2. César
César
En cuanto la localizo, decido olvidar todo lo que me rodea y centrarme solo en ella.
No creo que a nadie le moleste y, si lo hace, problema suyo, no mío.
Los que me conocen mínimamente saben que mi vida entera es Maite.
Ella y solo ella. Por eso aún sigo devastado por lo que ocurrió hace casi tres meses, cuando lo mandé todo a la mierda con algo que juré que jamás haría.
Sigo sin saber qué cojones me pasó por la cabeza, yo no soy así, o no lo era al menos.
Aún no me creo que parte de mis amigos no me hayan dejado de lado ni que sus hermanos no me hayan pegado una paliza, bien merecida si me preguntas.
En cambio, me invitaron a una cerveza, escucharon mi versión de la historia, me dieron un abrazo y me desearon suerte.
No creo que sean conscientes de lo importante que fue eso para mí en aquel momento. Lo sigue siendo.
Sonrío cuando veo como los tres hermanos rodean a Lucía para llenarla de pintura mientras ella no puede aguantar la risa que sus cosquillas le provocan.
Es una suerte tenerla de vuelta por fin después de tantos años.
Cuando deciden que tanto ella como Maite están lo suficientemente sucias, focalizan sus maldades hacia otras personas que huyen despavoridas de ellos.
Les encanta la fiesta del Cascamorra y, como estés un poco cerca, date por manchado, son implacables.
Es posible que en cualquier otra fiesta no los encuentres o se queden en el bar, pero si la finalidad es llenar de pintura a cuantas más personas mejor, ellos serán los primeros en aparecer.
Aprovecho que Lucía se pierde entre la multitud y Maite se queda sola para acercarme a ella por detrás.
Estoy acojonado como nunca, no sé cómo va a reaccionar.
Hace unos días la tuve en mi cama, pero no llegamos a hablar y, en cuanto fue consciente de lo que había pasado, se fue sin mirar atrás ni emitir una sola palabra.
Supuse que se arrepentía de lo ocurrido, y estaría en todo su derecho.
Le di tiempo y espacio para interrumpir lo que estaba pasando, y, aunque no lo hizo, podría ser que ahora no quisiera ni verme.
La verdad es que no la culpo, me lo he ganado a pulso.
—¡Te pillé! —La abrazo desde atrás e inhalo su perfume antes de que me obligue a separarme. Da un respingo antes de girarse y estampar su mano llena de pintura contra mi cara.
—¡Toma! —grita de alegría antes de darse cuenta de quién soy, y su expresión se suaviza a una más prudente y cautelosa. La suelto y bajo las manos, aunque me muero de ganas por volver a tocarla—. Hola, César.
—Hola —susurro, perdiendo toda mi fuerza de voluntad ahora que la tengo delante—. Te veo bien.
—Gracias. —Esboza una sonrisa tímida mientras empieza a apretarse las manos, señal de que está nerviosa—. Lucía ha vuelto.
—La he visto —admito—. Luego la saludaré, quería verte a ti.
—Ah. —Es todo lo que consigue decir. Después de unos segundos en silencio se gira para buscar a sus hermanos y señala su espalda antes de hablar—: Creo que voy a ir a buscar a Fer y Juanma, no me fío de lo que puedan hacer.
—Y ¿Óscar? —pregunto, más por alargar la conversación que por querer saber.
—Ha venido Eloy, así que está más comedido de lo normal y solo le interesa rozarse con él. —Pone una mueca de desagrado y niega con la cabeza—. No deja de quejarse de que no para de mancharse.
—Sé que no te cae bien —recuerdo y asiente. Óscar lleva con Eloy desde marzo y a Maite no le gusta cómo se comporta su hermano en la relación, siempre tiene que ceder él—. Pero que haya venido es todo un logro.
—Sí, eso sí. —Vuelve a sonreír, y cuando va a girarse para irse la cojo de la mano, cosa que hace que mire el punto de unión con una mezcla de anhelo y miedo—. Debería irme.
—Solo quería decirte que lo siento una vez más y que te echo de menos.
—Su rostro muestra una mueca de dolor y tengo ganas de coger un látigo y fustigarme por ello—.
Y que estoy aquí, dispuesto a empezar de nuevo, para arreglar todo lo que he roto, si es que aún quieres darme esa oportunidad.
Sé que he perdido la confianza que teníamos y que no tengo ningún derecho a pedirte nada, así que no lo haré.
Sigo sin saber qué me motivó a hacer lo que hice, pero voy a pasarme toda la vida demostrándote que no voy a permitir que vuelva a ocurrir.
Eres la mujer de mi vida, siempre lo fuiste, lo eres y lo serás.
Y si en este tiempo separados has decidido que no quieres estar conmigo, lo entenderé y no te molestaré más.
Ante su silencio, suelto su mano y me giro para volver por donde he venido.
Ya le he contado todo lo que venía a decirle y era consciente de que su respuesta podría ser que me fuera a la mierda, cosa que no me hubiera extrañado.
Supongo que el silencio es tan buena respuesta como esa, aunque me hubiera gustado una reacción por su parte.
Cuando llevo unos cuantos metros recorridos, su mano frena mi avance. Sé que es ella sin necesidad de mirarla, aun así, lo hago, para encarar de frente lo que tenga que reprocharme.
—Yo también te he echado de menos —susurra y sus ojos se llenan de lágrimas—. Será difícil, y no sé si lo conseguiré.
—Déjame intentarlo. Déjame demostrarte que puedo volver a ser el chico del que te enamoraste.
—Está bien. Volvamos a intentarlo —afirma con una sonrisa triste.
—Hagámoslo —contesto entrelazando nuestras manos y juntando nuestras frentes.
—Pensé que no volverías —admite en un susurro.
—Maite, da igual cuántos obstáculos nos ponga la vida, te lo dije y te lo vuelvo a decir: siempre volveré junto a ti.