21. Adri
Adri
Todo el mundo nos está mirando por culpa de Fer y Juanma.
Mira que son ruidosos. Y eso que el segundo está más callado de lo habitual y solo se ríe.
El problema es que cuando lo hace, se entera el restaurante entero.
Mi primo Fer está explicando que anoche, cuando todo se calmó y volvió a casa, se dio cuenta de que había salido con las pantuflas, el pijama y la chaqueta de cuero, además de un martillo en cada mano.
Justo en ese momento salió la vecina a tirar la basura y a la pobre mujer casi le da un ataque.
—Esta mañana he ido a disculparme otra vez y no me ha abierto la puerta —se queja Fer con una mueca. Puede que sea un bruto y un poco inconsciente, pero es un trozo de pan—. Le he pedido a mi madre que le haga un bizcocho de calabaza, a ver si con eso se le quita el susto.
—Le podrías haber dicho que venías de una fiesta de Halloween tardía —se burla Óscar.
—Tardó un rato en saber que era yo y reaccionar. No creo que explicarle el porqué hubiera servido de nada.
—Siempre puedes mudarte —propone Maite, y Fer la fulmina con la mirada.
—No me mudo más hasta que tenga, por lo menos, ochenta años y no me aguante los peos.
—¡Se abre la veda, apuestas a cinco euros! —exclama Maite, ilusionada como una niña—. ¿Cuánto creéis que tardará Fer en mudarse?
—¡Que no pienso mudarme!
—Dos meses —dice Óscar poniendo un billete sobre la mesa—. Y más teniendo en cuenta que la pobre mujer a la que asustó ayer es su casera.
—Yo digo seis meses —aporta Juanma abriendo la cartera y dejando caer varias monedas a la mesa—. El tiempo que tardará la buena mujer en quitarse el susto y atreverse a echarlo.
—Nueve meses. —Maite saca un monedero del tamaño de una tarjeta y empieza a guardar el dinero, como si fuera algo habitual entre ellos—. Es un zalamero y se camelará a la mujer, pero se aburrirá de los muebles.
—O del grifo del baño —dice Óscar.
—O de las vistas a la nada desde la ventana —añade Juanma—. Recordemos que la última vez se mudó porque los buzones estaban torcidos.
—Ojalá supieras arreglarlo —comenta Aitana riendo—. ¿Cuántas veces te has mudado ya?
—Van siete en seis años —responde Maite—. El de la inmobiliaria tiembla cuando lo ve entrar.
—Vosotros no lo entendéis —se queja Fer—. Juanma, explicáselo.
—A mí no me metas. Te he dicho mil veces que te compres una casa y la reformes a tu gusto cuando lo necesites. Si no lo haces es porque no quieres.
—Claro, porque tú vas al banco a pedir una hipoteca, solo y siendo autónomo, y te abren todas las puertas —ironiza Fer con un resoplido—. Por cierto, ¿se puede saber qué te pasa? Llevas toda la comida muy callado y de mal humor.
—Estoy cansado, he dormido poco —contesta Juanma de forma enigmática y eso llama la atención de sus hermanos.
—Entonces, la cita de ayer fue bien —afirma Óscar con una sonrisa ladeada.
—Nuestro hermanito suele ser muy eficiente, si ha dormido poco es que fue más que bien —comenta Maite con la misma sonrisa que su hermano.
—O más que mal y, por su humor, creo que es lo que pasó —añade Fer para picarle.
—Vete a la mierda —escupe Juanma enfadado y los tres hermanos cambian la expresión a una más seria.
—¿Qué pasó?
—¿Estás bien?
—¿A quién hay que matar?
—La noche fue bien, más que bien —contesta Juanma con cara de resignación—. Lo que pasó es que soy gilipollas, ¿vale? No quiero hablar del tema.
Maite agarra la mano de su hermano y la aprieta mientras le regala una sonrisa, a la vez que Fer le da una palmada en la espalda.
Óscar le guiña el ojo y, así, sin más, los hermanos dejan de hacerle preguntas o presionar.
