Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 50
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Capítulo 50

Después del funeral, Erik y Jerónimo regresaron a casa, se cambiaron de ropa y salieron a pasear con Sherlock antes de cenar.

No era la primera vez que caminaban juntos por aquel sendero.

Sin embargo, sí era la primera vez que Jerónimo caminaba todo el trayecto con los hombros encorvados y la mirada clavada en el barro, sin pronunciar una sola palabra.

Las nubes bajas parecían colgar del cielo como pensamientos que no terminaban de despejarse.

El aire olía a frio y lluvia contenida. A su izquierda, los campos dibujaban surcos perfectos en la tierra húmeda.

A su derecha, un seto de espinos los separaba del mundo.

Más allá, solo se escuchaba el rumor de una carretera lejana.

El barro se les pegaba a las suelas y cada paso dejaba huella.

Sherlock corría de un lado a otro, husmeando con energía, ajena al silencio denso que arrastraban sus dueños.

—¿Estás bien? —preguntó Erik, finalmente.

Él asintió con la cabeza. Una vez. Luego otra. Pero no dijo nada.

—¿Quieres hablar de ello? —insistió Erik, acercándose más.

Jerónimo se detuvo y contempló el horizonte. Al final del campo había una fila de robles marcaba el límite de la propiedad.

—Creo que hemos hablado en estos días de lo que nunca te dije en todos estos años. No hay nada más que tú no sepas ya.

Erik le acarició la mano.

—Lo sé.

Jerónimo respiró hondo, levantó la vista al cielo y luego a la persona que amaba:

—¿La boda sigue en pie?

—Eso es lo que acordamos, ¿no? Vamos a dejar que pasen unas semanas y ya formalizamos los papeles. ¿O estoy yendo muy rápido?

—No. —Apretó con más fuerza la mano de Erik—.

Sé que a Christian le habría hecho mucha ilusión.

Nunca habrá un momento perfecto. Así es la vida, ¿no?

Mañana pedimos cita en el ayuntamiento para dar el preaviso.

En unas semanas, cuando nos den la fecha, avisamos a la familia. ¿Te parece bien el plan?

—Señor de Vinterberg, me parece estupendo —dijo Erik con tono burlón.

—Oh, no, no, no… —imitó Jerónimo el tono de Erik—. Me quedo con mi apellido español.

—Eso ya lo veremos.

El beso que compartieron tuvo el calor de la pasión, pero también la calma de quien confía. Un roce de labios que aflojó la tensión de sus hombros y, por un instante, hizo que Jerónimo olvidara el peso en el pecho.

Sherlock se subió a la pierna de Erik, moviendo la cola como si también quisiera ser parte del abrazo.

—Vaya. Parece que tiene celos —dijo Erik, sonriendo.

Jerónimo miró hacia los campos y pensó que hay momentos que marcan un antes y un después, pero también hay otros que sanan el después y reconcilian el antes.

Que la vida y la muerte no solo se dan la mano; a veces se confunden.

Que no todo error es irreparable. Y que el pasado, por más que duela, también puede dejar de doler.

Lo que no sabía, al menos hasta hoy, era que seguir adelante no siempre significa olvidar…

a veces significa recordar con menos miedo.