22. Lucía
Lucía
Este lunes me está costando más de lo habitual.
Hemos tenido follón a la hora del recreo y hemos tenido que correr para apagar varios fuegos.
Además, nos han fallado dos profesoras de infantil y tres de primaria, así que todo el mundo iba como pollo sin cabeza cubriendo huecos.
Incluso me han robado a Mar un par de horas.
Me apoyo en la mesa de la sala de profesoras a esperar la reunión del claustro.
Quien decidiera que el lunes era un buen día para hacer este tipo de reuniones era una persona muy cruel.
—Menudo día, ¿no? —dice Sabrina, dejándose caer en la silla a mi lado—. Mañana me voy a poner enferma yo también.
—Ni se te ocurra —la amenazo y la señalo con el dedo—. Tú estarás aquí conmigo hasta que se hunda el barco.
—Lucía, cariño, si el barco tan solo hiciera un aspaviento, yo saldría corriendo como las ratas. No estoy hecha para trabajar.
—Yo tampoco —interrumpe Feli, que se sienta al lado de Sabrina—. Nací para ser rica, pero me quedé pobre. A ver si me toca la lotería y me largo a recorrer el mundo.
—La lotería es el impuesto de los que no saben de estadística —suelta Mar cogiendo una silla y moviéndola para cerrar el pequeño corrillo que siempre acabamos formando, igual que el resto de maestras, para que nadie nos oiga cotillear—. Es lo que siempre dice mi padre. Es profesor de matemáticas.
—Entonces no me haré rica nunca —dramatiza Feli riendo—. ¿Qué tal el finde?
—Me llevé a los niños a Sierra Nevada —explica Sabrina—, a que corrieran y se cansaran, pero la única que acabó derrotada fui yo. No sé de dónde sacan tanta energía.
—Mi teoría es que absorben la de los padres —bromea Mar—. Además, son de carga rápida, con cinco minutos de descanso vuelven a tener los niveles máximos.
—No solo la de los padres, la de todos a su alrededor.
No sé vosotras, pero yo hoy estoy muerta —comenta Feli—.
Y eso que este fin de semana ha sido tranquilo: fuimos al museo arqueológico el sábado y, el resto del tiempo, libro y manta.
Y hablando de planes, ¿qué tal tu cita del sábado, Mar? Tenías buenas sensaciones el viernes.
—Fatal. La peor cita de mi vida. —Una sonrisa se le escapa de la cara y la miramos extrañada—. Pero la noche acabó bien. Más que bien.
—A mí esas cosas no me pasan —se queja Sabrina—. ¿Y tú qué, Lucía? ¿Has hecho algo especial o has seguido tu rutina de viernes cena con Adri, sábado con el equipo, cena y copas, y domingo con tus padres?
—Madre mía, ¡es verdad! Siempre haces lo mismo, corazón —comenta Feli con pena—. Eres muy joven para esa rutina, por mucho que haya un chico guapo de por medio.
—Mejoraría enormemente si te lo tirases —añade Mar con una sonrisa pícara—. Todo mejora con sexo.
—Discrepo —interrumpe Sabrina—. Una cita mediocre no mejora con el sexo; lo que obtienes es más mediocridad.
—Igual, si la cita es mala, no debería acabar en sexo. Así, como idea —se mofa Mar.
—Eso lo puedes hacer tú, porque tienes todo el tiempo del mundo. A mí se me acaba.
—Hay vida después de los cuarenta, Sabrina. —Feli la amonesta con la mirada.
—Discrepo.
—Hoy es el día de discrepar —me burlo.
—Entonces, Lucía, ¿hubo sexo o no? —pregunta Mar—. Que nos hemos desviado del tema.
—No.
—Este sábado le buscamos un chico a Lucía que le quite las telarañas —promete Sabrina—. Y si tiene un hermano o amigo, para mí.
—O una chica. —Mar me guiña el ojo y Sabrina asiente.
—Y ¿tú no quieres ninguno para ti, Mar? —pregunta Feli.
—Le pediré uno a Papá Noel o a los Reyes Magos.
—Pero ¿uno concreto o uno cualquiera? —la pico y se sonroja mientras una sonrisa aparece en su rostro.
—O puedes quedar con tu cita desastrosa que acabó «más que bien» —la incita Sabrina, ajena a la reacción de Mar, que hace una mueca—. ¿Qué pasa?
—Nada, es que no creo que lo vuelva a ver —elude la respuesta Mar.
—¿Por qué? —insiste Feli—. Acabó «más que bien», yo lo veo un motivo para repetir. No tienes que casarte con él.
—Es que no sé cómo se llama ni tengo forma de localizarlo —admite y Sabrina suelta una carcajada que llama la atención del resto de la sala.
—Me encanta, yo de mayor quiero ser como tú.
—¿Empezamos la reunión? —La jefa de estudios interrumpe todas las conversaciones y el habitual ruido de las sillas nos trae de vuelta al trabajo—.
Recordad que este sábado es la cena de navidad.
Cada uno paga lo suyo, así que no es obligatorio, pero a quien no venga le haremos el vacío contando mil anécdotas la semana que viene.
