Serie Siempre: Colección completa 25. Adri
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25. Adri

Adri

¡Joder, estoy supercansado! Hoy han faltado tres para el partido, por lo que solo teníamos un cambio y nos ha tocado jugar casi todo el tiempo.

Encima hemos perdido. Aunque mi mal humor se debe más bien a la conversación en la cena de ayer con Lucía, cuando empezó a explicar todos los planes de sus compañeras de trabajo para buscarle un ligue.

Reconozco que no estaba preparado para tener esa charla con ella y me excusé después de cenar para no seguir hablando de eso.

También me contó que había intentado hablar con Marcos, pero habían acabado discutiendo de nuevo.

—Adri, ¿viene Lucía a cenar hoy? —me pregunta Cristo cuando llegamos al vestuario.

—No, tiene cena de navidad.

—¡Genial! —exclama—. Chicos, hoy toca fiesta, que Adri está libre.

—¿Lucía ya se ha cansado de ti? Joder, tío, qué poco te ha durado —bromea Alberto—. Tenía otro concepto de ti.

—¿Por qué? —sigue la coña César riendo—. Adri siempre ha sido un picaflor. Hoy le buscamos a otra y arreglado. Seguro que Lucía ya tiene a otro mejor que él.

—U otra.

—Os recuerdo que estáis hablando de mi hermana —interviene Marcos visiblemente enfadado.

—¿Qué pasa? ¿Que tu hermana no folla o qué? —le pregunta César negando con la cabeza—. Llega un momento en que debes dejar de ser su guardaespaldas.

—No puede —murmuro a Cristo, que asiente.

—Tú eres el primero que debería callarse —grita Marcos y empiezo a desnudarme ignorándolo, que se peleen solos—. Adri, estoy hablando contigo. Te advertí que no te acercases a mi hermana.

—Venga, Marcos, solo estamos bromeando —intenta apaciguar Cristo—. Adri y Lucía solo son amigos, todos lo sabemos.

—De todas formas, si follasen tampoco creo que fuera algo en lo que Marcos debiera meterse —comenta César mirando a Marcos.

—Claro que puedo, son mi hermana y mi mejor amigo.

—¿Lo soy? —pregunto cabreado encarándolo—. Porque lo único que he escuchado de ti en las últimas semanas ha sido la distancia de seguridad que debo mantener con tu hermana. ¿Qué tal todo con ella, por cierto?

—Va, chicos, dejadlo ya —corta Cristo colocándose entre los dos—. No son las formas ni el lugar para hablar de esto.

—Con Marcos últimamente no se puede hablar, solo discutir —suelto sin pensar.

—Si me hicieras caso, no tendría que andar como un policía detrás —murmura girándose para coger cosas de su mochila.

—¿Tan malo sería que me liase con tu hermana? —escupo dolido.

—Sí —contesta contundente mirándome a los ojos. No me lo puedo creer, ¿tan bajo concepto tiene de mí?

—Marcos, creo que será mejor que hoy te duches en tu casa —sentencia César serio y visiblemente enfadado.

—Sí, será lo mejor —dice metiendo las cosas en la mochila para colgársela al hombro y salir del vestuario. Un silencio sepulcral nos envuelve hasta que Cristo lo rompe.

—Pues si Adri se liase con mi hermana, yo me alegraría. Estoy hasta la polla del capullo de mi cuñado —comenta riendo y el momento tenso se esfuma.

No sé quién ha tenido la idea de venir a este local, pero se merece un sitio privilegiado en el infierno.

Entre la música de perreo, el suelo pegajoso y que está lleno de niñas de las cuales podría ser su padre, este sitio no hace más que empeorar.

César me dirige una mueca de desagrado cuando se va a apoyar en la barra y casi se moja entero.

Cristo y los demás se han ido a bailar, así que nos hemos quedado solos, aunque él no para de teclear en su móvil.

—Bueno, ya le he dado las buenas noches a Maite —me explica—, voy a guardar el móvil hasta que llegue a casa.

—¿Todo bien?

—Sí, pero estamos trabajando la confianza y hemos quedado en que hoy ya no le escribiré más. Cuando me vaya a dormir la avisaré.

—Me alegro por vosotros.

