Serie Siempre: Colección completa 26. Maite
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26. Maite

Maite

Por un lado siempre he tenido claro que mi vida sería mucho peor sin mis hermanos en ella y que haría cualquier cosa por ellos. Por otro, creo que sería mucho más tranquila y no tendría la sensación de estar saltando a un puto acantilado cada vez que los tengo cerca y necesito algo de ellos.

—Familia, os presento a Mar, mi novia. Por cierto, Óscar, mañana recogeré todas mis cosas de casa, nos vamos a vivir juntos.

Ni siquiera soy capaz de procesar sus palabras, aunque no soy la única.

Óscar, que tenía el móvil en la mano, lo mira como si le hubiera crecido otra cabeza, olvidando el teléfono que ha acabado en el suelo.

Fer se ha quedado inmovilizado en la puerta, lo que les impide entrar, y no para de parpadear.

Y mi madre, bueno, a ella directamente le ha dado un ataque al corazón a juzgar por su cara, aunque sigue sin apartar la vista de mi mano entrelazada con la de César.

Por suerte, Aitana suelta una carcajada tan sonora que nos trae a todos de vuelta.

—¿Cómo que te vas a vivir con ella? —suelta Fer.

—¿Sin casaros?

—¡Mamá! —gritan Adri y Aitana a la vez.

—¿Le has perdonado? ¿Habéis vuelto? ¿Desde cuándo? —murmura mi madre señalándome—. ¿Por qué me ocultáis cosas? ¿Es que no tenéis la confianza suficiente para contármelas?

—¿Quieres hablar de ocultar cosas? —la acuso—. ¿Sabes por qué está Paco aquí?

—Viene cada año. —Encima se hace la ofendida. Mis hermanos y yo rodamos los ojos.

—¡Basta ya, mamá! —le dice Fer—. Sabemos que estáis juntos.

—Eso no es verdad.

—Creo que lo mejor será que me vaya. —Paco se levanta, pero mi tío lo agarra del brazo y hace que vuelva a sentarse.

—Me parece que mis sobrinos no han acabado de hablar. Hermana mía, mientes fatal. Lo saben, admítelo de una vez, anda.

—Sí, vuestra madre y yo estamos juntos —confiesa Paco poniéndose en pie—. Y no había sido tan feliz en mi vida. No os lo ha dicho antes porque yo se lo pedí. Sé que soy feo, pero aprecio mi cara tal y como es.

—No eres feo, cariño —dice mi madre levantándose para atraparle la cara entre sus manos.

—¿En serio, Juani? —la acusa mi tía.

—Paco, puedes estar tranquilo, tu cara se va a quedar como está —añade Juanma, que por fin ha podido entrar en el salón y se sienta con Mar encima—. Pero si quieres un arreglo siempre nos puedes llamar.

—Que Maite te agende, que vamos hasta arriba últimamente y parece que tenemos varias mudanzas que hacer —aporta Óscar recogiendo su móvil del suelo y mirando a Juanma con reproche.

—Al menos por una vez no es de Fer —bromeo y la tensión se esfuma. O casi—. Mamá, no te había dicho nada porque no sabía cómo ibas a reaccionar y no podía lidiar con ello. Bastante tengo con mis emociones como para aguantar las de otros.

—Puede que no llevase bien tu separación —admite a regañadientes—. Así que entiendo que no quisieras contármelo. ¿Estás bien?

—Sí. Poco a poco. Mañana empezará a traer sus cosas a casa y volveremos a vivir juntos.

—¿Ya?

—Mamá, se reconciliaron en las fiestas —le informa Juanma—. Si no estuvieran seguros no lo harían.

—Ah. Oh. ¿Desde septiembre? ¿Soy la última en enterarme? —me acusa dolida.

—Mi padre también se ha enterado hoy —dice César con un tono de voz apenas audible.

Creo que tiene miedo a mi madre, no le culpo.

Ella asiente muchas veces, como si estuviera asimilando todo lo que acabamos de contarle, y Paco la abraza para apoyarla en su pecho.

Mientras lo hace nos mira a los cuatro, supongo que buscando si estamos o no de acuerdo con ello.

Veo como Fer asiente y a Paco le cambia la cara, como si acabase de tomar la decisión más importante de su vida.

Se separa de mi madre, lo suficiente para poder arrodillarse delante de ella y cogerle la mano.

