dulce, antes no me había fijado. Un contraste curioso con su atuendo gótico.

—Solo fueron un par de puñetazos —le resta importancia Juanma.

—Un par de cada uno —le recrimina Adri negando con la cabeza.

—Le advertimos que dejase en paz a Aitana, él se lo buscó. —Fer se encoge de hombros y se gira hacia Sofía—. Fuimos a decirle, por enésima vez, que no la molestase más, que no iba a volver con él, pero se puso gallito.

—Llevábamos un mes turnándonos para ir a buscar a Aitana al salir del trabajo porque si no, aparecía a mitad de camino para suplicarle que volviera con él —continúa Juanma—.

Y la policía no hacía nada porque no la tocaba.

Nos cansamos de ver a nuestra prima muerta de miedo cada vez que tenía que salir de casa.

Es una basura de persona que nunca debió cruzarse en su camino.

—Visto así, más fuerte tendríais que haberle dado —suelta Angelines y hace que las caras tensas por el recuerdo se esfumen—. Tengo ganas de conocer a Aitana, Fer habla mucho de ella.

—¿Estás seguro de querer juntarlas? —pregunta Juanma señalando a la vecina—. Pueden ser un peligro.

—Encontrará la forma de conocerla.

—Chico listo. —Angelines le da unos golpecitos en el brazo a Fer y creo que le susurra algo, pero me lo pierdo cuando Juanma me da un codazo y me señala a una pareja que se acerca. Vaya, parece que hoy es el día de encontrarse con los exnovios infieles.

—¡Hola, chicos! ¿Cómo estáis? —suelta Bego nada más llegar con una sonrisa radiante más falsa que un billete de siete euros, pegada a un hombre que parece que tenga un palo metido por el culo. Tal para cual. Fer se tensa y gira la cabeza.

—Pues ya nos ves, Bego, a punto de celebrar una boda —contesta Juanma con la mejor de sus sonrisas—. Pero solo puede venir la familia y gente que apreciamos; de lo contrario te habríamos invitado a unirte.

—Tú siempre tan agradable, Juanma. —Es que encima la idiota entra al trapo. De verdad, no sé cómo alguien puede cambiar tanto al irse a la universidad. O igual siempre fue así pero no éramos capaces de verlo—. Vas muy guapo, Fer.

—¿Verdad que sí? —contesta Sofía con una sonrisa radiante rodeando a Fer por la cintura y cogiéndole de la solapa de la americana para enfatizar sus palabras.

Todos nos tragamos la sorpresa, incluido Fer que le devuelve el gesto.

Bego cambia el semblante y su sonrisa falsa baja de intensidad mientras la fulmina con la mirada—.

Cuando fuimos a comprarlo dudó, pero si alguien puede llevar un traje tan extremo es él.

Está sexy se ponga lo que se ponga, ¿no te parece?

Por cierto, no nos han presentado. Soy Sofía, su pareja —añade, extendiendo la mano sin soltar el agarre de Fer—. ¿Y tú eres?

Bego coge el brazo del hombre con el que estaba y se va con un cabreo de tres pares de narices pateando el suelo. Su abuela pone una sonrisa de medio lado idéntica a la mía. Juanma empieza a reírse a carcajadas, lo que provoca que Sofía se sonroje hasta las orejas y se separe de golpe de Fer.

—Lo siento —susurra.

—Chapó —le dice Juanma aplaudiendo—. Sutil, eficaz, bonito. De verdad, me has cautivado.

—¿Pregunto? —Niego con la cabeza en respuesta a la pregunta de Angelines y asiente—. Desde luego, con vosotros no hay quien se aburra.

—Acaba de llegar César —nos informa Adri y todos nos ponemos en marcha.

—Hay muchas solteras invitadas a la boda, ¿tienes intención de ligar hoy? —me susurra Juanma cuando todos se dispersan y lo miro extrañado—. Por si tengo que entretener a Óscar para que tarde en llegar a casa.

—No tenía intención de ligar hoy, solo de disfrutar de la boda —admito ante su escrutinio.

—Perfecto, así me gusta —suelta con una sonrisa y me da una palmada en la espalda—. No tengo ganas de partirle la cara a nadie en la boda de mi hermana.

¿Se puede saber qué le pasa? O lo que es peor, ¿qué sabe?