Serie Siempre: Colección completa 3. Cristo
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3. Cristo

Cristo

En cuanto César deja de estar pendiente de lo que hablamos, sé que Maite está cerca.

Me trago mis ganas de estampar mi puño contra su cara, más que nada porque estoy seguro de que el que acabaría haciéndose daño sería yo, y busco al hermano de la susodicha.

Puede que hoy no pueda pagar mi frustración con el ex de mi mejor amiga, pero puedo aliviar las penas con el hermano de esta.

—Voy a saludar a Maite —le digo a Alberto, ya que he venido con él y los del equipo, y me contesta con el pulgar alzado mientras acecha a un grupo de chicas. Creo que una de ellas es su prima.

No lo localizo a la primera, así que observo cómo César se acerca a Maite.

Tiene miedo y hace bien. Yo jamás le hubiera perdonado lo que hizo, claro que yo no soy ella ni he vivido nunca una relación como la suya.

Tan pura, tan intensa, tan empalagosa que te sube el azúcar solo con estar cerca de ellos.

Por eso sigo sin entender por qué César hizo lo que hizo.

No pienso perdonarle jamás los casi tres meses que ha pasado Maite destrozada por su culpa.

Espero que lo mande a paseo, pero no lo hace, hablan, aunque estén tensos, así que decido irme hacia otro sitio o acabaré gritándole que no se merece ni respirar el mismo aire que ella.

No creo que una nueva pelea sea lo que necesitemos ninguno de los tres.

No tardo en localizar a los tres hermanos, el estruendo de sus risas se escucha por encima del resto de voces y sonrío al ver la escena.

Tienen entre sus brazos a las amigas de su madre, mientras esta les regaña por mancharlas, aunque ninguna de ellas parece molesta.

Fer es el primero en atrapar a su madre, seguido por Juanma.

La pobre mujer no para de quejarse ahora que son sus amigas las que se ríen.

Óscar consigue alzarla por los pies y su madre se aferra al cuello de Fer como si le fuera la vida en ello.

Los tres le sacan dos cabezas a su progenitora, siendo Óscar el más bajito.

Maite aprovecha ese momento para entrar en escena, sola, y estampa sus manos sucias en la cara de su madre, ante la indignación de esta.

No creo que haya nadie en toda la ciudad que disfrute tanto de esta fiesta como los cuatro hermanos y su madre, aunque esta intente simular lo contrario.

Cuando voy a acercarme, me percato de un cuarto chico que está próximo a ellos, aunque evita el contacto con todo el mundo mientras su cara es una mezcla entre asco e indignación por estar manchado.

Buena suerte con eso, venir a la fiesta del Cascamorra y salir limpio es prácticamente imposible, y mucho menos si los hermanos Rubio están cerca.

En cuanto llego a su lado, apoyo el brazo en el hombro de Maite, que no duda en estampar su mano en mi pecho a modo de saludo.

—Estabas muy limpio —se excusa con una sonrisa.

—Hola a ti también. —Me saca la lengua y veo una chispa en sus ojos que hacía meses que no veía.

La conversación con César. ¿Le habrá pedido una segunda oportunidad?

Me muero de rabia por dentro, a la par de envidia, pero me lo trago y disimulo, desviando mi atención a su madre—.

Juani, yo los dejaba sin comer tres días por lo que te han hecho.

—Los has visto, ¿verdad? Desde luego, ten hijos para esto. —Bufa fingiendo estar indignada, pero se le escapa una sonrisa genuina y se gira para que sus hijos no la vean—. Me voy antes de que decidan llevar a cabo otra maldad de las suyas.

—Espera, mamá —la interrumpe Fer—. Te dejas algo.

Antes de que pueda reaccionar, vuelve a estar envuelta por sus cuatro hijos que la manosean mientras ella se queja, aunque sé que está encantada por ello. En cuanto la sueltan, Maite vuelve a mi lado y Óscar se acerca al chico indignado, al cual había olvidado.

—Es Eloy, su novio —me informa mi amiga, ajena completamente a la perturbación que esto me provoca, aunque estoy tan acostumbrado a ocultarlo que apenas me requiere esfuerzo alguno.

Había olvidado que estaba ocupado. Pone una mueca de desdén a la pareja y se gira para que solo pueda verla yo—.

Ha venido a verlo y nos ha encontrado a todos en el piso.

Se notaba a leguas que no quería participar, pero le ha podido la presión del grupo y Óscar le ha prometido que se lo pasaría bien.