El grito de sorpresa que se oye envuelve todo el salón.

—Sabes que llevo enamorado de ti desde que te conocí. Nunca podré sustituir a Fernando, ni lo pretendo, pero me harías el hombre más feliz del mundo si me concedieras estar a tu lado para cuidarte y amarte lo que me quede de vida. Juani, ¿quieres casarte conmigo?

Saca un anillo del bolsillo mientras mi madre llora desconsolada y asiente con fervor.

Paco se levanta y se lo pone, para finalmente fundirse en un beso mientras el resto aplaudimos felices.

Observo a mis hermanos que se ríen contentos por el ímpetu de Paco y, cuando cruzo mi mirada con la de Fer, articulo un «Gracias» que solo él ve.

Sé que ha movido todos los hilos para que Paco estuviera aquí y que mi vuelta con César quedase relegada a un segundo plano.

Y podría pensar que Juanma ha hecho algo similar, si no fuera por la cara con la que mira a Mar.

Espero que funcione, o la hostia será épica.

Óscar se acerca a César cuando voy a felicitar a mi madre, imagino que para no dejarlo solo. Mi madre me abraza fuerte y empieza a susurrarme para que solo yo lo oiga.

—Se te ve feliz, así que yo estoy feliz por ti.

Bueno, ahora mismo también estoy muy feliz por mí, pero ¿entiendes lo que quiero decir?

—Asiento—. Solo quiero que seas feliz y si tú has podido perdonarlo, yo podré con el tiempo.

No diré que será fácil, pero no voy a poner más trabas en el camino.

Y quiero casarme mañana mismo con Paco, pero si tú no te sientes cómoda con ello, lo aplazaré hasta que sí.

No quiero que ese día sea triste para ninguno de mis hijos.

—Cásate cuando quieras, mamá —le digo y lo siento de verdad—. Será un día feliz para todos nosotros porque a ti se te ve radiante desde que estáis juntos.

—¿Tanto se notaba?

—Mucho, mamá —añade Juanma apartándome para abrazarla—. Pero mucho.

—¡Felicidades! —La voz de Mar sale como un murmullo entre las voces del salón y mi madre la mira evaluándola.

Siempre hace lo mismo, lo hizo con César cuando se lo presenté, con la ex de Fer, la de Adri y el de Aitana.

Dice que es para probarlos, si se asustan, es que no son dignos de ser nuestras parejas.

Y por la sonrisa que acaba de esbozar, Mar ha pasado la prueba. Juanma me mira con orgullo.

—No sé si conoces la reputación de mis hijos. —Mar asiente divertida—. Cualquiera pensaría que ese afán por proteger a los que quieren viene de su padre, pero no es así, viene de mí. Hazle daño y te arrepentirás toda la vida.

—Lo tendré en cuenta —contesta Mar sosteniéndole la mirada.

—Me gusta —le dice a Juanma. Se gira y la abraza, pillando a Mar totalmente por sorpresa—. Bienvenida a la familia.

—Gracias —murmura.

—Felicidades, Juani. —La voz de César llega desde mi espalda y mi madre lo encara—. No volverá a pasar.

—Más te vale. Tu vida depende de ello. —Le señala con el dedo y César le sonríe. Llega hasta mi madre y se abrazan. Suspiro aliviada y todos los nervios que tenía de que llegase el día de hoy se esfuman.

—Siéntate, anda. Te has quedado blanca —dice Óscar acercándome a una silla.

—Desde luego, hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien en Navidad —se mofa Aitana y su padre se ríe—. Si alguien me pregunta por un organizador de eventos, los mandaré a ver a los hermanos Rubio.

Juanma le saca el dedo del medio y el resto nos reímos.

En ese momento Fer aparece con las botellas de cava que había traído Paco y brindamos por todos los cambios que están por venir.

Cuando nos sentamos, veo a Óscar con el móvil y le pregunto, no es propio de él estar mirándolo. Más bien se parece a mí en ignorarlo.

—¿Todo bien?

—Sí, estaba buscando compañero de piso ahora que parece que me quedo solo. —Vuelve a mirar con reproche a Juanma y este se encoge de hombros.

—Y ¿ya lo has encontrado? —se interesa Adri, y Óscar asiente mientras escribe un mensaje y guarda el móvil en el bolsillo.

—Y ¿nos vas a decir quién es? —se burla César.

—Cristo.