15. Óscar
Óscar
¡Joder, me encanta el culo de Cristo! Es que es perfecto.
Y me da igual que se queje, pienso seguir mordiéndolo cuando me plazca.
Me pongo unos pantalones aprovechando que ha ido al baño, y que tendrá que irse antes de que llegue Juanma, y abro la ventana para ventilar.
Vivir con mi hermano es fácil, la mayor parte del tiempo está fuera de casa, pero cuando está, como quiera saber algo, da por culo hasta que se lo dices por pesado y, ahora mismo, su mayor fijación es saber a quién me estoy follando.
De hecho, los cabrones de Fer y Maite lo apoyan y hasta han hecho una apuesta. Por suerte, no van a acertar jamás.
Nunca habíamos quedado tan seguido, siempre había sido algo más esporádico o improvisado, pero tampoco me quejaré.
Creo que nos entendemos bien en la cama, lo disfrutamos y los dos tenemos claro que esto solo es sexo.
Que no digo que no me iría a tomar algo con él, aunque no lo hayamos hecho nunca solos, pero lo haríamos como amigos, no como pareja, y a ninguno de los dos nos molestaría.
Aun así, debo reconocer que me está gustando hablar con él de forma más asidua, no hace ni un mes que Eloy rompió conmigo y no lo echo de menos.
Y no tengo tanto ego como para no admitir que es gracias al rubio que hay ahora mismo en mi ducha.
Rufus salta encima de mi cama y se estira para que lo acaricie.
Gato mimado. Se suponía que estaba en la habitación de Juanma, pero tiene un arte extraordinario para salir de los sitios.
Me siento con las piernas cruzadas y se sube a mi regazo al momento.
Empiezo a jugar con él y el resto del mundo desaparece.
Es tan fácil estar simplemente acariciando su pelo, que responda a tus caricias pidiendo más, que sepa que estás ahí para él y él para ti…
Las dos primeras semanas después de la ruptura no se despegaba de mí, incluso se metía debajo de las sábanas a dormir para estar más cerca.
Era como si supiera que no quería estar solo.
—Y ¿este quién es? —dice Cristo sentándose a mi lado—. Hola.
—Ten cuidado que…
Que nada, porque el cabrón de mi gato que le bufa hasta a mi vecina Paqui, que viene a casa día sí día también, se acaba de acomodar en el regazo de Cristo y está encantado con los mimos que este le está dando.
—No sabía que tenías un gato.
—Lo adopté hace un año. Se llama Rufus. Se lo puso Juanma, fue su condición para «aceptarlo» en casa.
—Y ahora es el que más lo mima, ¿no? —deduce.
—De hecho, duerme con él la mayoría de días.
—¿Te concede el honor de su compañía algunos días al año o tenéis custodia compartida? —se mofa.
—No, me deja las sobras… los días que Juanma sale de fiesta.
—Entonces, ni tan mal. Dormirá contigo casi cada día —bromea y suelto una carcajada—. En fin, debería irme.
Deja a Rufus en la cama, pese a la queja de este, así que le da un beso que hace que el gato ronronee encantado y consigue zafarse para vestirse. Tarda más de lo normal, puesto que Rufus ha decidido que quiere estar entre sus piernas todo el rato o jugar con los cordones de sus tenis.
—Parece que le has gustado.
—¡Oye! Me ofende la nota de incredulidad en tus palabras —se queja poniéndose la chaqueta.
—No es por ti, es por él. No le cae bien la gente.
—Será eso, que sabe que a mí tampoco —bromea acariciando a Rufus en la cabeza y se dirige a la puerta.
—¿Vamos hablando?
—Claro.
Justo cuando va a salir por la puerta, Rufus decide que prefiere irse con él, así que me agacho para cogerlo, pese al arañazo que me gano por ello.
—No hace falta que supliques, si quieres me quedo un rato más —bromea Cristo—. Nos vemos otro…
—¿Este es el chico de Albox con el que estabas en las fiestas, Óscar? Lo recordaba más bajito. —Cierro los ojos en cuanto Paqui acaba de hablar, pero me da tiempo a ver el segundo que dura la expresión de pánico en el rostro de Cristo. De todas las vecinas que podían vernos, tenía que ser ella.
