10. Lucía
Lucía
¡Por fin he subido al Calar Alto! Claro que no imaginaba que iba a hacerlo con Adri, ni que me iba a importar un pimiento perderme el precioso anochecer porque sus manos me estaban rodeando la cintura mientras me tenía sentada en su regazo.
Si me preguntas, la mejor puesta de sol de mi vida.
Aunque creo que la guinda perfecta del momento ha sido cuando hemos parado, hemos mirado el horizonte y, con su cara pegada a la mía, ha susurrado que habría que volver otro día.
Me hubiera quedado ahí mismo a esperar otro anochecer si me lo hubiera propuesto.
En el momento en que las curvas se acaban, la misma canción del otro día empieza a sonar y Adri sube el volumen antes de que lo haga yo. Justo acaba cuando hemos aparcado en el restaurante.
—Me gusta esta canción —admito una vez bajamos del coche.
—Es una de mis favoritas —confiesa en voz baja y pone su mano en mi espalda para instarme a andar—. ¿Tienes hambre?
—La verdad es que sí. —Sonrío, pero freno en seco cuando una idea me viene a la mente y necesito preguntar—: ¿Has montado todo esto porque te lo ha pedido Marcos? Como él no está, ¿vienes a vigilarme?
—He montado todo esto precisamente porque él no está. —Bufa enfadado—. Así no tengo que aguantar reproches porque vaya a cenar contigo.
—Vale, perdona, yo…
—No te disculpes, tu hermano es idiota. Ya le he dicho que te deje en paz, y Alba también. Algún día entenderá que has crecido.
—Creo que mis padres también lo han obligado a vigilarme —suelto con un suspiro de resignación cuando nos sentamos.
—Que estén preocupados es normal, Lucía —dice con un deje de comprensión que a mí me cuesta encontrar a veces—. Tu adolescencia fue dura para todos, por mucho que ellos te aceptasen y te quisieran como eres, el resto fue cruel contigo. Y, al final, solo queremos proteger a los que más queremos.
—Asfixiar a alguien hasta que no puede respirar no es proteger, Adri.
—Marcos lo pasó muy mal porque él estaba en la universidad y tú aquí sola, creo que intenta compensar ese tiempo. Habla con él, seguro que lo entenderá. —Asiento y, cuando nos sirven las bebidas, cambia de tema—: Por cierto, ¿tú sabes por qué han ido a El Puerto de Santa María?
—Yo sé que deberíamos tener los móviles encima de la mesa por si vienen noticias —admito de forma enigmática y se sorprende de que sepa algo, lo que hace que yo también sospeche—. ¿Qué sabes?
—Lo que me ha contado tu hermano. ¿Qué sabes tú?
—Lo que me ha contado Alba. —Suelta una carcajada que resuena por todo el local y le doy una patada por debajo de la mesa para que se tranquilice, pero solo hace que se ría más fuerte.
—Tanto tiempo con el anillo comprado y, al final, Alba se lo va a pedir antes —se burla y abro los ojos de par en par. No pensé que mi hermano fuera a pedírselo, siempre dice que pasa de casarse—. ¿Alba no le va a pedir matrimonio?
—No —confieso y se acerca para que siga contándole, así que pego mi boca a su oído y suelto la bomba que llevo días aguantando—. Está embarazada.
—¿Vamos a ser titos? —pregunta ilusionado, con los ojos brillantes. Asiento—. Marcos va a ser el hombre más feliz del mundo. Ahora, como Alba se lo diga antes que él, es capaz de olvidarse de pedirle que se casen.
—Lo sé —sigo con la broma y doy palmas silenciosas de emoción—. Estoy muy contenta por ellos.
—Yo también —admite y los dos nos perdemos en nuestros pensamientos.
Soy muy feliz por mi hermano y mi cuñada, llevan toda la vida juntos y este es el siguiente paso que los dos querían dar, aun así, me muero de envidia cada vez que los veo.
He tenido parejas, pero ninguna me ha complementado como veo que ellos sí lo hacen, simplemente han sido acompañantes de los que me he cansado con el tiempo.
Miro a Adri, que también está abstraído, y pienso en qué hubiera pasado si me hubiera atrevido a lanzarme en algún momento.
Supongo que nada, me hubiera rechazado y ahora sería incapaz de estar cerca de él por la vergüenza.
Prefiero que sea así, al menos ahora somos amigos y podemos ir a cenar por ahí, incluso a hacernos selfis, en lugar de ver el anochecer.
Noto su mano sobre la mía y un pequeño apretón me trae de vuelta.
Justo en ese momento los platos empiezan a llegar y empezamos a cenar con una conversación animada sobre su trabajo.
En el postre nos llegan mensajes con las noticias —las dos, por suerte— y felicitamos a la pareja mientras comentamos lo contentos que están en la foto que han enviado desde la playa.
Me deja en casa y se despide rápido, alegando que tiene que madrugar mañana para ejercer de presi .
Cuando me meto en la cama, reviso las fotos del móvil y una sonrisa tonta se instaura en mi cara mientras las miro una y otra vez.
Decido que si esta va a ser nuestra dinámica, hablar por WhatsApp debería ser algo habitual entre nosotros y abro, por enésima vez esta semana, su chat; esta vez tengo la excusa perfecta para hablarle.
Le envío todas las fotos, incluida la que parece que nuestra madre nos haya obligado a hacer en contra de nuestra voluntad, y un minuto después recibo su respuesta:
Adri
Gracias
Lucía
Un placer
Adri
Por cierto, puesto que he pagado yo la cena y ahora me debes dos: ¿a dónde te apetece ir el viernes que viene?
Lucía
¡Eso es trampa! Has pagado cuando estaba en el baño, lo has hecho a traición
Adri
Entonces, hazme un bizum del importe y no volvemos a quedar
Lucía
Pensaré un sitio para el viernes
Adri
Estoy deseando que llegue… para que pagues, claro
O me arruinaré y tendré que sacar dinero del club
Lucía
¿Vendrás a buscarme al salir del trabajo?
Adri
Solo si quieres
Lucía
Me gusta que vengas
Adri
Entonces, allí estaré
Lucía
Hasta el viernes
Adri
Hasta el viernes
Que descanses
Lucía
Igualmente
Buenas noches
Adri
Buenas noches
Sueña bonito
«Entonces, soñaré contigo», me abstengo de contestar. Me muero de ganas de que así sea.