20. César
César
¿Sabes esa sensación de que estás tan bien que te encuentras en constante alerta para cuando todo se vaya a la mierda?
Esa es mi vida desde que volví con Maite.
Para ser sinceros, también fue así al principio de nuestra relación, no me podía creer que esa chica que me había cautivado con su sonrisa y su espontaneidad fuera mi novia, aunque tampoco quise analizarlo mucho, solo disfrutarlo.
Estamos avanzando y pasamos casi todo el tiempo libre juntos, como hacíamos antes, pero no consigo deshacerme de la sensación de que todo estallará por los aires de un momento a otro.
Hoy no ha querido venir al partido ni a la cena, alegando que no estará Lucía, así que ha quedado con Óscar.
Lleva unos días preocupada por Fer y Juanma, por lo que imagino que aprovechará para intentar sacarle información a su hermano, que siempre consigue enterarse de las cosas antes de que se las cuenten.
Incluso me confesó que ya sabía que habíamos vuelto antes de que Maite se plantease ni siquiera contarlo.
—Entonces, ¿dónde vamos? —pregunta Cristo cuando hemos acabado de cenar.
Ha sido idea suya salir de fiesta, alegando que Adri estaba libre por una noche.
Es cierto que desde que empezó a verse con Lucía es difícil dar con él, el problema es que ese comentario tan tonto ha derivado en una discusión con Marcos que ha hecho que lo echase del vestuario.
Marcos no acepta que su hermana es libre de liarse con quien quiera, y Cristo y yo le hemos recordado que es adulta y no puede meterse.
Miro a Cristo, que está negociando con Alberto el lugar de las copas, y me trago un suspiro.
Defender a Adri y Lucía de Marcos es la primera interacción que hemos tenido desde que casi me parte la cara dos semanas después del incidente.
A veces me gustaría hablar con él, arreglarlo, pero ya me dejó claro Maite que, por mucho que lo intentase, era una batalla perdida.
Sé que era amigo de ella antes que mío, pero nos llevábamos muy bien, joder.
Fue a la primera persona a la que le conté que pensaba pedirle matrimonio a Maite, incluso me ayudó a prepararlo.
Si ella me ha perdonado, ¿por qué él no puede?
No sé para qué me esfuerzo en pensarlo, hasta que él no quiera decírmelo no sabré la respuesta, si es que algún día decide soltarlo.
Determino que es mejor dejarlo pasar y escribo a Maite:
César
Están diciendo de ir a tomar algo y Adri me está poniendo ojitos para que no le deje solo. ¿Te parece bien?
¿Tú cómo vas?
Maite
Aquí con Óscar, viendo una peli mala
Pero mala mala
Así que nos lo estamos pasando genial :D
Haz lo que quieras :)
¡Pásalo bien!
La hemos tenido con Marcos en el vestuario
La situación con Adri empieza a ser insostenible
No sé si debería hablar con él
Mira, Marcos ya es mayorcito para comportarse como lo está haciendo
Si quiere perder a su hermana y mejor amigo porque no le entra en la cabeza que están hechos el uno para el otro, es su problema
No se puede ser tan gilipollas
Tiene lo que se merece
Tienes razón
Parece que nos movemos, te aviso al llegar
Vale :)
Al llegar al local soy consciente de la mala decisión que hemos tomado. Adri piensa lo mismo por la cara que tiene. Voy a apoyarme en la barra, hasta que me doy cuenta de que está empapada de lo que espero que sea alcohol. Aprovecho para escribir a Maite mientras aguardo mi bebida:
Este local está lleno de niños
Nota mental: no ir jamás a un lugar propuesto por Alberto
Estoy teniendo un déjà vu, haces la misma nota mental cada vez que sales con él
Es que no sé por qué seguimos haciéndole caso
Porque sois unos borregos
Vaya, gracias
Si no propones, no te quejes
¿Te parece bien si guardo el móvil y te aviso cuando llegue a casa?
¿O prefieres que sigamos hablando?
No lo había pensado, pero sí, me parece bien :)
Disfruta del perreo
Bueno, mejor no, tú a un rincón
Creo que si me pongo a bailar es posible que tu primo me lleve al psiquiátrico
Y a nadie le sorprendería jajaja
Venga, guarda el móvil, estoy bien
Pero avísame al llegar, porfa
Siempre :)
—Bueno, ya le he dado las buenas noches a Maite —le explico a Adri—, voy a guardar el móvil hasta que llegue a casa.
—¿Todo bien?
—Sí, pero estamos trabajando la confianza y hemos quedado en que hoy ya no le escribiré más. Cuando me vaya a dormir la avisaré.
—Me alegro por vosotros.
—Gracias —digo dándole una palmada en la espalda—. Sé que lo dices de corazón y te lo agradezco de verdad. Tus primos aún me tienen en periodo de prueba.
—Es su hermana pequeña y lo pasó muy mal, no pueden evitarlo.
—Lo sé, y se están portando muy bien para cómo son.
Esperaba más hostilidad, la verdad. —Suspiro y bebo de mi refresco.
Observo la pista de baile, donde hemos perdido de vista a Cristo, Alberto y los demás, y me fijo en alguien que conozco bien—.
¿Esa es Lucía? —pregunto señalando a un grupo de chicas.
Sé que es ella, pero he querido ser sutil, no como Adri, que se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja en cuanto la ve.
—Sí, creo que sí. —Intenta disimular, pero sé que la ha reconocido al instante. El grupo con el que va tiene pinta de estar formado por compañeras suyas, y no paran de arrastrarla y presentarle a cada persona con la que se cruzan—. Parece que se lo están pasando bien.
