Serie Siempre: Colección completa 36. Lucía
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36. Lucía

Lucía

—Adri, abre. Por favor —suplico a la puerta con la esperanza de que lo que ha dicho Maite sea verdad.

—No quiere que abra. —La voz distorsionada de Aitana llega hasta mí y pienso que ayer, cuando vine a preguntar, me mintió a la cara cuando me dijo que no estaba aquí—. De todas formas, te está oyendo. Di lo que has venido a decirle.

—Adri, yo… —Respiro hondo antes de continuar y apoyo la frente en la puerta de madera—.

Adri, yo te quiero. Te he querido siempre, de hecho.

No tengo un solo recuerdo en el que no estés tú, ya sea protegiéndome de los idiotas, dejándome ganar o simplemente preguntándome cómo me va la vida.

Siempre venías a mi habitación para charlar y mi corazón se saltaba un latido cuando escuchaba tu voz en la planta de abajo.

Pensé que se me pasaría cuando fuera a la universidad, pero ¿sabes qué?

Nunca he dejado de pensar en ti. Algo se rompió dentro de mí cuando supe que ibas a casarte, porque siempre fuiste tú, Adri.

La persona con la que quería compartir mi vida, el único con quien quería hacerlo.

Por eso ninguna de mis parejas era la acertada, porque ninguna eras tú.

Me aparto de la puerta cuando oigo el chasquido del pestillo y esta se abre poco a poco para dejarme ver a Adri, con la misma ropa que ayer. Tiene las mejillas llenas de lágrimas y me mira como si no fuera real.

—¿Me quieres? —pregunta incrédulo.

—Hasta el infinito y más allá —contesto sonriendo y me devuelve el gesto.

—¡Me quieres! —exclama levantándome para abrazarme.

Rodeo su cuello y me acerco a él. Me coge del culo justo antes de estampar sus labios en los míos. El sabor de su boca se mezcla con el de nuestras lágrimas, ahora derramadas por un motivo muy diferente al de hace cinco minutos.

—¿Es verdad eso que has dicho, Lucía? —La voz de Marcos llega hasta nosotros y nos giramos para observarlo.

Está a varios metros y está apretando un pañuelo de tela entre sus manos, algo que hace cuando está nervioso.

Adri me deja en el suelo, pero mi hermano solo me mira a mí—. ¿Es cierto lo que has dicho?

—Sí. —Asiente y mira a Adri, ignorándome.

—Lo siento, Adri. Nunca pensé que mi hermana tuviera esos sentimientos hacia ti. Si lo hubiera sabido jamás me hubiera entrometido. —Observo a mi hermano, su tono es de arrepentimiento total. No entiendo nada. Miro a Adri, pero está igual de contrariado que yo.

—¿Por qué? —pregunto, incluso aunque sepa que no me va a gustar la respuesta, necesito saberla. Necesito entenderlo.

—Siempre te ha gustado Adri, eso no es algo que me sorprenda.

Se te iluminaba la cara cada vez que aparecía por casa.

Di por hecho que en la universidad se te pasaría la tontería, pero te conozco y eres incapaz de dejar nada a medias.

Adri era un reto para ti, uno que no habías conseguido y pensé que irías a por él en cuanto llegases.

—¿Por eso me pediste que no me acercara a ella? —pregunta Adri enfadado.

—Sí. Sabía que me harías caso o, al menos, pensé que lo harías. Mi hermana iba a ignorarme, pero contigo tenía esperanza. Realmente pensaba que la querías como a tu hermana pequeña. Me equivoqué.

—Nunca la he visto de esa manera —admite Adri y me regala una sonrisa de medio lado antes de volver a dirigirse a mi hermano—: Eso no explica el porqué.

—Es que…, Adri, yo…

—¡Suéltalo ya! —exclama Aitana saliendo por la puerta y yendo hacia Marcos. Había olvidado que estaba aquí—. Crees que mi hermano no es suficiente para tu hermana.

—¡No!

—¿Que no la merece?

—¡No!

—Entonces, ¿qué? —grita Aitana cuando llega a la altura de Marcos.

—¡Yo le presenté a Jessica! —suelta enfurecido mi hermano, aunque creo que con él mismo—. Y no podía permitir que otra mujer lo rompiera, aunque fuera mi hermana.

—Nunca te he culpado por lo que pasó —dice Adri acercándose a él mientras Aitana y yo seguimos alucinando por la revelación de mi hermano—. Lo sabes, ¿verdad?

—Pero yo sí, joder —contesta Marcos llevándose las manos a la cara—. Y si mi hermana volvía a romperte el corazón, no me lo hubiera perdonado nunca.

—Entonces, ¿podría habérmela tirado sin más y no te hubiera importado? —bromea Adri rebajando la tensión del momento—. Tanto esfuerzo para nada.

—No te equivoques —dice mi hermano apuntándole con el dedo—. Mi hermana es la persona más alucinante que vas a conocer jamás. Si no hubieras estado enamorado de antes, hubieras caído igual.

—Lo sé —admite Adri y se gira un segundo para mirarme—. Solo tiene un defecto: un hermano idiota.

—Este idiota lo siente, solo quería protegerte.

—Deberías trabajar tu complejo de guardaespaldas antes de ser padre —suelta Aitana dándole un capón en la nuca—. Anda, entrad en casa. Creo que todos necesitamos un café. Maite y César, vosotros también.

Mi mejor amiga aparece en mi campo de visión y le da otro capón a mi hermano al pasar por su lado. Nos abraza a Adri y a mí y se adentra en casa de Aitana. César se para un momento antes de seguirla.

—Lo he dejado subir porque parecía realmente arrepentido, pero me he quedado cerca por si tenía que llevármelo —dice señalando a mi hermano—. Es un idiota, pero se le coge cariño al cabrón.

—Y que lo digas —admite Adri poniendo la mano en el hombro de Marcos y se funden en un abrazo.

Aitana los mira con cariño antes de meterse en su casa.

Cuando mi hermano entra en el piso, Adri me coge de la mano a la vez que con la otra agarra el picaporte—.

Lucía y yo nos vamos, os lo agradecemos mucho, pero nos vemos el año que viene.

Marcos, te toca encargarte de la San Silvestre.

Se oye una queja ahogada cuando la puerta está a punto de cerrarse y Adri tira de mí escaleras abajo. Justo antes de salir por la puerta de la calle, me besa y sonríe. Es el mejor día de mi vida.