Avisadas estáis. Siguiente orden del día: navidad.
Seguimos la reunión un par de horas más y planificamos todo el mes de diciembre, incluida una actuación de los peques. Cuando salimos, lo único que quiero es tumbarme en mi cama hasta mañana. Mar me intercepta y andamos juntas durante una calle hasta que se decide a hablar.
—Tú conoces mucha gente aquí, ¿verdad? —Mar es de Guadix y lleva un par de años viviendo aquí. Antes de eso, estaba en Huelva.
—Supongo que sí, ¿quieres localizar al chico del sábado? —pregunto con una sonrisa ladeada y elude mi mirada, avergonzada.
—Sí, bueno, no lo sé. Puede. Es una posibilidad —admite indecisa—. Tenía un Saxo blanco un poco antiguo y he pensado que podrías conocerlo.
—¿Un Saxo blanco? Ahora mismo no me suena, pero es que nunca me he quedado con los coches de la gente. Preguntaré a Maite, entre ella y sus hermanos se conocen a toda la provincia.
—Gracias. —Me da un beso en la mejilla—. Por cierto, ¿sabes de alguien que pueda arreglarme una puerta? No cierra bien y paso de que mi compañera de piso me vea el culo cada vez que me cambio.
—Sí, claro. La empresa de Maite y sus hermanos hacen todo tipo de reformas, incluida la carpintería. Lo que no sé es si tienen disponibilidad. Le pido el número de la oficina y te lo paso.
—Perfecto, nos vemos mañana.
Cuando llego a casa, dejo todo tirado camino a la habitación, donde me pongo el pijama y me tumbo. No tengo ni ganas de cenar de lo cansada que estoy. Le escribo a Maite para preguntarle por las dos cosas que me ha dicho Mar y aprovecho para hablar con Adri mientras espero.
Lucía
¿Puede ser viernes ya, por favor?
Adri
¿Un día duro?
Lucía
Eso es quedarse corto
Adri
Tus niños son un amor, te quejas de vicio
Lucía
Puedes venir cuando quieras a sustituirme
Adri
Me adorarían
Y lo sabes
Lucía
Lo peor es que sé que es verdad
Adri
¿Nos vemos mañana?
Lucía
Sí. Alba me dijo ayer que lleva unos días encontrándose mejor, así que al menos no me dejará sola con las fieras
Adri
Las tienes dominadas, se nota que te adoran
Lucía
Se portan bien cuando apareces porque eres guapo
Me extraña que no escuches sus chillidos de emoción cuando te ven
Adri
Tienen diez años
¿Ya están así?
Lucía
Sí. Cada día que estoy con ellas doy gracias por haber estudiado solo infantil
Adri
Exagerada
Lucía
Ven mañana a ayudarme con algo del entrenamiento y te lo demuestro
Adri
Reto aceptado
Mensaje de Maite
Maite
Holiiii, pues el único Saxo blanco que conozco es el de mi padre, así que espero que no sea él
Preguntaré por ahí, igual el chico no es de Baza
Te paso una foto de la tarjeta y que nos llame. Si es poca cosa igual puede acercarse Juanma solo y es más fácil hacerle un hueco
Pero solo por ser tu compi ;)
Foto
¿Cómo tienes el finde? ¿Nos vemos el sábado?
Lucía
Tengo cena de navidad
Maite
Oh, ¡qué pena! Pero está bien que por un día no salgas con mi primo
Igual encuentras a alguien que te dé un buen meneo
Lucía
Sabrina y Mar me han dicho que me van a buscar a alguien
No sé si me apetece
Maite
Follar es necesario, amiga
Nadie dice que tengas que casarte con esa persona
Además, si no vas a mover ficha con Adri, no puedes quedarte esperando sin hacer nada
Lucía
¿Puedes creer que me da pereza?
Maite
¡Claro! Pero solo tienes que entrar en la rueda
Llevas desde que llegaste en una rutina cómoda
Ahora toca salir de ella
Lucía
Me gustan las rutinas
Maite
Eres como tus niños
Una nueva rutina puede ser follar los sábados, piénsalo
Estoy segura de que tu humor mejorará enormemente
Lucía
¡Oye!
Maite
Te dejo, que César quiere mejorar mi humor ;)
Que descanses
Lucía
Buenas noches
Le reenvío la tarjeta a Mar, que me lo agradece al momento, y decido concluir el día de hoy.
Le deseo buenas noches a Adri y dejo el móvil cargando en la mesita.
Pese a lo cansada que estoy, me cuesta un rato relajarme y quedarme dormida.
Cuando entro en un estado de duermevela, un sueño me invade: estoy en La Pérgola y un chico está hablando conmigo.
De repente me besa y, cuando se separa, Adri, que nos observa desde el fondo, me hace un gesto de aprobación.
Me despierto de golpe y miro el móvil para comprobar que solo han pasado tres horas desde que lo dejé.
Yo no quiero gestos de aprobación de Adri, quiero que sea el chico que me besa. Qué pena que eso nunca vaya a suceder.