35. Lucía
Lucía
—¿Qué coño has hecho, Marcos? —grito enfadada cuando vuelvo al despacho después de seguir a Adri en vano—. ¡Eres imbécil!
—¡Te dije que te alejases de él! —Usa el mismo tono que yo, lo que provoca que me ponga aún más furiosa.
—¡No tienes ningún derecho a decirme con quién puedo o no puedo salir!
—¡Sí puedo si es Adri con quien te estás morreando! —El golpe de la palma de mi mano contra su mejilla resuena por todo el despacho y me mira estupefacto por lo que acabo de hacer. Hace meses que se lo ha ganado, no debería sorprenderle tanto.
—¿Se puede saber qué os pasa? Se oyen los gritos desde el bar —pregunta Alba, que entra jadeando como si hubiera venido corriendo.
—Pasa que te vas a casar con un gilipollas —contesto cogiendo mis cosas y saliendo del despacho para ir a buscar a Adri.
—La has tenido que liar mucho para que tu hermana esté soltando tacos como un camionero. —Oigo que bromea Alba y la rabia me consume, lo que me ayuda a acelerar—. Lucía, espera. ¡Para!
La ignoro. No tengo nada que hablar con ellos.
Ni siquiera me había dado cuenta de que mi hermano había entrado en el despacho, solo podía sentir las manos de Adri en mi cuerpo y su lengua en mi boca cuando se ha separado de mí como si quemase.
Reconozco que me he asustado pensando que no quería ese beso hasta que, cuando ha salido corriendo, he visto a Marcos plantado en la puerta.
Subo al coche lo más rápido que puedo y acelero para salir directamente hacia casa de Adri.
Necesito hablar con él. Me da igual lo que opine mi hermano, pienso estar con él si es lo que quiere.
Y por el beso que me ha dado, lo quiere tanto o más que yo.
Aparco de cualquier manera y salgo corriendo del coche para aporrear la puerta de su casa.
Miro por las ventanas, pero todas las luces están apagadas y su coche no está fuera.
No ha podido tardar tanto, ¿dónde habrá ido?
Una idea se cruza por mi mente y subo al coche.
Respiro un par de veces antes de arrancar para tranquilizarme y me dirijo al sitio donde iría yo si estuviera como él: el Calar Alto.
Varias horas después estoy desesperada y no tengo ni idea de dónde está Adri.
Ni siquiera sé si está bien. Cuando llego a mi piso después de pasar por casa de sus padres y de Aitana, son casi las dos de la madrugada.
Me tumbo en la cama y las lágrimas que he estado conteniendo desde que salí de su despacho empiezan a asomar sin control.
Borro las llamadas perdidas de mi hermano, Alba y mis padres antes de apagarlo y girarme para intentar descansar.
La última opción que me queda es que haya vuelto a Sevilla con Jessica.
Si tengo que ir hasta allí y traerlo a rastras, pienso hacerlo. Cueste lo que cueste.
A las ocho decido que ya es hora de salir de la cama e intentar localizar a Adri.
Después de estar horas mirando el techo de mi habitación, no puedo aguantar más.
Lo primero que hago es encender el móvil, varias notificaciones llegan de golpe, pero antes de que pueda mirarlas, una llamada entrante de mi padre me interrumpe.
—¿Qué? —Como sea Marcos, juro que no volveré a hablarle.
— Buenos días a ti también, cariño —ironiza con tono enfadado.
—Lo siento, yo…
— No te disculpes, no lo sientes en absoluto. —Suelta un suspiro antes de seguir hablando—: Tu hermano está en su casa, reflexionando por todo lo que ha hecho, espero.
—Gracias.
— No me las des aún, no creo que me haya escuchado. ¿Cómo estás?
—Bien.
— Siempre has mentido fatal, cariño. Está bien, sé que no me lo vas a contar, así que voy a reformular la pregunta: ¿qué necesitas?
—Ser hija única —bromeo y sonrío por primera vez desde anoche.
— Poco puedo hacer ya. Es un cabezón, pero le he cogido cariño. No me preguntes el porqué.
—No sé dónde está Adri. Necesito encontrarlo.
— Como sé que eres lista, imagino que ya les has preguntado a sus padres y a su hermana.
—Sí, y a Maite también.
— ¿Le has preguntado a su primo Fernando?
—No. Anoche era tarde para llamar a nadie. Además, no creo que Fer sepa nada.
— No, puede que no, pero si Adri huye de ti, ¿crees que Aitana te diría dónde está?
—No, no lo haría. Ni a Maite tampoco.
— Pero a su primo, sí.
—Gracias, papá.
— De nada. Y, Lucía —me llama antes de colgar.
—¿Sí?
— Buen derechazo. Estoy totalmente seguro de que tu hermano se lo había ganado —dice con un deje de orgullo en su voz.
—No lo sabes tú bien —contesto antes de colgar.
Empiezo a buscar el número de Fer, pero otra llamada vuelve a interrumpirme. Esta vez es Maite.
— Ya sé dónde está mi primo —suelta en cuanto descuelgo—. Mueve el culo. Te espero en la puerta de la casa de Aitana.
Nada más soltar eso, cuelga y me deja con la palabra en la boca.
Miro el móvil, como esperando que vuelva a llamar, pero no lo hace.
Sacudo la cabeza y miro mi ropa. Llevo la misma que ayer, incluida la sudadera que le regalé a Adri para mí y que lleva su colonia.
Me calzo, cojo la chaqueta y el bolso y me subo en el coche para dirigirme a casa de Aitana.
Tardo cinco minutos en llegar, pero Maite y César ya están esperándome. Cuando llego a su altura, me abraza y sujeta la puerta de la portería para que pase.
—Adri está arriba, me he asegurado de ello. No creo que te abra, pero las paredes son de papel de fumar, te escuchará quiera o no.
Paso por su lado y empiezo a subir los dos pisos que me separan del amor de mi vida.
Ni siquiera sé qué voy a decirle. No acabo de tener claro por qué salió corriendo de esa manera ni por qué lleva ignorándome desde entonces.
¿Quizá se arrepintió después de besarme?
¿Y si se dio cuenta de que realmente no le gustaba?
Toda la energía que me ha empujado hasta aquí empieza a desvanecerse y me obligo a subir el último tramo de escaleras.
Llamo a la puerta, pero nadie me contesta.
Esto va a ser lo más difícil que he hecho jamás. Solo espero que Adri me escuche.