23. Lucía
Lucía
¡Por fin se ha acabado el entrenamiento!
La idea de traer a Adri era buena sobre el papel, pero ha sido un completo desastre.
Nos han ignorado totalmente a Alba y a mí, solo le hacían caso a él.
Me acerca una botella de agua y se queda mirando el mismo punto que yo: la puerta de los vestuarios por donde se han ido las niñas y Alba.
—¿Y bien? —pregunto mirándolo de reojo y una sonrisa aparece en su boca, pero no contesta—. Oh, no me lo puedo creer. ¡Estás encantado!
—Reconozco que sube la autoestima que un montón de féminas te hagan caso y suelten risitas cuando te giras.
—Podrías ser su padre.
—Y a la mierda la autoestima —bromea girándose para mirarme—. ¿Tomamos algo en el bar hasta tu entrenamiento?
—¡Claro! —contesto y empiezo a andar—. He quedado allí con Alba, venía mi hermano a buscarla.
—Ha salido corriendo, ¿llamo al servicio de limpieza para que pasen por el baño?
—No lo sé, espero que haya llegado a tiempo. Uno de los chavales que están entrenando ahora parece que se ha pasado con la colonia.
—¡Joder! Me sabe fatal que se encuentre tan mal, no está disfrutando nada el embarazo.
—Lo sé, se me están quitando las ganas de ser madre. Qué pena que mi instinto maternal piense otra cosa.
—¿Te lo has planteado alguna vez en serio? —pregunta cuando nos sentamos en una mesa libre después de coger un par de refrescos—. Quiero decir, no un «quiero ser madre algún día», sino un «voy a ser madre».
—No. Siempre he usado la excusa de estar lejos de casa —admito bebiendo un trago—.
Pero la verdad es que nunca me lo he planteado en serio.
Ninguna de mis parejas anteriores me parecía apropiada; o puede que fuera yo, que nunca las vi como personas con las que iba a durar muchos años, sino más bien personas de paso en mi vida.
—Joder, lo siento.
—No pasa nada —digo con una sonrisa para quitarle la preocupación—.
He sido feliz con ellas, pero no he tenido ese sentimiento de pertenencia que veo en mi hermano y que dice «voy a luchar por estar con esta persona toda la vida».
Más bien era un «eres una parada en mi camino de la vida y cuando me toque ir al siguiente punto, te recordaré con cariño, pero no lloraré tu ausencia».
—Me sorprendo incluso yo misma de mis palabras—.
Vaya, es la primera vez que lo digo en voz alta y creo que suena superfrío.
—Entiendo lo que dices, lo he vivido. No con Jessica, con ella sí me planteé tener hijos, aunque menos mal que solo fue un pensamiento, sino con otras parejas. Sabes que se acabará, pero vives igualmente el romance como se debe hacer, solo que conoces el final y lo asumes.
—¡Exacto! No es que las quisiera menos ni nada, es solo que…
—No eran la persona adecuada —continúa por mí y nos quedamos mirándonos. Con Adri sí me plantearía tener hijos y una vida entera a su lado.
—¡Hola! —saluda Marcos cogiendo una silla y sentándose entre nosotros, lo que nos obliga a movernos— ¿De qué habláis?
—De tener hijos —suelta Adri molesto.
—¿Entre vosotros? —pregunta Marcos visiblemente enfadado.
—Sí, claro —ironizo—. Ahora mismo nos íbamos a poner. ¿A que sí, Adri? Venga, bájate los pantalones que nos toca ya. —Niego con la cabeza—. Eres tonto, Marcos.
—Quién sabe, últimamente pasáis mucho tiempo juntos. —Se cruza de brazos y nos mira esperando una explicación. Alucino.
—También quedo con Maite y no me preguntas si me la voy a tirar.
Mañana he quedado con sus hermanos, ¿también vas a venir a supervisar?
Adri, cuidado cuando hables con alguna madre o socia, que mi hermano os monta la boda.
¿Quieres venir a la cena de navidad del sábado por si ligo?
—Marcos niega con la cabeza, molesto con mi enfado, pero no dice nada.
—Me voy al despacho, tengo cosas que hacer —se excusa Adri poniéndose de pie y me mira—. ¿Nos vemos luego?
—No lo sé. —Me giro para mirar a mi hermano y me cruzo de brazos—. ¿Podemos vernos luego, Marcos?
Adri se va sin esperar respuesta por ninguna de las dos partes y giro la cabeza para no mirar a mi hermano, que se queda sentado y callado a mi lado. Cuando llega Alba nos encuentra así.
—¿Qué has hecho, Marcos?
—Nada, solo he hecho una pregunta y aquí la niña se ha cabreado. —Resoplo por el apodo y porque encima no ve el problema—. Estaba con Adri y he sacado el tema de que últimamente quedan mucho.
—A ver, Lucía, tienes que reconocer que tiene razón —lo respalda Alba—. Pasáis todo el fin de semana juntos, vienes a las cenas de equipo, te lleva a casa después del entrenamiento… Da que pensar.
—No sabía que me espiabais —escupo molesta—. Lo tendré en cuenta cada vez que salga de casa.
—No hace falta ser muy avispado para darse cuenta —me recrimina Alba—. Y ya me explicarás qué pintaba hoy Adri en nuestro entrenamiento cuando nunca lo ha hecho con ningún equipo.
—¿Te ha molestado que viniera? —pregunto confusa.
—No, pero hubiera estado bien que me avisaras al menos.
—Lo siento, pensé que no te importaría.
—Y no me importa, igual que a nadie le molesta que vengas a las cenas de equipo, pero es normal que tengamos preguntas.
—Pues yo tengo otra pregunta para vosotros antes de responder a la vuestra.
—Marcos me mira extrañado y Alba cabecea para que la haga—.
¿Qué habéis hecho desde que volví para que fuera más fácil la adaptación a mi nueva vida?
Yo os doy la respuesta: nada. Y no tiene importancia, lo entiendo —interrumpo a Marcos, que iba a contestar—.
Estáis organizando la boda y el embarazo está siendo una mierda.
Además, soy adulta y me valgo por mí misma; no es la primera vez que tengo que adaptarme a un sitio nuevo.
Sin embargo, Adri ha estado ahí, llevándome a los sitios a los que quería volver, sacándome de casa, llevándome a cenar con más gente y, en definitiva, ayudándome a estar a gusto de nuevo aquí sin tener que refugiarme en la familia.
Así que sí, estoy pasando mucho tiempo con él y más que pienso pasar.
Y si eso te enfada, Marcos, ya tienes dos trabajos.
Con el mismo ímpetu con el que he hablado, cojo mis cosas y me voy para dentro del pabellón.
Aún queda un buen rato para mi entrenamiento, pero no quería seguir discutiendo con ellos.
Entiendo que tienen su vida, pero igual que yo lo hago, ellos deberían saber que yo tengo la mía y que si quieren formar parte de ella están más que invitados, pero no para criticar ni cuestionar, sino para acompañar.
Si no saben respetar eso, no los quiero a mi lado.
Menos mal que Adri sí que ha estado ahí todo este tiempo o me hubiera asfixiado con Marcos cerca.