28. César
César
Mudarse tiene sus ventajas, como librarte de un campeonato de tres días de balonmano.
Aunque, pensándolo bien, hubiera preferido estar allí los tres días y evitarme tener que llenar cajas.
¿Cómo se puede acumular tanto en cuatro meses?
Me fui de casa de Maite solo con la ropa y lo indispensable para sobrevivir.
Después de pasar todo el verano con Cristina, volví con lo mismo que me había llevado y alquilé el piso, que estaba equipado con todo lo que pudiera necesitar.
Entonces ¿de dónde coño salen tantas cajas?
Hemos decidido dejarlas en la habitación de abajo hasta poder ver qué hacemos con ellas; y si pasa un año y las cajas siguen ahí, irán directas a la basura sin abrir.
El propietario me ha dicho que me lleve todo lo que me apetezca, incluido lo que ya había.
Como va a venderlo, le da igual lo que se quede y lo que no.
Juanma ha elegido un mueble de la entrada para su piso nuevo, así que le he dicho que venga cuando quiera a buscarlo, pero parece que hoy está ocupado con su compañera de piso y no podrá.
Al salir el día de Navidad de casa de su madre nos confesó que en realidad solo compartirán piso, que lo había dicho así para que su madre llevase mejor lo mío con Maite.
Yo creo que solo se están engañando a ellos mismos, pero no voy a meterme.
La verdad es que pensé que la mudanza de Juanma sería mucho más caótica, pero no.
Los cuatro hermanos se encargaron de vaciar la habitación al día siguiente y sacar las cajas al salón para dejar sitio a Cristo y sus cosas.
Lo bueno es que como tanto mi empresa como la de los hermanos Rubio están de vacaciones, ha sido mucho más fácil organizarlo todo.
Fer es el que ha cargado más cajas y las más pesadas, a mí me ha sabido mal, pero sus hermanos han alegado que se lo deben por todas las que ha hecho él.
El que más me ha sorprendido ha sido Cristo, que llegó el veintiséis por la noche con la furgoneta del súper con Alberto, y en un momento lo tenían todo subido. Tampoco es que fuera a ir a ayudarle, pero imaginaba que o pagaría a alguien o tendría muchas más cosas.
Cuando llego al restaurante donde vamos a cenar los del equipo, ya están todos allí y Adri me indica que me ha guardado un sitio a su lado.
Tenemos que acabar de concretar la mentira que les contaremos a Lucía y Maite, ya que mañana han quedado y no quiero que se den cuenta de la sorpresa antes de tiempo.
Noto que falta Cristo, pero Alberto me dice que tenía mucho trabajo y estaba cansado.
La época navideña trae vacaciones para unos y días intensos para otros.
Durante la cena, le escribo varios mensajes a Maite.
La última vez que salí, al volver, estaba llorando y no quiero que hoy pase lo mismo, porque aunque me haya asegurado que está bien, ninguna cena es más importante que ella, y si tengo que irme a casa, lo haré sin mirar atrás.
Me contesta al rato que Fer ha ido a verla y que hablamos luego. Me relajo.
En cierto momento, alguien pregunta qué tal las navidades y tanto Adri como yo miramos hacia otro lado para evitar contestar. Lo que me sorprende es que Alberto hace lo mismo.
—¿Todo bien? —se interesa Adri preocupado.
—Oh, sí. He estado conociendo a mi nueva familia política. Son… peculiares.
—¿En serio? —pregunto divertido.
—Solo diré que bastante bien ha salido Cristo para lo que tiene en casa.
—Exagerado —lo acuso en broma.
—¿Sabes cuando empezaste a salir con Maite en el instituto que te extrañaba que él siempre estuviera en casa de ella por las tardes y no entendíamos el porqué?
—Sí. De hecho, no me lancé antes con ella porque pensaba que estaban saliendo.
—Pues ya lo he entendido —confiesa visiblemente perturbado y Adri y yo nos miramos sorprendidos—. Menos mal que por fin se ha ido de esa casa, no sé cómo ha podido aguantar tanto tiempo.
—Venga ya, Cristo vivía como un rey en esa casa —le explico. Si no fuera por su cara pensaría que nos está tomando el pelo. Claro que tampoco acabé de entender por qué se mudó al piso de Óscar cuando puede pagarse uno para él solo.
—Cristo ha vivido toda su vida en una cárcel de cristal —nos cuenta—. Y ninguno nos dimos cuenta. ¿Sabíais que no pensaba volver cuando acabase la universidad?
—Y ¿por qué lo hizo? —pregunta Adri con una cara que refleja lo mismo que yo: «¿Es verdad lo que nos está contando?». Tiene que serlo, no tiene motivos para mentir, pero entonces, ¿quién es Cristo en realidad? ¿Solo hemos visto lo que quería mostrarnos?
Alguien llama su atención y se rompe la conversación, siendo imposible volver a retomarla, y me quedo con las ganas de saber el motivo por el que volvió al final.
¿Lo sabrá Maite? Seguramente se dio cuenta de que era mejor trabajar en la empresa familiar que para otro empresario que solo ve números.
Yo viví algo similar, claro que nunca me planteé que fuera algo permanente, Maite estaba aquí y volví cuando tuve ocasión.
Me olvido de lo que hemos hablado en cuanto Maite me escribe.
Al parecer Fer la está intentando convencer para hacer pancartas para la San Silvestre para animarnos.
—¿Qué se cuenta mi primita? —interroga divertido Adri y alzo la ceja—. Esa cara de bobo solo la pones cuando hablas con ella.
—Está con Fer.
—Entonces están tramando algo, como si lo viera.
—Quieren hacer pancartas para la carrera.
—¡Es muy buena idea! Diles que el club se las paga si ponen el logo del equipo.
—Eso, tú anímalos —me quejo. Me muero de vergüenza solo de pensar en qué pueden poner en ellas.
—Ese día irán muchas familias a animar. Es posible que, si nos ven a todos como una piña, haya gente que se interese por el club y quiera apuntarse o apuntar a sus hijos e hijas.
—Por eso has hecho camisetas para todos iguales.
—Exacto —dice con una sonrisa—. ¿Preparado para fin de año?
—Sí, tengo ganas de sorprenderla a lo grande, la verdad. Y ¿tú?
—Llevo días durmiendo mal. —Se calla lo siguiente que iba a decir y se le forma una sonrisa tonta en la boca—. Pero solo quedan dos días, puedo aguantar. ¿Te quedas después de la cena?
—No, iré a casa con Maite.
A casa. A nuestra casa. Juntos. El único lugar en el que quiero estar: a su lado.