Serie Siempre: Colección completa 33. Lucía
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33. Lucía

Lucía

—Maite, no pienso probarme nada más. Estoy agotada.

—Solo uno más y prometo que me decido —dice pasándome por un lateral de la cortina del probador un picardías rojo que no deja nada a la imaginación—. Este le va a encantar a mi primo.

—Me has dicho lo mismo de los otros diez, no puedo comprarlos todos.

—¿Cómo que no? Lo tienen en más colores, uno para cada día de la semana.

—Niego con la cabeza y sonrío. La idea de estrenar mi coche nuevo yendo a Guadix con Maite no era más que una excusa para comprarnos ropa interior sexy y darle una sorpresa a Adri y a César el día de fin de año.

Estoy hecha un manojo de nervios desde que tomé la decisión de dar el paso ese día, pero nunca he estado tan segura de algo en mi vida.

La voz de Maite interrumpe mis pensamientos—: Creo que ya lo tengo todo, ¿cómo vas?

—Quiero volver a probarme los dos corsés antes de elegir.

—Venga, espabila, que tengo hambre —dice asomando la cabeza por la cortina del probador—. ¡Pareces un regalo! ¡Tienes que comprarlo!

Al final Maite me ha convencido y he comprado más de lo que tenía pensado, pero hacía tanto que no me compraba ropa interior sexy que no me ha importado. Me ha gustado mirarme al espejo y sentirme poderosa, como si estas prendas me dieran la seguridad que necesito justo en este momento.

—¿Comemos aquí mismo? —pregunta Maite señalando un restaurante y asiento. Nos sentamos en una mesa apartada y pedimos el menú del día—. ¿Cómo ha ido el campeonato?

—Bien, intenso. Tres días locos de mucho balonmano y mucha gente. Me ha encantado, pero estaba deseando que acabase.

—¿Al final fue tu hermano?

—Sí. Él y Alba pasaron a saludar. Lo vi hablando con Adri, pero no sé de qué.

—Mientras no haya sangre ni gritos, ya es una mejora —comenta riendo—. César me ha explicado que en la cena de ayer a Marcos le tocó regalarle a mi primo y parece que se lo curró mil, aunque se nota que todavía hay tensión entre ellos.

—Mi padre me preguntó el día de Navidad qué nos pasaba cuando lo llevé a estrenar el coche. Si hasta él se ha dado cuenta, es que es más evidente de lo que pensaba.

—Cuando mi primo y tú sepáis hacia dónde vais, deberíais sentaros con él y hablar.

Pero hablar de verdad y dejar las cosas claras, sin reproches ni pullas —dice señalándome con el dedo—.

Una vez que todas las cartas estén encima de la mesa, será decisión suya actuar en consecuencia.

César y yo podemos ir de mediadores si hiciera falta.

—Me gusta la idea, gracias. No quiero pensar mucho en ello, pero es inevitable hacerlo. Me han escrito las hermanas de Alba para la despedida de soltera, pero la verdad es que no me apetece.

—Pensaba que igual retrasaban la boda.

—Sí —admito—, pero es solo un pensamiento, van a apurar hasta el último momento. Alba dice que prefiere casarse con bombo que con un bebé.

—La culpa es de tu hermano por tardar tanto en pedírselo —bromea y mira su móvil cuando suena una notificación que, a juzgar por su cara, debe ser de César—. César ya ha entregado las llaves del piso y tiene todas las cosas en casa.

—Pensaba que habíais hecho la mudanza ayer.

—Sí, pero había un mueble que necesitábamos que Juanma desmontase y no ha podido ir hasta esta mañana.

—Vaya locura de navidades habéis tenido. Aunque es gracioso que haya habido tantas mudanzas y ninguna sea de Fer —bromeo—. Ya le vale a Mar. No me ha dicho nada estos días de que iba a vivir con Juanma.

—Se supone que van a compartir piso, pero solo se engañan a sí mismos.

—¿No me dijiste que la presentó en la comida de Navidad como su novia?

—Sí, por eso. Aunque lo que seguro que no dura es Cristo viviendo con Óscar, con lo maniático del orden que es mi hermano y lo desastroso que es el otro.

—¿Crees que tu primo y yo seremos compatibles? He visto su casa y a su lado la mía parece el caos absoluto —pregunto dudosa.

—No creo que haya dos personas más compatibles en el mundo —dice con una sonrisa—. Ahora que lo pienso, ¿crees que mi madre querrá una despedida de soltera? No creo que esté preparada para eso.

Seguimos hablando de la inminente boda de su madre con Paco, el mejor amigo de su padre.

Resulta que el pobre llevaba toda la vida enamorado de ella, tanto que ni se casó, así que cuando Juani se quedó viuda dejó pasar un tiempo prudencial para declararse y llevan juntos desde entonces.

El día de Navidad lo hicieron oficial y, al ver que sus hijos lo aceptaban sin más, le pidió matrimonio en ese momento y quieren casarse lo antes posible.

Cuando salimos del restaurante hacemos un par de compras más y volvemos a casa. He quedado con Adri para darle su regalo y él el mío. Estoy tentada de coger alguno de los modelos nuevos que llevo en el maletero, pero decido que prefiero esperar a fin de año. Total, no va de un día, ¿verdad?