29. Lucía
Lucía
Menos mal que para volver al hotel es todo cuesta abajo y Adri me ha prometido que cogeremos un taxi, porque tengo los pies destrozados.
Después de toda la mañana en la Alhambra, hemos ido a comer unos pinchos y a hacer el check in del hotel.
Cuando hemos dejado las cosas en nuestras habitaciones, una al lado de la otra, nos hemos ido a la calle de las teterías y nos hemos tomado un té con pastas antes de subir al mirador para contemplar el atardecer sobre la Alhambra. Simplemente espectacular.
Adri me tiene abrazada desde atrás con la barbilla apoyada en mi cabeza y su cuerpo pegado al mío.
Ahora que el sol ya se ha ido, cierro los ojos para disfrutar de la calidez que me aporta su abrazo antes de que me suelte para irnos a cenar y descansar.
Y eso hago hasta que unas manos pequeñitas en mi rodilla me traen de vuelta.
Bajo la vista hacia una niña rubia con dos coletas que se esconde entre nuestras piernas y miro a Adri, que sonríe con cariño.
Bajo para estar a su altura antes de hablarle:
—Hola, ¿buscas a alguien?
—No, me escondo. Estoy jugando al escondite. —Visualiza a la niña o niño que la busca, da un respingo seguido de una risa y se coge de los vaqueros de Adri para que no la vean. Lo observo desde abajo y se encoge de hombros mientras busca con la mirada a los otros integrantes del juego.
—Laura, dime que no estás jugando al escondite con mi hija en un lugar lleno de gente, por favor.
—La voz de una mujer notablemente cansada de repetir las mismas palabras una y otra vez nos llega en ese momento y me fijo en dos mujeres que están hablando cerca de nosotros, una morena y otra rubia, esta última con un bebé en la mochila de porteo.
Esperaba que la tal Laura fuera una niña más mayor, no una mujer.
—¡Venga, Row! La pobre ha aguantado todo el día visitando la ciudad, se merece jugar, joder.
—En un parque, no aquí. ¿Al menos sabes dónde está?
—Sí, entre las piernas de esa pareja —suelta riendo y nos señala con la barbilla. La otra mujer la reprende con la mirada y rueda los ojos—. ¡Ya voy!
Viene hacia nosotros, en un ángulo en que la niña no puede verla, y le da un susto por detrás, lo que provoca que la niña se ría a carcajadas. La coge en brazos y se van las dos riendo como si no hubiera pasado nada.
—Lo siento —nos dice la que parece la madre—. A veces es peor la tía que la niña.
—No pasa nada —le resto importancia y se despide con la mano para reunirse con más gente en una de las esquinas de la plaza.
—Acabo de tener una visión de cómo será el futuro con Aitana como tía de mis hijos —suelta Adri al poco, mirando como la niña corre alrededor del grupo de adultos, seguida por la misma mujer con la que jugaba—. Da miedo.
—Tu hermana adorará a sus sobrinos y lo sabes —digo empezando a andar para bajar a cenar. Me ofrece su brazo para que me coja.
—No digo que no, pero los va a consentir y dejar hacer lo que quieran.
—Para eso estamos las titas. Pienso malcriar a mi sobrina todo lo que pueda y más. ¿O tú no vas a hacer lo mismo con la hija de Marcos y Alba?
—Bueno, no sé si tu hermano me dejará acercarme —escupe enfadado—. Igual también le molesta que esté a menos de cinco metros de distancia.
—Lo siento, no quería sacar el tema.
—No, perdona —dice con una sonrisa—. Es que aún no hemos hablado y sigo enfadado. Pero no es el momento de hablar de tu hermano, he pensado un plan que te encantará para cenar.
—Y ¿me lo vas a contar?
—No, pero estoy seguro de que lo adorarás.
Y tanto que lo hago. Su plan ha sido coger un par de hamburguesas en el bar de al lado del hotel y subirlas a la habitación para comerlas viendo una película en pijama.
Ha puesto V de Vendetta y nos las hemos comido en una mesa de escritorio que tiene en su habitación.
Cuando hemos acabado, nos hemos sentado en la cama y me ha acurrucado contra su pecho lo que quedaba de peli.
Justo antes de acabar, me he quedado dormida.
—Buenos días, preciosa. —Noto una caricia en la mejilla y sonrío de forma automática—. Es hora de despertarse. —Doy un salto y me incorporo cuando me percato de que es la voz de Adri y recuerdo que me dormí en su cama.