—No sé qué decirte, a mí me está dando miedo acercarme a saludar —bromeo—. Puede que le quieran buscar un ligue, pero van con la red de arrastre.
—Sí, Lucía me explicó que las compañeras pensaban acabar la noche a lo grande. Mira, por ahí va mi primo al rescate.
Sonrío al ver a Juanma acercarse a Lucía como si se la fuera a comer, como un lobo con su presa, aunque está claro que su intención es salvarla del calvario que está viviendo.
Lucía es más de conversaciones y cenas que de ligoteos en una discoteca; que los ha tenido, claro, pero no es la forma de conquistarla.
Aunque la intención de sus compañeras no es buscarle un novio precisamente, por lo que me contó Maite.
Juanma y Lucía siempre han tenido un código secreto para llamar al otro y que apareciera para fingir que eran pareja.
Incluso alguna vez me ha usado a mí para quitarse a algún sobón de encima, así que no me extraña verlo aquí.
Lo que sí me sorprende es su comportamiento, en cuanto llega a donde está Lucía, se queda parado mirando a la chica que está detrás de ella, una morena con la misma expresión de sorpresa que él.
Lucía los mira extrañada e intenta hablar con ellos, pero la ignoran.
¿Será el motivo por el que lleva una semana tan raro según Maite?
Lucía es arrastrada hacia otro lugar y observo como Adri va apretando la mandíbula mientras la ve bailar con una chica. Está celoso.
—Creo que me voy ya, me estoy durmiendo.
—Le doy una palmada en la espalda para traerlo de vuelta y le doy una salida: me quito de en medio para que vaya a por su chica de una vez por todas.
Echo un último vistazo a la pista y no puedo evitar soltar una carcajada al ver a mi cuñado—.
Juanma se va acompañado de una morenaza.
Mira que es rápido el cabrón; qué pena que luego le duren tan poco.
Lucía también parece que ha triunfado, ¿quieres que me quede y te ayudo a ligarte a una?
—Creo que soy capaz de ligar solo, gracias —bromea o eso cree él. Ya ha mordido el anzuelo, ahora solo queda que se lance del todo—. Vete antes de que te vean Cristo y Alberto o no te dejarán irte.
—Gracias por cubrirme. —Y salgo disparado hacia la salida.
Quizás tendría que haberme acercado a saludar a Lucía para que supiera que Adri está aquí, o tal vez no.
No lo sé; la verdad es que no los entiendo.
Se nota a leguas que están colados el uno por el otro; no entiendo por qué no hacen nada al respecto.
Aunque imagino que Marcos tiene mucha culpa de ello.
Cuando voy a meterme en el coche, me percato de la presencia de Juanma, que besa a la morena con la que ha salido, aunque no es como otras veces que lo he visto comerse la boca con una chica.
Es pausado, lento, sensual, como si quisiera que el tiempo se detuviera en ese mismo instante.
¡Qué interesante! creo que esta chica le gusta de verdad.
Arranco y un segundo después cambio de destino.
La idea era dormir en casa, pero es que no quiero despertarme mañana solo.
No sé si Maite habrá llegado o no, aunque no me importa esperarla.
Prefiero hacer eso que tumbarme en la cama solo, echando de menos su cuerpo pegado al mío.
Al llegar veo luz por la ventana y sonrío, espero que le guste la sorpresa.
Sin embargo, todo se va a la mierda en cuanto entro y lo primero que escucho es un sollozo. Corro hasta el sofá y me la encuentro hecha un ovillo. Me pongo de rodillas a su lado y le acaricio la mejilla.
—César —susurra y me abraza fuerte mientras llora sin consuelo.
—Nena, me estás asustando. ¿Ha pasado algo? —Noto como niega en mi pecho, así que la envuelvo con mis brazos y espero a que se calme—. ¿Mejor?
—Sí —murmura mirando el suelo y, pese a que me cuesta horrores controlarme, no le alzo la cara para que me mire, porque, aunque me muero por saber qué le ha pasado, creo que me hago una idea y eso me rompe por dentro—. Solo imaginaba cosas y me he puesto triste.
—Lo siento. No tendría que haber salido —admito.
—Esa no es la solución, César. Y lo sabes. —Alza la vista para encararme y veo determinación en su mirada. Ahora mismo no podría quererla más—. Tienes que salir, igual que yo tengo que hacerlo sin ti. Y tendré que lidiar con los demonios que aparecen cuando lo haces.
—O puedes llamarme cuando aparezcan —propongo acariciando su mejilla—. Poco a poco, viendo la verdad, podrás callarlos.
—¿Qué haces aquí? ¿No ibas a dormir en casa?
—Sí, pero en realidad no quería. Los pocos días que duermo allí no pego ojo, echo de menos tu cuerpo junto al mío. Y ya no te digo lo que significa despertarme sin ti. Prefiero que me claven agujas en los ojos. Lo siento como un mal presagio de lo que podría venir.
—¿Lo conseguiremos? —pregunta con esperanza y duda en los ojos.
—Si alguien puede hacerlo, somos nosotros. Te quiero, Maite.
—Y yo a ti, pero odio que salgas de fiesta.
—No tanto como yo si elige Alberto el sitio —bromeo—. ¿Vamos a la cama?
—Sí, por favor.
Nos acostamos, apoya su cabeza en mi pecho y la beso. No sé cómo protegerla de sus demonios, tampoco sé si puedo, aunque me encantaría. Solo espero que poco a poco se dé cuenta de que no volverá a pasar jamás, aunque tenga que esperar toda la vida para ello.