Serie Siempre: Colección completa Epílogo 1
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Epílogo 1

Lucía

Odio las mudanzas, aunque espero que esta sea la última en mucho tiempo. Me despido de Fer, Óscar y Juanma, que no solo nos han ayudado con las cajas, sino que también han reformado la casa entera.

Han pasado cinco meses desde que Adri orquestase todo un plan junto a su padre, en los cinco minutos que se tarda en coche desde casa de mis padres aquí, para intercambiarse la casa.

Nosotros nos mudaríamos a esta casa de dos plantas y ellos a la casa de Adri de una planta.

El padre se apresuró a buscar aliados y Abelina tuvo que disimular como pudo el disgusto mientras el resto de la familia afirmaba que era la mejor decisión posible.

En el fondo me dio pena, pero la mujer está mayor para andar subiendo y bajando escaleras todo el día.

Unos brazos me rodean desde atrás a la vez que noto un beso en mi cabeza.

Estos meses han sido una locura, pero no podría ser más feliz.

Adri se mudó de forma temporal a mi piso durante la obra, para dejar espacio a sus primos para adaptar su casa a las necesidades de sus padres, a la vez que ponían a nuestro gusto nuestra futura casa.

Nadie lo hubiera hecho mejor, es perfecta.

Marcos y Alba, que está a punto de dar a luz, acabaron aplazando la boda, aunque no parece que les haya afectado.

Maite y César aprovecharon el hueco para casarse, organizando todo en un mes.

Ahora el equipo tiene tres parejas empalagosas y asquerosas, según Cristo, aunque me da que en breve él formará parte del grupo, si no, tiempo al tiempo.

—¿Estrenamos la cama? —me susurra Adri al oído mientras me muerde el lóbulo, lo que me hace estremecer.

—El colchón sigue siendo el tuyo —le recuerdo riendo y empiezo a subir las escaleras que nos llevarán a nuestro dormitorio.

—Pero ahora es nuestra cama, en nuestra casa —dice a la vez que me alza para llevarme en brazos. Ahogo un grito de sorpresa y rodeo su cuello con mis brazos.

—Eso suena bien.

—Eso suena perfecto —rectifica cuando llegamos al dormitorio y me deposita en la cama para tumbarse encima de mí.

Cojo su cara entre mis manos y lo beso como siempre he querido hacer, como llevo haciendo los últimos cinco meses. Suspiro. ¡Por fin estoy en casa!