Siempre me ha encantado el nivel de compenetración que tienen los cuatro, pese a que la mayoría del tiempo estén discutiendo o picándose entre ellos.
—Bueno, solo nos queda por saber una cosa de la noche de ayer —dice Maite llamando la atención de todos—. Bueno, quizá dos, pero ahora mismo hay una que me interesa más que otra: ¿qué tal la noche con Lucía, Adri?
—¿Has pasado la noche con Lucía? —pregunta Óscar.
—¿Te la estás tirando, primo? Marcos te va a matar. —La cara de pánico de Juanma sería graciosa si no estuvieran todos pendientes de mí y mi respuesta.
—No es nuestra hermana, pero como si lo fuera. Si le haces daño, me va a dar igual que seas mi primo, usaré la pistola de clavos con tus pelotas —añade Fer señalándome con el dedo.
—¿Tú cómo sabes que han pasado la noche juntos? —curiosea Aitana, salvándome de contestar.
—Lucía me avisó anoche y mentí en el grupo —contesta mi prima sin despeinarse—. Si digo que Adri está en casa de Lucía, Marcos hubiera tirado la puerta abajo.
—Y me hubiera llamado a mí para arreglarla —dice Juanma—. No tienes visión de negocio, hermanita.
—Adri, ¿estás con Lucía? —Óscar me mira esperando una respuesta, así que niego con la cabeza—. Lástima, creo que haríais muy buena pareja.
—No tienes que estar con alguien para tirártela —aporta Fer alzando las cejas.
—No me la estoy tirando. Solo somos amigos. He pasado la noche en su casa porque necesitaba cambiar de aires.
—Entonces, menos mal que estaba sola, porque si no, menudo corte de rollo —se mofa Fer y el corazón me da un pinchazo.
—Quiero pensar que si hubiera estado con alguien no le hubiera abierto la puerta —sigue con la conversación Óscar, ajeno a mi malestar—. ¿Te imaginas que te abre en picardías?
—O con las esposas colgando de una de sus muñecas. —La sonrisa ladeada de Juanma me indica que está imaginándolo.
—Le estoy intentando montar una cita con una de las chicas que va conmigo a yoga y que es muy flexible —comenta Maite y un nudo se instala en mi estómago—. Esperemos que a la gilipollas de tu ex no le dé por volver justo ese día de nuevo.
—Bueno, son amigos, Adri lo entendería. Además, podría venir a cualquiera de nuestras casas, ¿verdad, Adri?
—pregunta Aitana con un deje de recochineo en el tono—.
Qué más da un amigo que otro, lo de Lucía fue porque le pillaba de paso.
—Asiento, incapaz de hablar al imaginar a Lucía con otra persona.
Sé que es algo que puede pasar, pero no quiero pensar en ello.
La conversación se desvía a qué hizo Aitana después de ir al pabellón y desconecto hasta que ya estamos fuera después de haber pagado.
Todos tenemos ganas de ir a casa a descansar, así que nos encaminamos hacia los coches, Aitana se sube al mío y la acerco a casa con el sonido de la radio de fondo.
Cuando paro para que se baje, se gira para encararme.
—Sé que te han dolido las palabras de Maite, pero tienes que plantearte que si solo sois amigos, tarde o temprano Lucía puede tener una cita o conocer a alguien y empezar algo con esa persona.
Con esto no quiero decir que tengas que cambiar ni ir a por ella ni nada si no es lo que quieres, pero piensa qué vas a hacer en ese caso, porque pasará y no quiero que te hagan daño.
—Me da un beso antes de bajarse del coche y dejarme con ese pensamiento en la cabeza.
Sé que es una posibilidad, siempre lo he sabido, aunque no lo haya querido pensar.
Si Lucía es feliz con otra persona, no me queda otra que asumirlo, porque por encima de todo lo que quiero es que ella tenga la vida que desea, aunque eso me rompa el corazón por no poder tener la vida que yo quiero a su lado.