—¡Me he quedado dormida! —Suelta una carcajada y niega con la cabeza mientras se levanta de la cama, donde estaba sentado—. No te rías.
—Has dormido casi once horas. Es gracioso que te despiertes como si acabaras de cerrar los ojos.
—¡¿Cuánto he dormido?! —exclamo—. Espera, ¿hemos dormido juntos?
—Sí. No pensaba irme a tu habitación a dormir sin preguntar —se burla y lo fulmino con la mirada—.
Estabas cansada y te dormiste, no pasa nada.
Pensé que igual te despertarías al moverte para tumbarte en la cama, pero solo soltaste un suspiro de estar en la gloria.
Me tumbé a tu lado y te imité. Lo que pasó después de eso es secreto de sumario.
—¡Oh, Dios mío! —Me tapo la cara con las manos, me estoy muriendo de vergüenza. La primera vez que duermo con Adri y ni siquiera me entero—. ¿Qué he hecho?
—Nada. —Se ríe y viene a darme un beso en la frente—. Solo me has abrazado. Si lo llego a saber antes, cojo solo una habitación para dormir. Da gusto que te mimen de noche.
—No te burles.
—No lo hago. Hablo en serio. —Me coge de la barbilla y me alza la cabeza para que lo mire—.
Me ha encantado dormir a tu lado, y estaré encantado de repetirlo siempre que quieras.
—Me da otro beso en la frente, más largo que el anterior.
Se dirige a la ventana para subir las persianas y un sol de justicia me deja ciega unos segundos.
Cuando vuelvo a ver, me fijo en que está duchado y vestido, y que hay comida en el escritorio. El estómago me ruge.
—Adri… —Empiezo la pregunta que me muero de miedo por hacer, pero creo que es necesaria después de sus palabras.
—Lo que tengas que decir, luego. He pedido que nos suban el desayuno y no quiero que se enfríe.
Sonrío, asiento y me dirijo al baño. Respiro hondo varias veces y valoro mis opciones: puedo darle vueltas al porqué está haciendo todo esto, preguntarle o simplemente disfrutarlo y ver a dónde nos lleva.
Después de varios minutos mirando las baldosas del baño, tomo una decisión: voy a disfrutarlo.
Quién sabe, quizá no sea tan descabellado pensar que un final feliz es posible.
Al salir, lo hago con la energía renovada y le regalo una sonrisa de oreja a oreja, que me devuelve.
Tiene preparada una taza de café, tal y como me gusta, y varias pastas que tienen una pinta increíble, así que me siento a su lado a desayunar.
Damos buena cuenta del desayuno y quedamos una hora después en el vestíbulo.
Este segundo día es más tranquilo y visitamos la ciudad sin prisas, incluso nos cruzamos de nuevo con la niña rubia que ayer se escondió en nuestras piernas.
Volvemos a subir al mirador para contemplar el atardecer abrazados y bajamos para recorrer las calles de noche con la iluminación navideña.
—Tengo una sorpresa para ti —suelto llegado el momento, poniéndome delante de él—. Y no, no pienso decirte lo que es, tendrás que fiarte de mí.
—¡Vaya! Esto sí que no lo esperaba —dice con una sonrisa, colocando un mechón de mi pelo detrás de la oreja y ajustando la bufanda para que quede bien cerrada—. Tú dirás, preciosa. Yo voy donde me digas.
Le cojo de la mano para guiarlo y entrelaza sus dedos con los míos.
Dos calles después, llegamos al restaurante en el que he reservado para cenar y que estaba número uno en varias webs especializadas.
Doy mi nombre para confirmar la reserva y nos llevan a una mesa al lado de la cristalera desde la que se puede contemplar la plaza a la que da el local y todas las luces navideñas.
Miro al interior, donde todas las mesas son de dos personas y la luz está bastante tenue.
—No esperaba que fuera tan romántico —tanteo. Sabía perfectamente cómo era por las fotos de internet, pero no sé si le habrá parecido bien o no.
—A mí me parece perfecto —contesta sonriendo.
En ese momento, toda la convicción que he tenido durante el día se rompe y estoy tentada a preguntarle por qué está haciendo todo esto.
Cuando voy a coger aire para hablar, llega el camarero para tomarnos nota.
En el fondo lo agradezco, nos queda un día más aquí y, depende de lo que responda, no sé si seré capaz de volver a mirarlo a la cara.
Recuerdo a mi abuela y sus palabras: «No hagas preguntas cuyas respuestas no estés dispuesta a asumir».