Serie Siempre: Colección completa 27. Cristo
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27. Cristo

Cristo

Óscar

Tengo una buena y una mala noticia

La mala primero

César dice que el propietario va a vender y que no lo alquila más

¡Mierda!

Y ¿la buena?

Que ha quedado una habitación libre en mi casa

Aunque no sé si es buena o mala

Escribiendo…

Escribiendo…

Escribiendo…

A la mierda, acepto

Solo hay una condición

¿Cuál?

Da igual, la voy a aceptar igual

Nada de sexo mientras seamos compañeros

¡Mierda!

Guardo el móvil cuando noto el codazo disimulado de Feli y sonrío a nuestras invitadas.

Una puta encerrona, eso es lo que me ha hecho mi madre hoy.

El día de Navidad, ¿se puede ser más cruel?

Vale que en mi casa no es un día «fuerte» y celebramos más la Nochebuena, pero esto no tiene nombre.

Ha invitado a todas sus amigas y conocidas con hijas solteras para que las conozca y empecemos a entablar amistad.

En otras palabras: para que busque esposa entre ellas.

Ahora que Feli tiene pareja, me toca engendrar un heredero, claro.

Porque aunque Alberto sea un repartidor, ya la ha besado en público y, por tanto, mancillado a los ojos de mi madre.

Una vez la gente lo sabe, no puedes permitir otra cosa que no sea quedarte con él toda la vida.

¿Qué dirá la gente si no? Menos mal que no sabe todo lo que hizo mi hermana en su época universitaria o le daría un jamacuco.

«Es que no hay otro sitio que el súper para encontrar pareja», fueron las palabras afligidas de mi madre al enterarse, seguidas de «Y ¿ya tenéis fecha para la boda?

». Feli contestó que claro, que por quién la tomaba, y se fue del salón toda ofendida con mi madre.

Esta tardó un rato en darse cuenta de que no había contestado a su pregunta, pero mi hermana ya no estaba en casa para hacerlo.

Estoy deseando ver la cara de nuestra progenitora cuando le diga que la casa que ha alquilado no es para ella sola y que Alberto se va a vivir con ella, ¡sin estar casados! Ya tengo preparadas las palomitas.

Observo a Feli y su cara de póker cuando la chica que tenemos delante nos explica que no trabaja ni estudia, que ahora está en un periodo de reflexión para plantearse qué rumbo tomar en su vida.

Para ello está viajando por el mundo y conociendo otras culturas en hoteles de cinco estrellas que le paga su papi.

Como profesional, debería aceptarlo y buscar el trasfondo de todo esto.

Como persona, me cuesta no decirle cuatro palabras bien dichas.

La que tiene sentada al lado es influencer y no para de buscar planos para hacerse selfies .

Se ha pasado toda la comida quejándose del algoritmo de Instagram.

Cuando Alberto le ha preguntado cómo funcionaba, ha colapsado y ha respondido «Pues mal, ¿es que no me estás escuchando?

». Alberto ha decidido en ese momento que callado estaba más guapo.

Hasta José Antonio está en silencio después de que una de ellas se haya escandalizado porque aprendiera a conducir con un coche de segunda mano.

¿De dónde coño ha sacado mi madre a esta gente?

—Cristo, cariño, ¿por qué no vais al jardín? —me pide mi madre con voz melosa y asiento con una sonrisa.

Siento la presencia de Feli y Alberto a mis espaldas, y agradezco en silencio que hayan decidido ser mi sombra hoy.

Puede que tenga paciencia para dar y regalar, pero hasta yo tengo un límite.

Salimos al jardín y veo que está todo decorado con una luz tenue, unas estufas de exterior y una merienda a base de dulces y chocolate caliente.

—Debes reconocer que se lo ha currado un huevo —me dice Feli observándolo todo—. Quiero esto en mi boda.

—La verdad es que Feli me había contado cosas, pero lo de hoy me tiene alucinado —añade Alberto adelantándose y sentándose en un sillón. Mira a mi hermana preocupado—. Cariño, no podría pagar ni la mitad de esto ni aunque me hipotecase de por vida. Estoy temiendo la boda.

—Era una broma, Alberto, la boda no podría darme más igual —contesta sentándose en el reposabrazos del sillón donde está Alberto y dándole un beso en la boca—. Cuando nos mudemos podré darle largas hasta que se canse.

—Yo sí quiero casarme —le reprocha Alberto, indignado por la insinuación de mi hermana, que lo mira sorprendida—. Pero no a costa de acabar viviendo debajo de un puente.

—Haced una boda pequeña: solo padres y hermanos. Que la pague papá y pregunta a mamá por posibles sitios donde celebrarlo —le sugiero—. Así os dejará tranquilos. Después, preparad una fiesta a vuestro gusto e invitad a todo el mundo. Os ahorraréis quebraderos de cabeza y todos estaréis contentos.

—No es mala opción —dice Feli mirando a Alberto que asiente—. Uhhh, ya viene el ganado para que elijas una vaca que te dé leche. Digo, una mujer que te dé hijos.

Alberto suelta una carcajada y yo respiro para que mi madre no me vea reírme y me lo reproche luego. Justo antes de que salgan al jardín, me coloco al lado de Feli y le susurro:

—Por cierto, mañana me mudo. Al fin seré libre.