Serie Siempre: Colección completa 19. Óscar
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19. Óscar

Óscar

Hoy es un día de esos raros en los que no tenemos trabajo de reforma y nos toca ir a los proveedores a por cosas.

No me quejo, me gusta bajar el ritmo de vez en cuando, siempre me da la impresión de que si no fuera por días como estos, hubiéramos petado hace años.

Y Maite hace todo lo posible para que tengamos uno o dos días entre reformas justo por lo mismo. Nos cuida más que nuestra madre.

Cuando tenemos la furgoneta llena, subimos y me dirijo a un restaurante para comer.

No lo hemos planeado, pero mis hermanos necesitan hablar, los dos, y hoy van a hacerlo, les guste o no.

Si no lo hacen, llamaré a Maite para que se una y les saque todo.

No solemos meternos en aquello que no nos quieren contar, todos tenemos derecho a guardarnos cosas para nosotros mismos, sobre todo teniendo en cuenta que estamos todo el puto día juntos, pero esta vez es diferente.

Están sufriendo, y eso no puedo pasarlo por alto.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunta Fer bajando del asiento del copiloto—. ¿No vamos a descargar?

—No —sentencio cerrando el coche una vez Juanma está abajo—. Os invito a comer. Tenemos que hablar.

—¿Por fin vas a contarnos a quién te follas? ¡Ya era hora! —bromea Juanma. Sé que está echando balones fuera para evitar ser el elegido. Así que niego con la cabeza—. Lástima.

Entramos al local, esperamos a que nos acomoden y pedimos sin hablar de nada importante. Cuando ya estamos libres de posibles interrupciones, decido atacar:

—Ayer os librasteis de un interrogatorio porque estaba Lucía, pero no podéis seguir así.

Tenéis una cara que os llega a los pies y la estáis cagando en el trabajo por culpa de no tener la cabeza donde toca.

Menos mal que estábamos con los últimos retoques, os pasa con una radial en la mano y no me quiero ni imaginar cómo podría acabar.

No quiero preocupar a Maite, que bastante tiene reconstruyendo su vida, pero empezad a soltar por esa boca o la llamo.

—Me apoyo en la silla con los brazos cruzados y los miro a los dos, expectante.

Fer es el primero en ceder, siempre es el primero.

—Mi vecina tiene una nieta de nuestra edad.

Yo no lo sabía, pero eso no tiene importancia.

El caso es que cuando fui a disculparme me abrió ella la puerta y…

deciros que es preciosa es quedarse corto.

Hacía mucho tiempo que no veía a una mujer y me sentía atraído de esa manera.

El problema es que le hice una broma y no le gustó.

Después de eso, la cosa estuvo bastante tensa hasta que me fui.

Y eso no sería un problema si no fuera porque no es la primera vez que me pasa algo parecido, siempre digo o hago algo que las distancia.

—Suspira antes de continuar—: Tengo la sensación de que no volveré a tener pareja nunca más; y me jode, porque me encantaría formar una familia y tener hijos.

Pero no quiero tener que cambiar para tener una pareja, así que llevo rallado desde entonces. Eso es todo.

—Y ¿no puedes pedirle perdón y empezar de cero? —pregunta Juanma y me pinzo el puente de la nariz. No sé si ha entendido algo de lo que ha explicado Fer.

—Claro que puedo, pero esa no es la cuestión. Ella no es el problema, soy yo.

—Fer, no tienes ninguna tara —le recuerdo.

He perdido la cuenta de las veces que le habré dicho esta frase—.

Entiendo que pienses que la has cagado y tu cabeza te haya jugado una mala pasada pensando que te vas a quedar solo de por vida, pero encontrarás a alguien que se ría con tus bromas de mierda y tenga una paciencia infinita para aguantar a Juanma.

—¡Oye!

—Y siempre puedes pedirle a mamá una cita con las hijas de sus amigas —continúo ignorando la interrupción de Juanma—. No serán el amor de tu vida, pero te subirán el ánimo.

—Paso, o mamá empezará a organizar la boda. —Rueda los ojos—. Gracias, sé que es solo un bache, pero es que de verdad parecía una tía superinteresante.

—E igual no lo es. —Juanma siempre tan optimista—. Igual que ella ha pensado que eres un capullo y no lo eres. Si es la nieta de tu vecina y no vas a mudarte, cosa que dudo, habrá más ocasiones.

—Bueno, te toca —le digo antes de que desvíe más la atención.

—Conocí a una chica el sábado y congeniamos muy bien.

—Se le dibuja una sonrisa tonta en la cara y Fer y yo nos miramos sorprendidos—.

Hacía mucho tiempo que no conectaba con alguien a ese nivel, pero cuando me despedí de ella, me di cuenta de que no le había pedido el número, así que no tengo forma de localizarla.

Y ahora me siento como un idiota y no paro de pensar si para ella fue igual o no. Probablemente no.

—¿Cómo se llamaba? Podemos intentar buscarla —propone Fer.

—Ese es el problema, que no lo sé. La única información personal que tengo es que vive aquí y su familia en Guadix.

—Eso es como buscar una aguja en un pajar —admito con una mueca.

—Lo sé. No pasa nada, este sábado saldré por ahí a ver si la encuentro y esta vez no seré tan gilipollas de no preguntarle el nombre ni pedirle el número.

—¿Y si para ella no fue igual? —pregunta Fer cauteloso.

—Pues pasaré unos días mal y luego volveré a ser yo. —Se encoge de hombros y fija la vista en mí—. Ahora que nosotros nos hemos confesado, te toca. ¿Por qué no nos lo quieres contar? No te digo que nos digas quién es, sino el porqué no lo haces.

—Nadie sabe que es gay. O casi nadie. —No sé si Cristo se lo ha contado a alguien, aunque si Maite no lo sabe, me juego el cuello a que no lo ha hecho—. Es un follamigo que tengo desde hace años. Cuando estoy soltero nos divertimos sin más. Eso es todo.

—¿Tiene pareja? —pregunta Fer y lo miro confuso—. Quiero decir si es de esos que sale con una mujer para disimular, pero luego se escapa contigo.

—No, no sale con nadie, ni hombre ni mujer. Y, antes de que lo preguntes, nunca ha tenido pareja en las ocasiones que nos hemos acostado.

No quiero darles más información, así que no les digo que realmente nunca ha tenido pareja. Tampoco estoy al cien por cien seguro de que eso sea así.

—Ten cuidado —dice Fer—. Parece muy divertido eso de ocultarle al mundo que os acostáis, pero suele ser una excusa para mentir a todas las partes. —Juanma y yo nos miramos, nuestro hermano mayor nos está ocultando algo.

—¿Nos lo quieres contar? —pregunta Juanma con la ceja alzada.

—No, esto no. Os lo explicaré cuando deje de fustigarme por gilipollas.

—Entonces, no lo hará nunca —bromea Juanma mirándome y nos reímos, lo que ayuda a Fer a relajarse.

—Solo queda una cosa por aclarar —digo llamando su atención—. Juanma, ¿cuándo piensas decirnos que quieres quedarte el Saxo de papá?