—Tiene pinta de estar pasándolo de escándalo —ironizo con una sonrisa de medio lado y Maite bufa—. ¿Es el chico de Albox?

—Sí, por fin se ha dignado a venir él aquí, en lugar de hacer ir a mi hermano, y hemos podido conocerle. Entre uno que no quiere desplazarse y el otro que es más cerrado que una caja fuerte, con un poco de suerte lo volveremos a ver el día de su boda.

—Exagerada —bromeo observando a su hermano. Es cierto que Óscar no es alguien que vaya alardeando de conquistas como sí podrían hacer Fer y Juanma, pero es que su nivel está por encima de todo y de todos—. Parece que se van.

Maite se gira y Óscar se acerca, intenta no hacer contacto visual conmigo, pero fracasa estrepitosamente.

Le regalo una sonrisa a modo saludo, esa que dice «Hola, hermano de mi amiga», una que llevo usando demasiado tiempo, ya que la de «Hola, follamigo , ¿vamos a tu casa? » queda descartada en estos momentos.

—Nos vamos ya. ¿Nos vemos mañ…?

Las palabras de Óscar quedan interrumpidas al darse cuenta de que Maite no le está prestando atención.

Tiene la vista fija en sus dos hermanos mayores mientras frunce el ceño.

Ellos observan un punto a lo lejos, con una expresión de confusión y diversión muy graciosa.

Maite y Óscar se acercan para ver lo mismo que sus hermanos.

Fer alza a su hermana para que lo vea y mi amiga suelta una carcajada mientras levanta los brazos en señal de victoria.

Juanma refunfuña y Fer y Óscar ponen muecas de hastío, aunque enseguida sonríen a su hermana.

Maite saca el monedero de las apuestas y ruedo los ojos. Estos cuatro son incorregibles.

—¿Suelen hacer eso? —pregunta ¿Eloy? al aire. Como no hay nadie más a nuestro alrededor que conozca, imagino que me toca contestar.

—¿El qué?

—Hablar sin pronunciar palabra. Como si sus mentes estuvieran conectadas.

—Sí.

—Es siniestro —dice poniendo una mueca de desagrado.

—Lo que es, es envidiable —lo corrijo—. La conexión que tienen estos cuatro hermanos, que se entienden sin emitir palabra y se apoyan sin necesidad de explicaciones, es de las cosas más bonitas que he visto en mi vida.

Se conocen tanto que saben lo que necesita uno de ellos previamente a que él mismo lo sepa, incluso si le ha pasado algo lo saben antes de que lo cuente.

—Aun así…

Lo miro a los ojos frunciendo el ceño y entonces lo entiendo.

Está celoso, pero en lugar de admitir lo maravilloso de su relación, prefiere lapidarla, como si no se merecieran eso.

No es la primera persona que actúa así ante los hermanos Rubio, pero, si quiere seguir con Óscar, será mejor que deje a su familia en paz, porque si quieres a alguno de ellos, tienes que quererlo con el pack completo.

A mí me encantaría tener una relación tan estrecha con mis hermanas, porque aunque sea buena con Feli, no es ni de lejos lo que tienen ellos, y eso que haría cualquier cosa por ella y ella por mí.

Con María Dolores ya es otro cantar, podría decir que es cordial y me estoy pasando de generoso.

Aun así, no por ello voy a romper lo que otros tienen porque yo no lo tenga.

Óscar se despide y coge de la mano a su novio para irse.

Me dedica una mirada fugaz de disculpa, aunque enseguida se da cuenta él mismo de que ni es necesaria, ni la necesito.

Desde que nos liamos hace doce años, lo hemos ido repitiendo de vez en cuando, pero siempre hemos respetado cuando el otro tenía pareja.

Bueno, para ser justos, cuando Óscar ha tenido pareja, porque yo ni he tenido ni la tendré.

Podría decir que es porque no he encontrado a la persona correcta, pero la realidad es que nunca la he buscado.

Hace doce años, en los mismos vestuarios que sigo usando partido tras partido, descubrí junto a Óscar algo que me cambió la vida: que era homosexual.

El problema es que, por mucho que mi corazón y mi mente lo sepan, para el resto del mundo estoy oculto.

Me ha costado mucho tiempo y esfuerzo aceptarme a mí mismo tal y como soy, pero eso no significa que esté preparado para compartirlo con nadie más.

De hecho, estoy totalmente seguro de que nunca lo estaré.