—No, señora, yo soy el amante —bromea Cristo guiñándole un ojo y a Paqui se le iluminan los ojos. Alucino, se la acaba de ganar con seis palabras y un guiño estudiado—. No hay que limitarse a un solo hombre, es aburrido.
—Y que lo digas. Mi madre no paraba de decirme que le fuera fiel a mi marido, y ¿para qué? Acabó muerto igual y yo perdiendo los mejores años de mi vida a su lado.
—No te preocupes, mujer, solo han sido unos pocos años.
Tú has enviudado joven, ahora puedes buscarte a muchos que hagan lo que uno no pudo —suelta Cristo, como si fuera una confidencia y, por el brillo que tiene mi vecina en los ojos, le piensa hacer caso—.
No toleres que nadie te robe la diversión.
Y dicho esto, se despide con la mano y se va escaleras abajo como si no acabara de decirle a una mujer de sesenta años que se zumbe a todo el que se encuentre.
—Este me gusta más que el de Albox —me suelta como si nada—. A este no parece que le falten un par de asados.
—Paqui, te agradecería que esto no se lo contases a mis hermanos, en especial a Juanma.
—¿Por quién me tomas? Mis labios están sellados.
—Gracias.
—Pero si su padre está viudo o divorciado, quiero que me lo presentes —dice alzando las cejas.
—No, lo siento. Está casado.
—¿Feliz?
—Eso no lo sé —admito riendo porque esta conversación me está resultando surrealista—. Nos vemos, Paqui.
Entro en casa y dejo a Rufus en el suelo, que me mira indignado y me gira la cara para largarse a la habitación de mi hermano. Aprovecho para ir a la cocina y ver si hay que comprar algo cuando recibo un mensaje de Maite a través del grupo de los hermanos:
Maite
Hoy cena en mi casa, como las de antes, que me hace ilusión
Y no, Juanma, no te puedes traer a tu cita
Usa todo ese encanto que dices que tienes para escaquearte
Juanma
Hoy no tenía ninguna cita
Así que estaré encantado de ir a cenar a tu casa
Fer
Di la verdad: la chica se la ha cancelado
Juanma
Pero no la tenía, ¿no?
Pues eso
Óscar
¿Llevo algo?
Juanma
A mí, así puedo beberme el vino de César
Maite
No pienso dejar que duermas en la habitación de abajo
Óscar
Ni yo llevarte borracho en el coche
Fer
He cogido algo de postre
Maite
¿Chocolate?
Fer
Por supuesto
Maite
Cómo te quiero
Juanma
Ya empezamos con los favoritismos
Así, ¿cómo no voy a darme a la bebida?
Maite
Juanma, deja de compadecerte y empieza a prepararte ya o cenaremos mañana
Fer, cuando puedas ven y me echas una mano
Juanma
Y ¿por qué Fer?
Maite
Porque es el único que sabe usar un fogón
Juanma
Ehh
Óscar
¡Oye!
Maite
Discúlpenme, don Precocinado y don Comida Para Llevar, si les he ofendido… ¡pero a mi cocina no vais a entrar!
Fer
Llego en cinco minutos
Juanma
Voy para casa a prepararme, que parece que tardo mucho
Óscar
Es verdad
Fer
Verdad de la buena
Maite
Eres peor que una princesa el día de su boda
Juanma
¿Qué os apostáis a que hoy llego puntual?
Óscar
Todo mi dinero a que no
Maite
Lo veo y subo todo el mío
Fer
All in
Juanma
Idos a la mierda
Fer
Me juego cinco euros a que aún no has empezado ni a recoger
Juanma
Hay tiempo
Óscar
Juanma, son las siete de la tarde
Juanma
¡Mierda!, olvidad la apuesta, ya la haremos otro día
Tiro el móvil al sofá y me dirijo a la ducha o después el cabrón de mi hermano se encerrará y no habrá quien entre.
La verdad es que me hace mucha ilusión esta cena.
A Maite se la ve feliz ahora que lo está intentando de nuevo con César y, aunque les quede mucho camino por delante, estoy seguro de que lo conseguirán.
Al llegar al baño, me encuentro la toalla que ha usado Cristo tirada encima del lavabo y niego con la cabeza.
Siempre ha sido un desastre en cuanto al orden, si alguna vez decide irse de casa de sus padres, la persona que tenga que convivir con él lo pasará realmente mal.