25. Óscar
Óscar
Ni siquiera puedo escudarme en que son unas fechas para reunirnos con la familia, porque la realidad es que nos juntamos durante todo el año.
No tanto como cuando éramos pequeños, pero no somos unos desconocidos que se ponen al día antes de acabar el año para esperar otros trescientos sesenta y cinco días para volverse a ver y saludarse como si se quisieran.
A las personas que quieres las tienes cerca, aunque vivan en la otra punta del mundo.
Sonrío cuando llego a la puerta de casa de mi madre. Adri y Aitana están apoyados en el muro, hablando entre susurros, que cesan en cuanto me ven.
—Hola, primo. ¡Feliz Navidad! —saluda Aitana con un abrazo—. ¿Vienes solo?
—Sí, Juanma se estaba acabando de vestir.
—Entonces, todavía falta para que llegue —se burla Adri—. ¿Sabes si César vendrá a comer o después al café?
—Después, a no ser que hayan cambiado de opinión. Anoche dijo eso Maite, comería con su padre y hermana, y luego se pasaría.
—Que no se me olvide cuando venga Cristo que le he traído una cosa para Feli.
—No sé si vendrá —contesta Adri a su hermana y le mira con el ceño fruncido—. Cristo no lleva bien que Maite y César hayan vuelto.
—¡Oh! —Aitana se queda parada, sorprendida por las palabras de su hermano—. No sabía que… ¡oh!
—A Cristo no le gusta Maite —le aclaro, porque estoy viendo por dónde van sus pensamientos y no me gusta—.
Es que no perdona la infidelidad de César.
Así que ha decidido quedarse al margen, por lo que su amistad está un poco resentida.
De todas formas, invitado está. No sabía que conocías a su hermana.
—Vamos juntas a pilates —me explica con una sonrisa—.
Estoy muy contenta por ella, está recuperada casi al cien por cien a nivel físico y emocional.
—Miro a Adri, pero tiene la misma cara de no saber de qué habla su hermana que yo—.
Oh, perdón, pensaba que lo sabíais. Feli tuvo cáncer; se lo diagnosticaron hace seis años y ha tenido algunas recaídas, pero hace unas semanas le dieron el alta definitiva.
Me duele que Cristo no me lo haya contado, aunque por otro lado, ¿por qué iba a hacerlo? No somos amigos. Aunque pensar eso no hace que me duela menos.
—Buenos días —saluda Fer, que viene acompañado por Maite. Los dos llevan bandejas con comida—. ¿Este año hemos trasladado la fiesta a la puerta?
—He llegado y me los he encontrado aquí —me defiendo, pero la verdad es que me da reparo entrar en la casa sin mis hermanos un día como hoy. Demasiados recuerdos.
—Yo me he quedado aquí para que mi madre tenga que pedirle ayuda a mi padre —explica Aitana con una sonrisa de oreja a oreja.
Nuestra tía tiene una visión del mundo muy antigua, donde el hombre trabaja fuera y la mujer en casa, y no hay forma de sacarla de ahí.
Igual que tiene la creencia de que el matrimonio es para toda la vida, así que tener dos hijos divorciados lo lleva especialmente mal.
Por lo menos, cuando le conté que era homosexual lo aceptó sin más.
«El amor es amor, mi niño» fue todo lo que dijo.
Ojalá parte de los amigos que perdí cuando salí del armario hubieran pensado igual.
—Vamos dentro o mamá colapsará —propone Maite y me entrega la bandeja que lleva.
—Y tú ¿cómo estás?
—No he dormido —confiesa—. Llevo ya un par de cafés en el cuerpo.
—Eso no creo que ayude.
—No creo que nada ayude, Óscar. Hoy va a ser un día de mierda.
—Espero que no. —Pero ni yo me creo mis palabras.
De aquí a unos años recordaremos la comida navideña de hoy como la más tensa de la historia de la familia Rubio.
A Maite se le ha caído una copa de vino, lo que ha provocado que se manchase ella, Aitana y parte del mantel navideño de nuestra madre, ese que compró el primer año de casada y que conserva como si de oro se tratase.
Juanma y Fer han mirado el móvil más veces que en su vida, y Adri está en su propio mundo, aunque no le culpo por ello, visto lo visto.
Y a todo este cóctel de emociones varias le hemos añadido a mi madre y mi tío insistiendo a mi tía para que se muden a una casa de una sola planta y sin barreras arquitectónicas.
En cuanto Fer ha aportado que, si necesita reforma, lo haríamos al momento para que fuera todo lo más rápido posible, mi pobre tía Abelina se ha visto tan acorralada que se ha ido a la cocina y ha estado allí más de diez minutos trasteando, mientras el resto hacíamos como si no hubiera pasado nada.
Pero la fiesta de verdad empieza cuando la primera persona que esperamos hoy llama al timbre de la casa y Fer va corriendo a abrir.
Momentos después aparece en el salón con Paco, el novio «secreto» de nuestra madre, que trae un par de botellas de cava y una sonrisa, hasta que ve la cara de pánico de mi madre.
Juanma disimula una risa con la servilleta, pero no da tiempo a que nadie diga nada, porque vuelven a tocar a la puerta.
Esta vez es Maite la que se dirige hacia allí y aparece con César de la mano, lo que transforma la cara de nuestra madre a una de perplejidad con un punto de dolor.
—Pasa, cuñado, y siéntate. —Fer rompe el silencio, pero no consigue que baje la tensión ni un ápice—. Paco, te hemos dejado un sitio al lado de mi madre. Imagino que es donde quieres sentarte, ¿no?
Paco mira a mi madre, que está roja como un tomate, y asiente, sentándose donde le han indicado sin emitir ni una sola palabra.
Mi tío nos mira curioso, esperando que alguien le dé una explicación de lo que está pasando y mi tía mira a mi madre como si la viera por primera vez.
El timbre vuelve a sonar y Juanma esboza una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Ya estamos todos! —dice yendo a abrir, miro a Fer, que me devuelve la misma cara de confusión que yo. En ese momento, me suena el móvil y veo por el reloj que es Cristo, por lo que entro a contestar.
Cristo
¿Sabes de algún sitio donde pueda irme a vivir ya?
Nivel: Mudarme mañana
Dime que César se va a vivir con Maite y deja el piso libre
¿Todo bien?
No, a no ser que quiera empezar a organizar mi boda
¿En serio?
Tan en serio que ni siquiera podré ir a vuestra casa a tomar el café
Las cosas aquí están movidas… Te escribo luego, ¿vale?
Sí, perdona por molestarte
Eso nunca :)
Luego le pregunto a César
Gracias
Juanma entra al salón con una chica morena de la mano y una sonrisa que no augura nada bueno:
—Familia, os presento a Mar, mi novia. Por cierto, Óscar, mañana recogeré todas mis cosas de casa, nos vamos a vivir juntos.
Y se desata el caos.