—Gracias —dice dándome una palmada en la espalda—. Sé que lo dices de corazón y te lo agradezco de verdad. Tus primos aún me tienen en periodo de prueba.

—Es su hermana pequeña y lo pasó muy mal, no pueden evitarlo.

—Lo sé y se están portando muy bien para cómo son.

Esperaba más hostilidad, la verdad. —Suspira y bebe de su copa mientras observa la pista de baile—.

¿Esa es Lucía? —pregunta señalando un grupo de chicas.

Cuando me fijo, una melena ondulada que conozco muy bien se mezcla entre ellas.

No puedo evitar la sonrisa que se forma en mi cara, la noche acaba de mejorar exponencialmente.

—Sí, creo que sí. —Disimulo, porque ser capaz de distinguirla entre la multitud con exactitud no hará más que avivar los rumores, por mucho que sea César quien esté a mi lado.

Observo el grupo que la acompaña, la mayoría mujeres, que no paran de arrastrarla y presentarle a cada persona con la que se cruzan—. Parece que se lo están pasando bien.

—No sé qué decirte, a mí me está dando miedo acercarme a saludar —bromea—. Puede que le quieran buscar un ligue, pero van con la red de arrastre.

—Sí, Lucía me explicó que las compañeras pensaban acabar la noche a lo grande. Mira, por ahí va mi primo al rescate.

Juanma se acerca a Lucía con una sonrisa de medio lado, con la clara intención de sacarla de ahí.

No es la primera vez que mi primo la ayuda a librarse de alguna situación incómoda; desde adolescentes han tenido un código secreto para llamar al otro y que apareciera para fingir que eran pareja.

Incluso hubo rumores de que lo eran, cosa que, cómo no, alteró a Marcos.

Ahora bien, cuando fue a pedirle explicaciones, Juanma le dejó claro que no pensaba dárselas.

Lo admiré por ello, ojalá yo tuviera sus agallas.

Cuando mi primo está justo delante de Lucía, se queda parado mirando a la persona que está detrás de ella, una chica morena con la misma expresión de sorpresa que él.

Lucía los mira extrañada e intenta hablar con ellos, pero la ignoran.

Otra chica, creo que la que me comentó que era su directora, la coge del brazo y se la lleva tres pasos más atrás.

Empiezan a bailar mientras se susurran cosas al oído y se ríen a carcajadas.

Poco a poco van acortando la distancia hasta que sus cuerpos se encajan y el baile se vuelve más pausado, más sensual, pese a la música estridente que nos envuelve, es como si nada ni nadie existiera más que ellas dos.

Ya no hay risas, solo movimientos sincronizados y caricias robadas de Lucía en la nuca de la chica.

Mi corazón se acelera y pierdo la sonrisa que tenía desde que la había visto.

—Creo que me voy ya, me estoy durmiendo.

—César me da una palmada en la espalda que me trae de vuelta a la realidad de dónde estoy: en un lateral de la barra, observado a Lucía sin que lo sepa.

Echa un ojo a la pista y suelta una carcajada—.

Juanma se va acompañado de una morenaza.

Mira que es rápido el cabrón; qué pena que luego le duren tan poco.

Lucía también parece que ha triunfado, ¿quieres que me quede y te ayudo a ligarte a una?

—Creo que soy capaz de ligar solo, gracias —bromeo para no decirle que la única con quien quiero hacerlo tiene otro plan—. Vete antes de que te vean Cristo y Alberto o no te dejarán irte.

—Gracias por cubrirme —dice saliendo disparado hacia la salida. Debería irme con él, pero soy incapaz de moverme.

Vuelvo la vista hacia la persona con quien realmente quiero irme y la veo susurrarle algo a la chica con la que está bailando, que asiente.

La coge de la mano con una sonrisa tierna y se dirigen a la salida medio abrazadas.

Lucía no para de acariciarle la cara y mirarla con cariño.

Supongo que donde hubo fuego siempre quedan rescoldos.

Pasa por delante de mí, pero no me ve, centrada como está en su acompañante.

El corazón se me rompe en el momento en que las pierdo de vista.

Sabía que esto podía pasar, pero hubiera preferido no verlo. No tendría que haber venido.