Serie Siempre: Colección completa 16. Maite
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16. Maite

Maite

Sonrío a Lucía en cuanto aparece por la oficina.

Nunca podré agradecer lo suficiente tenerla aquí justo en este momento de mi vida, su apoyo incondicional y sus consejos me están ayudando a no volverme loca ni a sucumbir a mis demonios.

Si fuera creyente le estaría dando cada día las gracias a Dios por ello.

—Y ¿tus hermanos? —pregunta después de darme un beso y un abrazo—. Esperaba poder saludarles al menos. No los he visto desde las fiestas.

—Hoy no van a pasar por aquí —le informo cogiendo el bolso para salir y cerrar—. Y no les he dicho que venías o se hubieran acoplado.

—No me hubiera importado, ya lo sabes. —Se ríe.

—Lo sé, pero no los quiero cerca, porque quiero que me cuentes qué tal con Adri y si están ellos no me lo vas a decir.

—Solo somos amigos —repite como un mantra, a ver si así se lo cree, y ruedo los ojos—. Aprovechamos para quedar ya que somos los únicos solteros del grupo.

—Ajá. Sabes que eso es mentira, ¿no? —le recuerdo entrando en el bar donde vamos a cenar—. Cristo y Alberto también lo están. Y vamos a obviar que Adri nunca ha sido de nuestro grupo, sino del de tu hermano.

Me saca la lengua y me río. Solo espero que no sea tan idiota de dejar pasar la oportunidad de estar con Adri, como siempre ha querido, solo por miedo a que la rechace.

Sería demasiado triste. Además de que estoy totalmente segura de que a mi primo le interesa como algo más que una amiga, aunque no tenga pruebas.

—¿Cómo van las cosas con Cristo? —pregunta una vez pedimos.

—Hablamos por mensaje, pero no es lo mismo de antes.

Me pregunta cómo estoy, me cuenta cosas que hace y yo igual, pero pasamos por alto todo el tema de César, y claro, se nota.

De hecho, me ha escrito esta semana más de lo habitual, está nervioso por un tema familiar y he estado ahí para él, como siempre.

Pero me pone muy triste no poder hablar libremente con él.

—Lo siento.

—Casi lo prefiero, ¿sabes? —admito—. Al final, si no me va a apoyar no quiero hablarlo con él porque me hace sentir peor.

El otro día le conté que mis hermanos ya lo sabían y que se lo habían tomado bien y me contestó «me alegro».

Y, aunque sé que es de verdad, en el fondo sé que no se alegra tanto por eso como debería y me duele.

—¿Por qué crees que es? Fue él quien te dijo que fueras a casa esa noche, ¿no? ¿Podría ser por eso?

—Yo creo que es más fácil perdonar las cosas que nos hacen a nosotros que a las personas que queremos.

—Eso es verdad.

—Y sí, fue él quien lo vio irse de la discoteca con ella y quien me avisó. A veces pienso que ojalá no lo hubiera hecho.

—La ignorancia no hace que sea menos doloroso. Hubiera sido peor si te enteras después de la boda.

—Sí, supongo que sí —cedo, porque tampoco estoy segura de qué es lo mejor.

—Por cierto, yo también me alegro de que tus hermanos se lo tomasen bien —dice con una sonrisa cambiando ligeramente de tema, lo cual agradezco.

—Claro que lo han hecho, ¡ya lo sabían! —Bufo exasperada—. Estaban esperando a que estuviera preparada para contárselo y no querían meterse.

—Eso es bonito.

—Pero Fer lo sabía de antes, podría haberme dicho «mira, que lo sabemos los tres, deja de hacer el idiota, anda». Me he ocultado para nada.

—Eso es verdad, pero con lo entrometidos que sois para absolutamente todo, es bonito que te hayan dado espacio en esto.

—Siempre nos damos espacio —me defiendo—.

Sé que parece que lo sabemos todo de todos, pero nos guardamos muchas cosas para nosotros mismos.

Piensa en la locura que sería si no fuera así, la falta de intimidad en la que viviríamos, sobre todo ellos tres que pasan todo el santo día juntos.

Que es cierto que, como nos conocemos mucho, detectamos enseguida si ha pasado algo e intentamos dar apoyo, pero respetamos cuando alguno no quiere contarlo.

No tienes por qué saber qué le pasa a alguien para apoyarlo, a veces basta con estar.

—Tenéis una relación preciosa, siempre me ha dado envidia —admite con una mueca—. Marcos es demasiado…

—Demasiado Marcos —me burlo—. Él te quiere, a su manera fría y pagana.

Nos reímos de la broma que solemos hacer de la serie The big bang theory y parece que se relaja.

Marcos la quiere proteger como si tuviera catorce años y con eso solo está consiguiendo alejarla.

Él sabrá lo que hace, pero yo no perdería a mis hermanos por no saber lidiar con el miedo.

Me lo tragaría y pa’lante. Ese fue justo el pensamiento que me llevó a decirle que sí a César cuando me pidió una segunda oportunidad.

Le suena el móvil y sonríe al mirarlo. Subo y bajo las cejas, pero niega con la cabeza.

—Es Alba —me informa y chasqueo la lengua por la decepción de que no fuera mi primo—. Mañana tiene ecografía y estaré sola para el entreno de las niñas.

—¿Cómo lo lleva?

—Mal, se pasa el día entero vomitando. Marcos ha pedido trabajar desde casa para estar con ella el máximo tiempo posible. Tiene miedo de que se deshidrate y se desmaye.

—Vaya mierda de embarazo está teniendo. Dan ganas de no procrear —admito y Lucía se ríe.

—Ya, me ha pasado igual.

—Y ¿la boda? —me intereso. Se supone que su hermano y su cuñada se casan en abril.

—El médico le ha dicho que a partir de la semana doce debería tener menos vómitos, incluso no tener, así que están a la espera. Alba dice que prefiere casarse con bombo que con bebé, así que imagino que todo sigue adelante. Marcos hará lo que ella diga, es una realidad.

—Eso es verdad —me mofo.

Seguimos hablando de nuestras cosas y al llegar a casa noto que tengo las energías renovadas.

Lucía siempre me aporta paz, ahuyenta mis demonios y me ayuda a ver que tomé la decisión correcta.

Cuando me acuesto, lo hago con una sonrisa y me duermo sin que ningún demonio de los que viven en mi cabeza me pregunte si César ha mentido sobre su paradero.